Segunda oportunidad

El Arca de Luis Por
AUDIORELATO.- En la voz del autor, Luis García Orihuela.
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- Composición fotográfica:Luis García Orihuela

Posdata Digital Press | Argentina

Luis Gracia OrihuelaPor Luis García Orihuela | Escritor | Poeta | Dibujante

SEGUNDA OPORTUNIDAD

 

 

Ayer, cansado de comer pescado durante tantos días seguidos, decidí bajar a la ciudad.

 Hacía meses desde la última vez que me aventuré a buscar algo de comida. Las probabilidades de hallar comida en buen estado eran prácticamente inexistentes, incluso para un buen buscador como yo. Había revisado ya varios pisos sin dar con nada, ni tan siquiera una lata que no estuviese caducada, cuando entonces encontré algo que me hizo recordar otros tiempos. Sonreí complacido. Era una libreta —ésta en la que ahora escribo— y un bolígrafo de tinta negra de gel. Todo en perfecto estado y listo para ser usado. 

 He sentido una sensación extraña al abrir la libreta de gusanillo doble y comenzar a escribir estas primeras líneas, pero no obstante me ha resultado placentero y he decidido seguir igual que lo habría hecho años atrás de haberse tratado de mi diario personal. Quizás en la idea de llegar a entenderme y poner en orden mis ideas, así tal y como lo hacía desde pequeño anotando por la noche, en mi diario, todos mis secretos e inquietudes propias de un joven enamorado.

  El recuerdo, de lo que el mundo fue años atrás, me ha hecho llorar. He pensado que escribir en estas cuartillas me vendría bien, y quizás, quien sabe, a otro el leerlas si se le presenta la ocasión.

 ¿Cómo ocurrió todo? Era una gran pregunta y siempre lo había sido. ¿Cómo y cuándo se inicia un cambio? Quizás uno cualquiera llega ante alguien con capacidad de cambiar las cosas importantes que mueven al mundo, y le dice «he tenido una idea señor X. Podríamos mediante nanotecnología o cualquier otro medio, eliminar selectivamente a la inmensa mayoría de la población del planeta». «Ah si? Cuente... cuente». En cualquier caso, de cualquier modo, lo lograron. Cierto es que en ciertos círculos dedicados a la conspiración se habló y escribió mucho entonces del NWO (Nuevo Orden Mundial) y de su interés creciente en eliminar a una buena parte de la población mundial existente. Se dijo de reducirla a un total de quinientos millones de individuos. Pero si fueron ellos, calcularon mal o las cosas se les fueron de las manos. Aunque sin forma alguna de saberlo, corre el rumor entre los que ocasionalmente nos encontramos sin enfrentarnos, de que podemos haber sobrevivido un millón de almas por Continente.

 He pensado muchas veces, y comentado con Eva, mi compañera, cual habrá sido el parámetro que utilizaron, y que ganarían con ello. Aunque sin una base científica, y más como intuición y abalado por ciertos detalles coincidentes, mi creencia es que aunque no de una manera determinante, uno de los factores discriminatorios que han debido de usar haya sido el factor RH sanguíneo. Mi razonamiento viene dado por ser tanto Eva como yo del grupo RH negativo. A veces nos encontramos con otro superviviente con el que cruzamos algunas palabras y salvo nos haya engañado sin ninguna necesidad, también es del mismo grupo. ¿Curioso no? Desde luego ha de haberse dado algo más en la ecuación de la extinción casi total de todo ser vivo o habrían mas supervivientes con dicho grupo sanguíneo.

Las aves y mamíferos no han sufrido enfermedad que sepamos, y en los mares y océanos, al menos aparentemente, todo sigue igual.

El virus, como al menos creemos fue usado, era prácticamente indetectable, Su presencia se daba en cualquier enfermedad común y multiplicaba sus efectos exponencialmente, anulando a la vez los sistemas inmunológicos que desde siempre hemos gozado toda la raza humana. Pensamos que fue algo que pusieron en el aire para que todos los respirásemos. Algo invisible al ojo humano y letal para la especie humana.

 Han pasado cinco años, en febrero serán ya seis desde que llegara el caos y las ciudades se llenaran de gente muerta. Era tal la intensidad del número de defunciones diarias que pronto comenzó a faltar personal que les diera sepultura o simplemente les convirtiera en cenizas. El miedo a lo desconocido llegó con rapidez y los ciudadanos de todo el mundo comenzaron a dejar de asistir a sus respectivos trabajos y atrincherarse en sus casas sin saber a ciencia cierta que hacer. Lo que imperaba era el estar lo más alejado de cualquier ser vivo para evitar cualquier tipo de contagio. Los alimentos comenzaron a escasear y se formaron grupos organizados y armados que salían a saquear tiendas y almacenes. Sin ley en las calles todo valía. Cada uno, cada persona, era libre de tomar lo que quisiera sin más, con tan solo atreverse a hacerlo y llegar el primero. Una vez más, el más fuerte vencía al más débil y los grupos numerosos lo hacían con las minorías. Ley de vida. Tardamos mucho en darnos cuenta de que no hacían falta las mascarillas, de que no había contagio, de que todos estábamos infectados de una manera u otra. Lo importante entonces fue el cuidarse de no enfermar. Un simple arañazo con la rama de un árbol podía resultar definitivo. No cicatrizaría y se infectaría. Tardamos pues, pero al final lo comprendimos. Las reglas del juego habían cambiado. Vivir se había hecho difícil y complicado.

 A pesar de ser pocos los supervivientes, los alimentos preparados escasean hace tiempo. En algunas ciudades la falta de cuidado y de mantenimiento, ha hecho que la naturaleza se abra paso y vaya devorando cuanto encuentra en su despliegue invasivo, haciendo difícil el poder acceder a ciertos edificios. Los animales de todo tipo ahora cazan por lo que fueron ciudades y los seres humanos son sus presas más  apetitosas.

Con la perspectiva de estos años vividos, ahora pienso al escribir estas cuartillas que nunca se nos pasó por la cabeza el cultivar la tierra y cuidarla, tener cosechas con las que alimentarnos. Fuimos a lo fácil y a lo absurdo. Pensando era el fin del mundo o una plaga divina enviada por algún dios colérico, lo que hicimos fue salir a la calle y desenfrenarnos. Robar todo aquello que nunca habíamos podido tener y que sin embargo lo habíamos deseado con todas nuestras fuerzas; los coches de alta gama más caros, ropa de firma, y cómo no, hasta televisores gigantes de plasma de pantalla curva. Me hace gracia al pensar ahora en todo ello. El combustible dejó de estar disponible en las gasolineras, las petroleras habían dejado de funcionar, lo mismo que las compañías eléctricas y de gas. Pero todo era como estar viviendo una gran borrachera, una pesadilla, algo que no podía estar ocurriendo y que nos negábamos a aceptar como algo real. Pero lo era. En esos días conocí a Eva.

 En los años transcurridos hemos dispuesto de mucho tiempo para pensar. Tiempo para pensar no solo en lo ocurrido, si no en todo. En la vida. En todas aquellas cosas que antes nos parecían banales y aburridas, y que ahora, han adquirido unos valores especiales y vitales. Sobrevivir es un valor al alza, disponer de agua para beber diariamente y de alimentos saludables, de un refugio en el que guarecerse de bestias y humanos agresores siempre atentos a sus apetitos de depredadores, es el padre nuestro de cada día. Quizás, el filósofo alemán, Nietzsche, llevaba razón y Dios había muerto, quizás entre todos lo habíamos matado buscando un mayor entendimiento del mundo que nunca nos llegó.

 Las ciudades quedaron atrás. Sólo los más locos se adentran en ellas. Los que conseguimos librarnos del abrazo del virus, huimos a las montañas más altas y a las costas en busca del mar. Esa es ahora nuestra casa. 

 Vivimos en una pequeña barca en la cual tenemos al alcance nuestras pocas pertenencias. Somos conscientes, Eva y yo, de que el poseer cosas solo son un lastre si hay que huir por algún motivo, y aunque parezca una locura, hace seis meses atrás, decidimos crear una familia y tener un hijo. Poco nos importa si será un niño o una niña, pero si tenemos claro que va a heredar un mundo nuevo, un mundo que estará en su mano el darle una segunda oportunidad.

El hedor de los muertos ha pasado. Ahora el aire es limpio como nunca antes y el agua transparente.

Cuando llega la noche salimos a proa y miramos al firmamento. Vemos el titilar de las estrellas, y el paso de las cometas a la luz de la Luna.

Arriba nada ha cambiado. Todo sigue igual.


AUDIO

Voz en off, idea y producción: Luis García Orihuela




 

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