Beto y su casco, el reencuentro

La Cima Del Tiempo 15 de abril de 2019 Por
Crónica de un sobreviviente bélico. El reencuentro de Jorge Alberto Altieri con su casco de combate.
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1 / 9 - Jorge Alberto Altieri - Composición fotográfica: Luis García Orihuela

Posdata Digital Press |  Argentina

sil PérezPor Sil Pérez | Escritora  

Beto y su casco, el reencuentro

Finalmente acordamos con Beto encontrarnos a la hora de la siesta. Tal vez porque esa franja invita a una charla amena y distendida. Tal vez porque lo que debíamos abordar, más allá del mustio terreno del pasado, formaba parte de un presente digno. Fue ese instante de sosiego, una hora meritoria para los relatos y las emociones. Y un acontecimiento histórico que dejó, en el terreno de la evocación, su huella sólida. Un trozo de vivencias esmaltado en un objeto de combate. Un caparazón que escudó la vida del estallido de la muerte. Pasajes de la historia que hacen hueco en el presente y en la memoria.

El 2 de abril de 1982, el país se declaró en guerra contra el Reino Unido, por la proclamación de la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Un conflicto bélico que se originó en un contexto histórico donde Argentina sucumbió ante el agotamiento absoluto de credibilidad e ineficiencia de gestión del denominado «Proceso de Reorganización Nacional».

Pero la historia es un ala que se despliega y deja huellas a su paso. Es un crepúsculo de memorias que se instala y evoca hombres que entregaron, por la Patria, su pasión y espíritu heroicos. Almas que, altivas, glorifican, con su recuerdo, una geografía gélida y lejana, desde ese punto erguido en la cumbre y en los avatares del viento. A quienes regresaron para darnos con dignidad suprema, fiel testimonio del vuelo hacia un rumbo desértico e ignoto. Hacia esas costas de albatros, petreles y gaviotas que aún hoy forman parte de un paisaje incierto. Héroes de una batalla que conquistó, con proeza y dominio, los terrenos implacables de la supervivencia.

Beto y su casco, el reencuentroFoto: Jorge Alberto Altieri

Pero el universo de la memoria es un cofre infinito que alberga emociones diversas. Momentos que logran capturar la impresión para inmortalizarla y materializarla, tal vez a través de un objeto.

Hoy quiero contarles a los lectores de Posdata Digital Press la historia del excombatiente, quien por aquel entonces se desempeñaba en el Regimiento de Infantería Mecanizado 7 Coronel Conde de La Plata. Aquí, próximos a iniciar este viaje de evocación, tengo la gran satisfacción de transcribir el relato de quien tuvo el privilegio de reencontrarse con su casco de combate. Un objeto de acero, que hace treinta y siete años le salvó la vida en plena situación de guerra.

Aquí, con ustedes, la crónica de un sobreviviente bélico y de un hombre que, a través de su mirada tenue y observadora, trasluce, a través de su exposición, una exaltación infinita. Su voz pausada y amena evoca el recorrido de un acontecimiento que, por su grado de sensibilidad y cercanía, simplemente estremece.

Beto y su casco, el reencuentroFoto:Jorge Alberto Altieri

Mi nombre es Jorge Alberto Altieri, exsoldado combatiente de Malvinas. Realicé el servicio militar obligatorio en 1981. El 13 de abril, a pocos días de haberse iniciado el combate bélico entre Argentina y Gran Bretaña, me enviaron a Palomar, aunque recién el 14 fui derivado a Río Gallegos. Luego de algunos imprevistos, el 15 de ese mes llegué a las costas malvinenses. A partir de ese momento, fui destinado a la Compañía de Infantería B Maipú, destinada a la primera línea de combate en Monte Longdon.

Iniciados los primeros días de mayo, se produjo en la zona de conflicto un ataque aéreo que trajo como saldo la primera baja. Fue lo que se llamó Bautismo de Fuego.

A partir del 11 de junio de 1982, a las 22.30, se inició el combate terrestre, al detectarse la presencia de un soldado inglés en las proximidades de una mina, en el frente del campo minado. Combatimos contra el batallón de paracaidista número tres de Gran Bretaña. Mis compañeros y yo pertenecíamos a la Infantería B del Regimiento 7. Aunque en ese episodio ellos eran cuatro soldados, contra uno de nosotros. Al principio hubo resistencia, hasta que finalmente debimos retroceder. De manera repentina apareció un sargento del Escuadrón de Exploración Blindado 10 y preguntó quién se encontraba en condiciones de llegar arriba del Monte Longdon. Quien expone, junto al soldado Fernández, nos ofrecimos como voluntarios para subir las posiciones que habíamos dejado con anterioridad, y liberar a nuestros compañeros.

Lamentablemente, no pudimos avanzar, pues fuimos bombardeados con morteros terrestres. Este episodio culminó con la vida del sargento Ron, mientras que hirieron a otro compañero en la pierna y a mí en la cabeza. El impacto de la esquirla que finalmente pegó en mi casco me provocó pérdida de masa encefálica del hemisferio izquierdo, pérdida del ojo izquierdo y una cicatriz que aún hoy me acompaña. Los ingleses nos dieron por muertos y avanzaron, aunque nuestros compañeros, que vieron el ataque, se acercaron a rescatarnos. Alguien, a quien no recuerdo por mi grave estado de inconsciencia, me ayudó y me llevó rápidamente al Hospital de Puerto Argentino.

Lograron salvarme la vida y, como circunstancia de orden secundario, dejaron mi casco tirado a un costado de la sala. Finalmente, y luego de las primeras curaciones en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, el 14 de junio, en el último avión Hércules C-130 me trasladan de regreso. Fue antes de la rendición; por eso siempre digo que yo no caí prisionero. No me rendí: sigo luchando por nuestras Islas.

Los años transcurrieron hasta, que en el 2015, recibí un llamado proveniente del Regimiento de la Tablada para comentarme que mi casco de combate se encontraba en remate, en la zona geográfica del archipiélago. Quien se contactó me anticipó que este tenía un corte en la frente. Esta precisión no logró convencerme, ya que no era un dato que pudiera diferenciarse del resto de los cascos de mis compañeros.

Al dato suministrado, y ante mi ferviente duda, le adjuntaron una foto. Cuando observé la imagen, logré visualizar mi apellido y nombre incrustados en la parte interior del casco. El apellido, y debido a la similitud con el militar y comandante de las fuerzas (Leopoldo Galtieri), tenía la inscripción de una letra que alteraba la distinción verdadera: Altieri /Galtieri. (Bromas que, por aquel entonces, me habían realizado mis propios compañeros). ¡La emoción fue extrema!

El problema se suscitó en que el elemento de batalla se encontraba en remate. Entonces, y debido a mi desconocimiento del idioma inglés, me contacté con un amigo a quien había conocido en Tierra del fuego, para que a su vez intercediera mediante Internet y lograra así la adquisición de mi casco. A esa altura de la circunstancia, yo ya lo quería conmigo. Por entonces la operación había cerrado en unas (400) libras, y la compra se encontraba cercana; hasta que, faltando un minuto del cierre de la operación, elevaron la subasta a unas ochocientas (800) libras. Aquí las esperanzas habían colapsado.

Pasaron cuatro años de aquel remate histórico, y mi amigo Quique, de Tierra del Fuego, que por entonces se encontraba residiendo en Europa, intentó interceder, sin lograr hasta ese momento resultados positivos. De idéntica manera colaboró un ex soldado del Batallón de Paracaidistas Tres. Hace aproximadamente dos meses, personal del medio Infobae se contactó conmigo, interesado por la novedad, y me solicitaron permiso para publicar el caso junto a un audio, como antecedente. Seguidamente se lo ofrecí. De manera consecutiva la persona de Inglaterra, quien poseía hasta ese momento el casco, publicó el remate, donde solicitaba esta vez unas diez mil quinientas libras. Esto sería, a reconversión de moneda argentina, medio millón de pesos, un dinero que, por su alto precio, me resultaba imposible adquirir. (En estas circunstancias preferí que fuera destinado a donaciones diversas).

Yo me encontraba en un estado de desesperación. Quería recuperar un elemento que había sido de mi pertenencia, y que es desde aquellos años un símbolo de historia. A partir de los hechos acontecidos, comencé a recibir ofrecimientos desde todos los puntos de contacto. A través de Facebook, amigos, vecinos, familiares. Todas las acciones convergían en la misma intención: que el casco regresara al sujeto al cual este le había salvado la vida.

De pronto y en medio del caos imperante, personal de Infobae se contactó nuevamente conmigo. En este caso la comunicación la estableció directamente el empresario de medios, Daniel Hadad. La intención estuvo centrada en lograr llegar a un acuerdo con los responsables de aquella subasta.

«Quedate tranquilo, esto se va a solucionar» fueron las palabras de afirmación que recibí del periodista en aquella circunstancia. Seguidamente a esta novedad, llegué a casa un poco más tranquilo ya que, según lo conversado con el empresario, mi casco iba a ser girado a la Embajada de Argentina en Inglaterra.

Aparentemente, el elemento lo había adquirido una persona anónima y, luego de las gestiones que incursionó Daniel Hadad con ese sujeto anónimo, se logró establecer un acuerdo. Nos anticipábamos a los feriados nacionales de carnavales, por lo que el miércoles 6 de marzo la producción de Infobae se comunicó conmigo para solicitarme si podía acercarme a los estudios de televisión, pero acompañado de otra persona. Confirmé que iría con mi hijo.

Llegó el día previsto y, al ingresar a los estudios, y en medio del programa, me consultaron cómo me sentiría si tuviera en mis manos esa reliquia histórica. De repente, y antes de contestar, se aproximó una mujer, quien me hizo entrega del casco. Una emoción extrema invadió mi cuerpo. Yo, que nunca había llorado delante de mi hijo, ese día lloré como nunca. ¡Y él conmigo!

¡No podía creer: luego de tantos vericuetos tener conmigo nuevamente el casco que había salvado mi vida!

Por estos momentos no dejo de asistir a escuelas, instituciones, universidades de las provincias de nuestro país, mostrando un trozo de la historia que hoy en la palma de mi mano se hace presente, para evocar un pasado que, por su elevado valor humano, jamás debe olvidarse.

 Beto es uno de los tantos soldados excombatientes que lucharon por nuestra patria, dejando en cada paso su valentía y honor. Jorge Alberto Altieri, junto a un grupo de grandes hombres, hoy como hace tiempo tienen su espacio laboral dedicado a los Veteranos de Guerra, en la obra social más significante de Latinoamérica (Pami). Él, junto a otros grandes héroes como los compañeros, Dardo Adobato, José Andino, Roberto Bielik, Hugo Bulacio, Marcos Gimenez, Miguel Giorgio, Pablo Mariotto, Roberto Piccardi, Oscar Polo, Ricardo Rojas y Gabriel Salgado son para todos sus compañeros de la Unidad de Gestión Local X, Lanús, dueños de gran  orgullo. A ellos, al resto los ex combatientes del ámbito geográfico del país, y a todos los caídos en el combate bélico, nuestro mayor reconocimiento y admiración.

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