Las cosas por su nombre

Rincón literario Por
La corrupción se instaló en nuestra vida cotidiana como un hecho común en tiempos de conveniencias. Callarnos, nos hace cómplices.

Diccionario de la lengua española. Foto:El  Sol

Posdata Digital | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero Civil


Se encontraron Doña María y Doña Josefa en una esquina de su barrio y se escuchaba el siguiente diálogo:

- Sabe Doña María, recién vengo del almacén que necesitaba comprar un pote de crema y este tránsfuga de Don Manuel me quiso vender una que estaba vencida.

- ¡Qué barbaridad!, el otro día fui a comprar 200 gramos de jamón y me los quiso cobrar un ojo de la cara.

- ¡Es un ladrón!

- Es cierto, yo no voy más.

Doña María y Doña Josefa tienen algo muy en claro, Don Manuel no es un almacenero o un comerciante, para ellas es un tránsfuga o un ladrón.

Las cosas por su nombre.

Cuando un comerciante te quiere trampear, quiere aprovecharse de vos por diferentes maneras, deja de ser un comerciante para ser un corrupto, un ladrón.

Cuando un policía en la ruta deja de persuadirte, de cuidarte, de avisarte, de prevenirte, y pasa a presionarte con amenazas de hacerte una fuerte multa o demorarte en tu viaje, deja de ser un policía para ser un corrupto, un estafador.

Cuando un periodista deja de informarte, de investigar, de averiguar, de preguntar, de entrevistar, y pasa a ofrecerte salir publicado o a no salir, a decir o no decir tal cosa, a hablar bien o hablar mal de algo o alguien, a mencionar más veces o menos veces tus intereses, todo a cambio de un pago, deja de ser un periodista para ser un corrupto, un extorsionador.

Cuando un acopiador mide mal la humedad de tus granos o te hace trampa en la balanza, deja de ser un acopiador para ser un corrupto, un tramposo.

Cuando un vendedor de autos usados te oculta los defectos y problemas que tiene ese auto que te interesa, deja de ser un vendedor de autos para ser un corrupto, un mentiroso.

Cuando ese funcionario te frena un expediente para exigirte que le pagues el favor de acelerarlo, deja de ser un funcionario para ser un corrupto, un extorsionador.

Si un inspector no te revisa a conciencia y te presiona y te da a entender que te libera del problema o bien no te clausura el local si le hacés un pago, deja de ser un inspector para ser un corrupto, un ladrón.

Si ese ministro o secretario no cumple con las funciones de su cartera y te exige una fuerte suma o hasta una participación para que ganes una licitación o un jugoso negocio, deja de ser ministro para ser un corrupto, un ladrón. Esto también se puede aplicar a presidentes, gobernadores, etc.

Si un empresario no cumple con la sana competencia para desarrollar su empresa y acepta propuestas o incentiva a los ministros o funcionarios para lograr negocios, deja de ser un empresario para ser un corrupto, un ladrón, un estafador, un aprovechador.

Como vemos ejemplos de personas que no actúan de acuerdo a su nombre hay muchos, los podemos ver en todos los órdenes de nuestra vida. Solo falta que al verlos no nos equivoquemos, no les sigamos dando ese título que dicen poseer y llamémoslos como se deben.

Son ladrones, son estafadores, son extorsionadores, son tramposos, son mentirosos, son aprovechadores. Son corruptos.

Empezaremos a cambiar cuando sepamos expresar lo que es realmente cada uno.

Llamemos a las cosas por su nombre.

 

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