Corrupción

Rincón literario Por
¿Dónde está el límite?

corrupcionFoto:radio chile

Posdata Digital | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero civil


Hace muchos años, cuando era un tímido adolescente, recuerdo una tarde de nerviosismo porque había invitado al cine a una chica que me gustaba. Mi madre atenta, para darme seguridad me aconsejó:

- Cuando llegás a la boletería le pasás unos $20 (no sé si esa era realmente la cifra ni tampoco recuerdo qué moneda era) y le decís: “dos de las buenas”.

Y así hice, poniéndome colorado como un tomate, pero pudimos ver la película sentados cómodamente en la fila 14 al medio.

Fue algo natural, usual, y en conjunto con muchos ejemplos más de la vida diaria es así como aprendimos que había que vivir.

¿Cómo se llama eso? Muchos le dicen “viveza criolla”, otros “picardía”, otros “oportunismo”.

Yo lo llamo corrupción.

Desde ese ejemplo “inocente” luego viene que nos colamos en una larga fila, que intentamos sobornar al policía que nos detiene por una infracción, que le ofrecemos unos pesos al empleado que nos acelera un trámite, que le hacemos regalos al oficial del banco que nos gestionó el crédito, que le pagamos por debajo de la mesa al inspector de la Afip porque siempre hay algo en falta, que le pagamos al inspector de la municipalidad para que no nos cierre el local, que le pagamos al sindicalista para que no nos haga un paro, que le pagamos al funcionario para que nos saque rápido un expediente, que le pagamos a un ministro para que nos adjudique una obra…

¿Dónde está el límite?

El límite no existe, somos una sociedad corrupta y debemos asumirlo para curarnos.

Es cierto que es difícil como sociedad poder desarrollarnos en esta situación, el cambio debe empezar por nosotros y por los responsables que pregonan salud y transparencia.

Entonces dejemos de llamar “empresarios” a quienes se aprovechan de la corrupción para hacer crecer sus empresas y sus bolsillos; dejemos de llamar “periodistas” a quienes cobran por decir o no decir, por preguntar o no preguntar y siguen creciendo en los medios; dejemos de llamar “funcionarios” a los que solo buscan llenar sus bolsillos sin importarles la tarea que cumplen. Digamos las cosas por su nombre, son corruptos.

Debemos romper con esas tendencias de vivezas criollas o picardías para que nos sean inaceptables las corrupciones mayores, si es que hay una calificación de las mismas.

Y el gobierno que hoy se jacta de combatir la corrupción, no solo no debe ser corrupto, sino tratar como se debe a aquellos que se aprovecharon de la situación y del sistema, y mucho más aún, Sr Mauricio Macri, debe tenderles una mano a aquellos que no entraron en ese sistema perverso y por ello vieron muy dañados sus negocios; es a ellos a quienes hay que proteger, a quienes hay que revindicar, a quienes hay que ayudarlos a salir de las injusticias vividas.

La corrupción se combate desde cada uno de nosotros, llamando las cosas por su nombre, y desde los más altos estratos de un gobierno que dice que no quiere más corrupción, se combate sin hipocresías, castigando al corrupto y ayudando al sano.

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