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Optimismo o pesimismo

Ninguno de ellos. Ser realista es lo que da mayor bienestar

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Foto:tekcrispy

POSDATA Digital Press | Argentina

Sabemos que la vida puede ser realmente dura en algunas ocasiones, mientras que en otras nos sorprende con hechos fortuitos que nos proporcionan mucha alegría y nos hacen recuperar la esperanza y las fuerzas para seguir. Sin embargo, el porqué de muchas cosas sigue siendo un misterio.

A veces, incluso aunque sigamos el camino correcto las cosas no salen tan bien, mientras que otras en las que podríamos esperar un desastre, resultan más positivas de lo que pensábamos. Sin embargo, muchos creen que la clave para que las cosas salgan siempre bien es el optimismo, una de las tendencias de pensamiento más populares entre los humanos.

El problema es que el optimismo muchas veces dista de la realidad, y esto puede resultar muy doloroso. Es entonces cuando los adeptos al pesimismo sugieren que su forma es mejor, porque al no esperar nada, cualquier cosa que ocurra resultará mejor que la esperada y será positiva. Siendo pesimista se es prácticamente inmune a la decepción, ¿y a cuántos no les gustaría evitar esa sensación?

El equilibrio entre el optimismo y el pesimismo
Sin embargo, ser pesimista tiene sus consecuencias. Esperar siempre lo peor no necesariamente sea saludable, sino no existirían trastornos como la ansiedad o la depresión, en los que estos pensamientos son muy recurrentes.

El hecho es que entre pesimistas y optimistas existe cierta discordia: un grupo tacha de errado a otro. Por lo general, los optimistas poco realistas piensan que los pesimistas son infelices y viven experiencias negativas precisamente por su forma de ser. Mientras que los pesimistas consideran a los optimistas poco realistas, fantasiosos y observan cómo muchos se desmoronan cuando las cosas simplemente no son tan buenas como esperaban.

Pero existe un punto de equilibrio, el realismo. Este es particularmente útil en ciertos ámbitos, como el de la economía. Definitivamente, no podemos esperar que a nuestro negocio le ocurra lo peor, pero tampoco podemos esperar que nuestra decisión, aunque errada, arroje resultados excelentes.

De modo que para tomar decisiones tan importantes como las que tienen que ver con el dinero, el sustento propio o familiar, algún emprendimiento y los negocios en general, es necesario ser preciso e imparcial. Sin embargo, realista o imparcial es muy difícil: muy pocas personas lo son, incluso aunque estén formadas para ello.

Pero para motivar un poco el análisis de estas tres formas de pensamiento, presentamos los hallazgos de un estudio enfocado en determinar quiénes tienen mayor bienestar a largo plazo: ¿los optimistas, los pesimistas o los realistas?

Optimistas y pesimistas tienen menos bienestar que los realistas

Tanto el optimismo como el pesimismo son sesgos de juicio que llevan a decisiones erradas que afectan el bienestar.

Los investigadores rastrearon a 1,601 personas mayores de 18 años, y midieron su nivel de bienestar en función de su autoinforme de satisfacción con la vida y angustia psicológica. También midieron las finanzas de los participantes y su tendencia a tenerlas elevadas o bajas.

Descubrieron que, en igualdad de condiciones, sobrestimar los resultados y subestimarlos está asociado con un bienestar más bajo en comparación con tener expectativas correctas. Es decir, las expectativas equivocadas disminuyen el bienestar, por lo que los realistas lo hacen mejor.

“Los efectos no son pequeños, y aquellos que tienen las expectativas más pesimistas u optimistas, experimentan una reducción del 21.8 por ciento y 13.5 por ciento respectivamente en el bienestar a largo plazo”, escriben los autores.

Contrarrestar emociones puede reducir el bienestar
Los autores publicaron un artículo en The Conversation en el que indagan sobre las causas que motivaron estos resultados, y plantean que el menor bienestar de los optimistas y pesimistas se debe a que constantemente lucha por contrarrestar las emociones.

“Para los optimistas, la desilusión puede eventualmente dominar los sentimientos anticipatorios de esperar lo mejor, por lo que la felicidad comienza a caer. Para los pesimistas, el efecto deprimente de esperar la fatalidad (temor) puede eventualmente dominar la euforia cuando se evita lo peor”.

Está claro que el optimismo y el pesimismo son sesgos de juicio que llevan a tomar malas decisiones, y esto a su vez, lleva a resultados poco satisfactorios y menor bienestar. Esto lo vemos en el manejo del dinero, por ejemplo, al gastar más de lo que deberíamos porque el dinero va y viene, la vida es una sola, o “Dios proveerá”, o no gastar menos y no complacerse porque siempre se espera que pase algo malo que será necesario solventar. Asimismo en las relaciones amorosas, en las elecciones de carrera o cualquier ámbito con cierto riesgo e incertidumbre.

Cabe destacar que este estudio no sugiere que los realistas son los más felices, y que para poder llegar a serlo el único camino es volverse realista. Pero son dignos de atención para tomar decisiones más prudentes si es que no nos ha ido bien siendo optimistas o pesimistas.

Fuente:tekcrispy

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