Entrega de nuestra libertad

La columna de Eduardo Por
La libertad se va cortando de a muy poco, pero cuando queremos darnos cuenta siempre es tarde.
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Foto:flickr

Posdata Digital | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Srvente | Ingeniero Civil

El presidente anuncia con gran pompa modelos de los boletos para compraventa de inmuebles.

¡Qué bueno!

Interesante propuesta si eso significa que el estado está asesorando, guiando, recomendando en operaciones que muchas veces generan conflicto entre partes.

Pero, no nos engañemos, ¡es espantoso!

Lo impone como obligación y lo que está haciendo es intervenir en un convenio entre partes privadas, se mete en nuestras vidas mucho más de lo que normalmente hace y nos sigue sacando como todos los días un poquito más de nuestra dañada libertad.

Los diputados generan discusión y promueven una ley de alquileres con el objetivo de que no se produzcan abusos entre las partes en un tema sensible de la sociedad como es la vivienda.

Muy loable desde el punto de vista que se actúe para solucionar conflictos, pero otra vez el exceso, no son solo recomendaciones, que serían muy útiles, sino que son exigencias de un estado insaciable en un convenio de partes privadas. Volvemos a dejar algo más de nuestra libertad.

A veces este concepto se confunde y hay que ser muy cuidadoso cuando se pretende ir contra una porción de nuestra libertad y nosotros accedemos a que así sea. La libertad se va cortando de a muy poco, pero cuando queremos darnos cuenta siempre es tarde.

Yo cedo mi libertad por la organización de la sociedad y entonces me detengo ante una luz roja en el tránsito; eso es razonable como muchas cosas más dentro de la organización para que la vida no sea un caos, pero ¿dónde está el límite?, ¿hasta dónde debo ceder mis derechos, mi libertad?

Es una pregunta muchas veces difícil de contestar donde los riesgos van desde la anarquía a la restricción absoluta de nuestras libertades.

Para muchos de estos límites nuestra sabia Constitución es muy precisa, pero bien es sabido que muchas veces la interpretamos como nos conviene y le buscamos la vuelta para legislar teóricamente “en favor de la sociedad”, pero no notamos que nos sacan un poco más de libertad.

En esa diferencia varios países del mundo han encontrado un equilibrio que hace que sus habitantes sientan que viven en plena libertad cediendo apenas algunas pocas cosas para organizarse en sociedad.

Otros pretenden proteger a algunos sectores teóricamente más vulnerables y entonces agregan restricciones a los actos de las personas de tal manera que van restringiendo sutilmente sus libertades, hasta llegar a los casos extremos donde el nivel dictatorial es total y las libertades son mínimas.

Pero esas pequeñas cesiones que nos imponen y aceptamos son terriblemente peligrosas, porque con la excusa de mantener el orden, proteger al débil, hacer una sociedad más justa, etc., lo único que se hace es restringir la libertad y las consecuencias siempre son mucho peores.

El peligro pasa porque muchas veces esas cesiones se hacen a partir de una muy buena voluntad de quien la propone que a su vez no tiene ninguna intención de perjudicar a nadie, pero tiene internalizado el grave error de menospreciar el cuidado de la libertad.

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