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Cuentos insolubles: yellow kid

Elige tu lugar ideal y disfruta de una nueva entrega de cuentos en cuarentena.

El Arca de Luis Luis García Orihuela
CUENTOS INSOLUBLES 6 DANIEL%2c EL PRECEPTOR Y VON RICHTOFEN
Ilustración:Luis. G. Orihuela

POSDATA Digital Press | Argentina

Luis García OrihuelaPor Luis García Orihuela | Escritor | Poeta 
| Dibujante

 

 Aquella pizza me supo a gloria bendita, no solo por lo sabrosa y suculenta que estaba, tan crujiente, y calentita, si no porque no habiéndola pagado, aún la disfrutaba mucho más, por no mencionar el hecho, de que había perdido la cuenta de cuando fue la última vez que había comido algo. Con la necesidad ya colmada y el espíritu más dispuesto a la aventura que pudiera acontecer a partir de ese memorable momento, me decidí a darle un final bien merecido: Echar una buena y majestuosa siesta. Al fin y a la postre, ya iba preparado con el pijama puesto.

 El paisaje en esta ocasión, haría las delicias de cualquier director de cine americano y llevaría probablemente a la más completa ruina a cualquier otro que no lo fuera, de intentar llevarlo a la pantalla grande. Frente a mi, unos campos de distintos colores y tonalidades en todo un abanico de ocres y sus respectivos degradados, mezclados a su vez con doradas hierbas refulgiendo ante ese sol de la  media tarde propio durante la primavera, que las iluminaba y contrastaba en sus contornos mientras eran mecidas por un suave y discreto viento céfiro. Separados entre sí por grandes distancias, se muestran mayestáticos algarrobos y olivos, los cuales se elevan a partir de la altura de la rodilla mía sin llegar a tocar el suelo con sus raíces. Es hermoso a la par que curioso el contemplar por vez primera las grandes distancias que pueden llegar a alcanzar las raíces de estos árboles. Paralelas al suelo se dirigen hacia todos los puntos cardinales a modo de un enigmático reloj cuyos radios de los minutos estuvieran formados por raíces estrechándose conforme se alejan del tronco. Con cuidado, paso entre unas de ellas y llego junto al grueso tronco de un gran algarrobo. Me acomodo lo mejor que puedo entre sus fuertes brazos mientras mis pies caen entre dos raíces. Lo último que percibo antes de quedar dormido es el calor de un rayo de sol que se filtra entre sus ramas y juguetea en mi rostro, mientras una brisa de aire agradable me susurra al oído en un lenguaje que desconozco pero que invita a dejarse llevar y cerrar los ojos.

   No se el tiempo que ha transcurrido, acaso el necesario para descansar y retomar fuerzas. Curiosamente no recuerdo haber soñado nada, o al menos no tengo esa sensación. Es posible sea ahora cuando comience a hacerlo, o quizás no he despertado de esa siesta reparadora junto al algarrobo y siga soñando dentro de este mundo enigmático. Me descuelgo de entre las raíces de un pequeño salto y estas recuperan su postura natural de un modo suave y silencioso.

 Mirándome con una gran boca abierta que sonríe mostrando dos hileras perfectas de dientes blancos, se encuentra un niño vestido con una camiseta amarilla de manga larga que le llega prácticamente hasta los pies. Va descalzo y su cabeza sin una melena que le camufle sus grandes y redondas orejas, aún hacen que se vean más grandes y despegadas de su cráneo. En cambio, sus ojos diminutos dicen a la legua de que ha de tratarse de un diablillo muy espabilado. Es una especie de monje enano, cabezón y amarillo. Me saluda con la mano y señala su camiseta, babero, camisón o lo que sea que lleva puesto. En su pecho puedo leer: Hola, amigo, soy Yellow Kid.

 Parecerá una tontería, pero intento decirle mi nombre y no puedo. Lo he olvidado. No lo recuerdo, y lo que es peor… Ni conservo una vaga idea de donde vivía antes de llegar o aparecer aquí. Su camiseta de pronto sufre una alteración, y el texto que había antes desaparece y aparece otro: No te preocupes por no poder decirme tu nombre, en MURA nadie lo recuerda si es humano.

En verdad me quedo perplejo ante lo que leo y veo. Realmente ha de ser un dibujo el niño, pues no lo veo en tres dimensiones, sino en dos. La camiseta se llena de letras de Ja ja ja de distintos tamaños en coordinación con los gestos de risa que hace Yellow Kid.

Con la tranquilidad que da el saber que uno debe de estar perdiendo el juicio, le pregunto que es Mura, mientras me acerco más a su personilla y me pongo en cuclillas para leer mejor. La camiseta, me contesta: Multi Universo de Realidades Alternativas. Odio tener que reconocerlo, pero se lo han “currao” con el nombrecito. Ahora me encuentro más perdido que nunca y me asalta la duda de si no estaría mejor siendo un personaje con una dimensión menos, pero con nombre y apellido, y una camiseta amarilla transcribiendo mis pensamientos. No quiero ni pensar lo que pasaría si esa camiseta llegara a conocer el interior de una lavadora automática.

Parece mentira, pero desde que ando por Mura, es el primero con quien consigo averiguar cosas y saben donde me encuentro y como se llama, aunque realmente no me sirva para nada. El pequeñajo es muy simpático el condenado, y le he tomado afecto. Le voy a extrañar a él y a su camiseta amarilla. Antes de irse me dijo que he de buscar un preceptor para que me diga que hago aquí, porqué estoy y no se cuantas cosas más. A lo que se ve hay muchos y son relativamente fáciles de encontrar, basta con mirar el frontis de las puertas. Si está alguno al otro lado, aparece un símbolo en ella a modo de “P” griega. La “P” bien podría ser de “Puñetero”, pero me da que es por lo de Preceptor.

Antes de irse Yellow, me preguntó como es que había dormido entre las ramas; se extraño no lo hiciera sobre algo mas confortable como una cama, le expliqué que me habría gustado, pero que no había ninguna a la vista. Se rió de lo lindo al oírmelo decir, y me dijo su camiseta que se podía con la mente conseguir lo que se quisiera. Juro que hizo unos gestos con las manos, como si dibujara una caja en el aire y apareció una cama, aunque eso si, en dos dimensiones.

 

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