Sin solución

La columna de Eduardo Por
Los argentinos sufrimos del síndrome de Estocolmo, siempre volvemos a nuestro violador y suponemos que nos va a salvar.

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Posdata Digital Press | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero Civil 


En la década del ’80, en una convención que se hizo en nuestro país de la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción se trató como tema preocupante lo que estaba sucediendo en muchos países latino americanos por ese entonces que ya tornaba complicada la obra pública, que era el tema de la corrupción y la exigencia de favores para acceder a un contrato.

Se echaban culpas por igual a los funcionarios como a los empresarios diciendo que ambos eran parte del mismo negocio, hecho que no es lejano a la realidad. Pero fue entonces cuando el empresario colombiano Carlos A. Ball, en su discurso expresó el siguiente concepto: “Frecuentemente oímos decir que es tan culpable el que paga como el que recibe la comisión, pero no se les ocurre concluir que el más culpable de todos es quien dicta las reglas de juego, que hacen posible y terriblemente atractiva la compra de privilegios.”

Sin quitar responsabilidad al funcionario que recibe o exige, ni al empresario que ofrece, accede o paga, el gran culpable es aquel que implementa el sistema, que hace que, para realizar un proyecto o negocio, la operación sea tan trabada, engorrosa y costosa que existan siempre candidatos que busquen una manera de viabilizar y simplificar la llegada al objetivo.

En ese sistema sucio y enviciado por la corrupción vive gran parte del continente y especialmente llegó a valores realmente pornográficos en las últimas dos décadas.

Algunos cambios se empezaron a vislumbrar en los últimos años. En algunos países la justicia desenmarañó la trama paralela de los negocios de favores y logró condenar y encarcelar a funcionarios, empresarios e inclusive a un ex presidente. Y hasta hubo un caso en otro país que un ex presidente se suicidó por vergüenza. Funcionarios implicados del más alto rango y empresarios que responden ante los vientos de cambio donde se está cambiando el sistema.

En nuestro país tenemos nuestro propio ritmo

Muchos casos de corrupción, conocidos y probados están en la justicia. Desconozco si nuestra justicia es más lenta que la de otros países, pero es lenta para la ciudadanía que generalmente necesita que las cosas se resuelvan en tiempos prudenciales. A su ritmo podríamos decir que se estaba resolviendo con prudencia todo un sistema de altísima corrupción en relación a la obra pública con los gobiernos anteriores.

A los que estábamos en el negocio de la construcción no nos necesitan probar nada; sabemos perfectamente quienes eran los empresarios que entraban en el sistema, a quien había que pagarle y cuáles eran las condiciones. Y los que no entramos en ese juego, nos sacaron los negocios y de muchos quebraron nuestras empresas.

Algunos sabíamos más y otros un poco menos, pero estoy seguro que la gran mayoría de la población era consciente de la corrupción en el gobierno anterior.

Ahora bien, este gobierno que está por terminar su mandato, no hizo las cosas bien. La economía fue un desastre, nunca pudo o quiso bajar el gasto público y por ende no bajó la carga impositiva; complicó toda la economía y no supo encontrar soluciones. Pero hay que reconocer que supo dominar el desastre que había dejado el gobierno anterior, aunque sin explicarlo, hizo muchas obras reales necesarias para la comunidad, sin aparente corrupción y por ende a precios mucho más bajos que antes, federalizó la política y las decisiones liberando a las provincias de exigencias del gobierno central, etc. Es decir, si bien tuvo terribles fallas y errores, fue mil veces mejor que el precedente y sin duda más transparente.

Cabe entonces preguntarse cuál fue la razón por la cual en estas primeras elecciones primarias PASO que se celebraron el pasado 11 de agosto, la sociedad no apoyó a este gobierno y votó masivamente a aquel que no solo se llenó sus bolsillos con dinero de la corrupción, sino que hizo y promete para el futuro las mismas fórmulas que han logrado la decadencia de nuestro país.

Es que la economía deficiente golpeó severamente y el votante quiso darle un mensaje fuerte, aunque volviendo a quienes han violado a esta sociedad por años.

Como sociedad es como dice la periodista/productora Daniela Turrado, sufrimos del síndrome de Estocolmo, siempre volvemos a nuestro violador y suponemos que nos va a salvar, y para colmo cuando tenemos la oportunidad de salvarnos, de salir de ese vicio nefasto de ir siempre para atrás, corremos nuevamente hacia nuestro violador a cobijarnos bajo su ala.

Es triste pensar que no tenemos alternativa, que no tenemos futuro. Ya lo decía un año atrás en otro artículo mío llamado: tristeza donde comentaba que estamos cansados de perder oportunidades, y para colmo volvemos con nuestro violador.

Como sociedad somos inviables. Somos un país sin solución.


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