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Qué relata el libro egipcio de los muertos

Egipto, el país donde cielo y tierra se unificaron

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El Libro d los Muertos. Foto:Albúm.es



POSDATA Digital Press | Argentina

Se dice que el país de Kem o Egipto[1], fue construido en la tierra a imagen y semejanza de leyes celestes. Para esta milenaria civilización, así como existían planos para las ciudades materiales, también existían planos para llegar al Amenti, el país de Amón, el lugar de los dioses, en el más allá. Así como los seres humanos encarnados habitaban las ciudades terrestres, se encontraban las ciudades para la vida después de la muerte física, como en Tebas[2], por ejemplo.

 Este límite entre un plano y el otro estaba demarcado por el río Nilo. En el mundo manifestado era fuente de fertilidad y vida, a la vez que separaba la Tebas oriental (terrestre), de la Tebas occidental. Pero, como entendían que ambos planos de la naturaleza están vinculados estrechamente, el Nilo terrestre era el reflejo manifestado del Nilo celeste, vinculado a las Aguas Primordiales.

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Mapa de Egipto actual. Puede verse en una misma posición la antigua Tebas (donde hoy está Luxor) en el sector oriental y el Valle de los Reyes o Tebas occidental separadas por el río Nilo.

Para los egipcios, Osiris, el unificador de las dos orillas, simbolizaba a aquel que gobernaba en ambas orillas. Tenía el poder de crear en lo manifestado y de generar en lo espiritual. La barca de los dioses, símbolo fundamental en la cosmovisión egipcia, es la que cruza oriente y occidente, la que unifica ambos márgenes acompañando a Ra, el Sol en su viaje eterno. De manera semejante a esta “doble Tebas”, el ser humano tenía una doble naturaleza celeste y terrestre.

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El “objetivo” de los egipcios, al menos de aquellos en contacto con los dos planos del Cosmos, consistía en alcanzar la vida en el más allá, salir a la luz. Cumpliendo con ciertas condiciones, el alma humana podía llegar a vivir en la tierra de los dioses, en el Amenti. Pero a diferencia de lo que suele pensarse, esta vida en la tierra de los diosesse buscaba mientras se estaba en el mundo terrestre. Alcanzar conscientemente el Amenti, mientras se estaba encarnado, era en alguna medida, convertirse en Osiris. Esto era existir y ser a la vez, tener una vida manifestada, reflejo puro del mundo celestial y perfecto. El Ser humano debía llegar a ser la luz, debía llegar a identificarse con Ra, el espíritu de la luz que reina en todo.

Así, los egipcios desarrollaban la magia de identificarse con algo para que eso ocurriera. El estudio de las recitaciones del mal llamado Libro de los Muertos es una especie de recordatorio profundo de aquello que buscaban que ocurra. El Ser es lo que puede “vivir” en el más allá y en él proyectaban su identidad.

Los Principios superiores del ser humano debían poder volar[3]para llegar a esta tierra de los dioses y despertar allí, reivindicándose ante ellos y demostrando que el alma del que emprende este camino es como los dioses[4]. Osiris, Señor del Amenti, es el arquetipo de este proceso de resurrección interior.

El Libro de los Muertos no fue previsto como un mecanismo de ayuda para resucitar en el sentido de obtener una nueva vida con nuestra personalidad en el día del juicio final. Tampoco era un libro funerario. Su sentido era profundamente místico-religioso. Más que un libro sobre la muerte, era un libro sobre la Vida, la vida eterna.

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Imágen que representan al alma como seres alados.  Benu, el fénix, el espíritu, ya junto a Ra en su barca.

¿A qué se conoce como Libro de los Muertos?

Según el Dr. Martín Carpio, se conoce impropiamente como “Libro de los Muertos” al conjunto de textos, procedentes de diversas épocas, que se encontraron grabados en:

  • Interior de las pirámides.
  • Corredores funerarios.
  • Interior de los sarcófagos
  • Escritos sobre papiros colocados junto a las momias.
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El escriba Ani junto a su mujer Tutu (sacerdotisa). Él en posición de adoración, ella de protección. Pueden verse los jeroglíficos alrededor de la imagen.

Los papiros que conforman el “Libro de los Muertos” están centrados en imágenes, conocidas como viñetas que se realizaban en primer lugar y luego sobre los espacios se escribía el texto. Estos constituían explicaciones de las mismas, formando un conjunto de recitaciones o fórmulas que habitualmente se consideran ceremoniales. En estos papiros, texto e imagen van unidos indisolublemente. Forman una combinación simbólica entre sonidos, texto, colores, posiciones, figuras geométricas, claves aritméticas, entre otras.

Se sospecha que el origen del Libro de los Muertos es más antiguo que las inscripciones en las pirámides. Pues esta colección de textos fue atribuida al mismo Thoth, deidad lunar de la sabiduría. Así el origen de estos papiros puede atribuirse a una corporación de sabios que se mantuvo a través de toda la historia de Egipto, aunque se pierde en el más remoto pasado.

Dentro de los registros que conforman el conjunto llamado “Libro de los Muertos”, el Papiro de Ani es uno de los más reconocidos. Perteneciente a la llamada versión tebana, data probablemente del 1250 a.C. Carpio en su libro “Salida del alma a la luz del Sol”, expresa que el Papiro de Ani es el que presenta una unidad completa y real. Actualmente se encuentra en el Museo Británico, en la ciudad de Londres.

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Láminas que componen el Papiro de Ani. Actualmente se encuentra en el Museo Británico.

 Ani, según las descripciones del texto, fue un <<escriba real verdadero, escriba y administrador de las ofrendas divinas de todos los dioses>> y <<gobernador del granero de los Señores de Abydos, escriba de las ofrendas divinas de los Señores de Tebas>>. Es interesante destacar que el oficio de escriba era un oficio sagrado en Egipto. Toth era el patrono de los escribas; ellos eran los que transcribían simbólicamente lo eterno. De alguna manera, plasmaban en la tierra el mundo celeste. Tener registro además dota a las culturas de inmortalidad y trascendencia. La noción del tiempo, permite unificar el pasado y el futuro en un eterno presente.

Las cuatro etapas del Libro de los Muertos

El “Libro de la morada oculta”, como lo llama el profesor J. A. Livraga en su libro Tebas, fue ordenándose de diversas maneras con el paso del tiempo. Las numeraciones que hoy se dan a las recitaciones corresponden a clasificaciones efectuadas por egiptólogos, tras intentar comparar e incluir en un solo canon las diferentes versiones existentes del Libro. El inconveniente de las numeraciones actuales, es que no presentan un orden lógico ni muestran coherencia con lo expresado en los papiros, al menos desde un enfoque simbólico.

Martín Carpio en su escrito presenta el Libro de los Muertosrespetando el orden original en que aparecen las recitaciones del Papiro de Ani. La propuesta se fundamenta además en el estudio comparativo de las tradiciones filosóficas antiguas.

Ordenado de esta manera, el Papiro de Ani recorre el proceso iniciático de un sacerdote egipcio. Secuencialmente es posible encontrar cuatro etapas correspondientes a los elementos de la naturaleza. Estas cuatro fases clásicas, presentes en diversas y antiguas culturas son: Tierra, Agua, Aire y Fuego.

En la Etapa de Tierra se trataría de alcanzar un dominio básico sobre la supervivencia inmediata en el más allá, mostrando una preparación previa y un conjunto de conocimientos requeridos para tal meta. La pureza es un elemento fundamental en esta fase.

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Ani luego de superar el juicio del corazón se presenta al encuentro de Osiris.


En la Fase Agua se trata de la plena posesión de los elementos vitales. En las recitaciones se le concede el aliento vital y el de vida; se simbolizan por numerosas barcas, representando la idea de cruzar las aguas; símbolo de atravesar desde la orilla este (la vida encarnada o la muerte para el espíritu) hacia la orilla del oeste (la Vida).

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La Fase Aire se caracteriza por verlo a Ani, habiendo alcanzado dominio sobre sí mismo, con la capacidad de transformarse ampliamente. Simbolizando la libertad del alma inmortal se lo verá representado como aves, como un loto o como una serpiente, entre otros animales.

En la Recitación 133 puede verse al escriba Ani subiendo a la barca solar con Ra.

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 Finalmente, la Etapa Fuego está representada por el Horno Mágico, la abundante presencia de llamas y del Lago de Fuego. Aquí es donde se produce la transmutación alquímica. Este aparente final, es el comienzo de una nueva vida, el nacimiento en la Vida del espíritu.

En la recitación 87, 88 y 92 se observa a Ani convertido en serpiente, en cocodrilo y enPtah. Este dios a su vez, es el dios de la creación, del fuego celeste atrás de todas las transformaciones.

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Cuadrado conteniendo líquido ígneo: el Lago de Fuego, con cuatro fuegos alrededor y cuatro monos en las esquinas. En este horno, los fuegos mágicos están preparados para realizar la transformación alquímica final.

Cada etapa estará señalada por viñetas donde aparece Osiris, ante el cual se presenta el escriba Ani para ser sometido a un juicio, un momento crítico que permitirá el paso de una etapa a la siguiente.

Tomando la numeración actual, el primero de estos juicios, el más conocido, donde se pesa el corazón del aspirante a la resurrección interior, se encuentra en la Recitación 30b. El segundo, en la Recitación 18; el tercero en la Recitación 18 bis y el cuarto, conocido como la confesión negativa, en la Recitación 125.

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El juicio del alma de la Recitación 30b con que comienza el recorrido de Ani.

En síntesis, el “Libro de la oculta morada”, más que hablar de la muerte, presentaba una guía para el alma inmortal en su camino del hacia la Luz del Sol (Ra). Era más bien el libro de la vida interior. Sorprende descubrir que el misticismo de la tierra de Kem, el contacto alcanzado con el mundo invisible y el conocimiento profundo de las leyes naturales, aún parecen calentar los corazones de aquellos que se abren al misterio de la vida, manteniendo viva la llama de la sabiduría a lo largo del río de los tiempos.

Fuente: revistaacropolis.org  /Franco P. Soffietti

Referencias

1) Salida del Alma a la Luz del Sol, Juan M. Carpio (2004). Ed. Nueva Acrópolis, Madrid, España.

2) Tebas, Jorge Ángel Livraga. Edición libre online cortesía de Nueva Acrópolis España.

 [1] Nombre que le dieron los griegos relacionados a Hat-Ka-Ptah o la Casa de los Kas de Ptah, dios creador del fuego.

[2] Existían dos Tebas, la oriental o terrestre y la occidental, donde descansaban los muertos. Ambas ciudades se encontraban separadas por el Río Nilo tanto en el plano físico, como en el plano celeste. Pues concebían un Nilo Celeste y un Nilo manifestado.

[3] En numerosas culturas, estos Principios se representaban simbólicamente como animales alados.

[4] Esta concepción nos puede recordar una idea semejante entre los aztecas, quienes luego de morir, el alma se convertía en ave y emprendía un vuelo hacia el Sol para fundirse con este, origen de la vida.

 

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