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Deathman (Parte III)

El viejo cazador, Truman, se encontraba apunto de abatir una liebre cuando una de las aves muertas chocó de fuerte impacto en su escopeta...

El Arca de Luis Luis García Orihuela

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POSDATA Digital Press | Argentina

Luis García OrihuelaPor Luis García Orihuela | Escritor | Poeta | Dibujante

 —¿Señor Derek, me permite?

—Si, por supuesto. Adelante Ángela. ¿Qué tal las clases con Eva?

—Estupendamente, Eva es muy inteligente y aprende deprisa, es muy despierta para su edad.

—¿Y las clases de defensa personal?

—Es muy rápida en sus movimientos, si sigue con el mismo interés que hasta ahora no tardará en ser una experta. Es muy ágil. Bueno si no quiere nada más, me despido pues hasta el lunes próximo.

—¿Quiere la acompañen a su casa? Si lo desea yo daré orden…

—No gracias. Vine con mi coche. Adiós señor Derek.

—Le deseo pase un buen fin de semana.

 Me dirijo a la mesa donde dejé abierto el libro de recortes de prensa. Antes de cerrarlo le pego una última mirada a los titulares y sonrío. “Un empleado que realizaba tareas de mantenimiento en las cloacas, se encuentra ante un suceso inhóspito. Miles de ratas muertas. Las autoridades policiales y sanitarias de la ciudad, sobresaltadas investigan la causa de esta mortandad sin parangón conocido.”  Cierro el libro, lástima no tener foto de ese momento, el bueno de Spiderman no lo habría dejado escapar.

Ha empezado a llover cuando Eva hace acto de presencia. Lleva algo en la mano.

 —Hola Eva, ¿qué llevas ahí? –Extiende la mano dejándomelo ver. Es una foto mía del otro día, me ha pintado encima de ella con rotuladores una melena larga al estilo de los comics manga que lee de samuráis y que tanto le gustan.

 —Mira, estarías más guapo si te dejaras el pelo largo. ¿No crees?—me lo dice con esos ojos  avispados que tiene y me hace un guiño que no se podría pagar con mil soles que tuviese en mi poder—

 —Quizás más adelante… nunca lo he llevado así de largo. ¿Cómo vas con Ángela?

—Fenomenal, aprendo mucho con ella, aunque es extraño…

—¿El qué?

—Siempre parece adivinar lo que voy hacer.

—Quizás sea por que te va conociendo más de lo que tú te crees.

—Tú me conoces mucho más… y no serías capaz de adivinar siempre mis actos.

—Haber si va a tener un “don” también ella.

—Ah, estaría bueno. Jajaja. Me voy abajo a seguir practicando mis “patadas laterales”.

—Bien. No voy a salir. Al menos de momento. Permaneceré en mi estudio, he de revisar el programa que me han hecho.

 Elegí a Ángela Terrey precisamente por esa “capacidad” que tiene para anticiparse a las cosas. Es cuestión de tiempo el que averigüe si es una intuición femenina muy desarrollada o hay algo más.

El ordenador continúa escudriñando para mí en busca de características que sean del todo imposibles darse casuísticamente. Analiza los datos personales de la gente de todo el mundo accediendo a los ficheros policiales de cada país y de empresas relevantes. Entre sus parámetros, le he puesto el de buscar gente que siempre esté sana. 

***

El viejo cazador, Truman, se encontraba apunto de abatir una liebre cuando una de las aves muertas chocó de fuerte impacto en su escopeta. El sobresalto hizo que instintivamente Truman apretará el gatillo y errase el tiro. El disparo retumbó en el valle amplificado.

 —¿Pero que diablos es esto?

 Otra ave más cayó dándole en su vetusto y viejo sombrero, Y otra, y otra. Truman agarrándose el sombrero dio un respingo impropio de su avanzada edad y escupió hacia el suelo.

 —¿Qué carajo pasa aquí?

 Malhumorado a la vez que asustado, agarró su zurrón y la única liebre que consiguiera abatir horas antes. Dio un trago generoso de la petaca de whisky, y tras limpiarse la boca con el desgastado codo, se dirigió hacia el pueblo que le viera nacer sesenta años atrás, cargado con varias de las aves muertas.

 

***

 —Sabes por qué estás aquí, ¿Verdad Ángela?

 —Ciertamente Derek. Como bien sabes tú, y yo también lo sé, mi estancia aquí se debe a algo más que a mi técnica depurada en las artes marciales.

 —Bien. Entonces no me andaré con rodeos. Tú llamémosle peculiaridad especial para anticiparte a los hechos que están por venir, digamos que me serían de gran utilidad en…

 —¿Tus actos como Deathman?

 —¿Cómo diablos sabes…? 

 —Tranquilo, mi “especialidad” como tu dices para anticiparme a lo que va ha ocurrir, es algo más compleja de lo que a simple vista pueda llegar a parecerte. No puedo adelantarme a los acontecimientos y saber si va a llover dentro de media hora o mañana o si va a venir a visitarte alguien. No funciona así, de hecho, ni yo misma se como funciona este “don” como tu lo llamas a lo tuyo. Digamos que lo percibo cuando estoy cerca del hecho que va a ocurrir o de la persona más o menos cercana a mí, como una especie de scanner cerebral, telepatía, etc. Aunque no solo es eso lo que interviene. Los lazos de amistad he observado que también resultan como “conductores” y amplificadores de mis características.

 —Me alegro seas tan sincera. Pensé sería más difícil esta conversación entre los dos. Ese lazo del que hablas espero funcione con Eva, ya que ella lo ha establecido contigo.

 —Lo sé Derek. Lo sé.

 —Espero pues te mudes a vivir aquí lo más pronto posible. Daré orden a mi abogado para que te facilite todo lo que puedas necesitar. ¿Cuándo crees podrás instalarte definitivamente aquí?

 —¿Te parece precipitado dentro de un par de horas?

 —¿Tan pocas cosas tienes que coger? Aun así no creo puedas…

 No se trata de eso. Lo tengo todo embalado y esperando para ser traído con una mudanza que contraté días atrás. Solo esperan a mi llamada.

 Ángela se dirige hacia la puerta del salón dándole la espalda a Derek. Se detiene en el umbral y sin girarse se dirige a Derek que se encuentra llamando a Santos, su abogado.

 —Por cierto… Quizás tú también estés incluido en ese “lazo” afectivo.

 Al otro lado del teléfono Santos Guzmán, abogado español, se desgañitaba llamando a Derek Hensel.

´´´´´

En el sitio más oculto, por debajo del sótano de la casa de Derek, se encuentra la sala especial denominada como Omega. “Chip” se encuentra reunido con Derek.

 —¿Sigues sin encontrar vestigios de casos anómalos? –Derek se inclina hacia la pantalla de rastreo con la que está trabajando Chip—

 —Así es. Pero he encontrado algo que creo te puede interesar. – Chip, con su pelo peinado de punta como un brontosauro, giró su silla de ruedas mostrando sus cuidados y nacarados dientes, fruto de su juventud y cuidados higiénicos—

 —¿Oíste hablar del coltán, del tántalo?

 —Tú eres el chico listo, ¿no?, pues ponme al día.

 —Bueno, está bien. El Níquel, cobalto, vanadio o cadmio forman parte de los componentes que puedes encontrar en el interior de cualquier celular o teléfono móvil. En su interior también puedes encontrar una cantidad pequeña de un elemento que causa graves problemas para la salud. El tántalo.

 —Y el coltán?

 —Justamente de él se extrae. Cada vez es más demandado, no solo para los móviles, sino para los ordenadores portátiles también.

Chip, aprieta unas funciones en el teclado del ordenador y al momento aparecen escenas con gente ataviada de guerrilleros.

 —¿Y en dónde entro yo en  todo esto, genio?

 —No te impacientes…ya llego. —Con otro clic de ratón, aparecen niños medio desnudos y desnutridos trabajando  en el interior de unas minas.— casi la mayor parte de este metal, se encuentra localizado en un punto del planeta.—Chip, una vez más, cambia de escena en la pantalla— En la Republica del Congo. En concreto un ochenta por ciento de esa reserva.

 A partir del Coltán se obtiene el tántalo metálico y el niobio, ambos utilizados en la fabricación de condensadores y otros componentes electrónicos por sus propiedades y su resistencia al calor, lo que permite dar mayor duración a la carga eléctrica de las baterías.

 —Pero…

 —Digamos que tu trabajo sería… las guerrillas de Ruanda y Uganda. Ellas son la causa, junto con las mafias, de los problemas sanitarios a causa de la radioactividad asociada a dicha minería. Por otro lado, también están causando daño con su presencia a especies como gorilas y elefantes. Habría que poner fin al reclutamiento de niños y a la violación de mujeres y menores.

 —Huf¡ nunca pensé en eso.

 —Ni nadie. Ese es el verdadero problema.

 —Está bien. Compra pasaje para…—Se interrumpe Derek al ver descorrerse las puertas con los sensores de proximidad. Es Ángela quien entra—

 —Hola, Llego algo tarde... ¿Pero a que valió la pena la demora? El modelito de sombrero es un primor. ¿Y qué me dices de las maletas y las botas a juego? Un encanto, ¿verdad qué sí? —Se quita las gafas de sol de pasta blanca y haciendo unos parpadeos rápidos se dirige a Derek que se haya consternado una vez más ante Ángela—¿No te lo ha dicho Chip? Salimos dentro de dos horas y media para el Congo.

 

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