Destino M80  

El Arca de Luis Por
Bienvenidos al vuelo estelar de la mano del poeta, escritor y dibujante español, Luis García Orihuela. Relato fantástico exclusivo para Posdata Digital Press.

Destino M80 -posdata-digital-pressComposición fotográfica:Luis García Orihuela. Foto:pixabay 

Posdata Digital Press | Argentina

Luis Gracia OrihuelaPor Luis García Orihuela | Poeta | Escritor | Dibujante

DESTINO M80  

La alegría en aquel vuelo estelar era inmensa. Todos los pasajeros que formaban parte de aquel viaje mostraban unos rostros sonrientes que denotaban  a las claras eran turistas en viaje de vacaciones. Sus sonrisas de oreja a oreja así lo denotaban.

Y no era para menos, aquel estado de euforia se podía palpar en el ambiente. La nave estelar de la compañía Stairnew era de las pocas que todavía realizaban a precios ventajosos el trayecto Tierra - Alfa Próxima —o M80 como era conocida coloquialmente—, en la Constelación de Alfa Centauri. El viaje no requería de mucho tiempo, pues apenas se hallaba a poco más de cuatro años luz desde la Tierra. Simplemente M80 había pasado de moda con el paso del tiempo, a pesar de que todavía para muchos tenía un encanto especial difícil de explicar. Aquella década, aquella música sobre todo, gustaba a jóvenes y no tan jóvenes. Ahora  Stairnew ofertaba el viaje y la estancia en cualquiera de las ciudades prefabricadas disponibles de M80 a unos precios muy populares, y los Brad, (un matrimonio joven con dos hijos. Teddy, de nueve años y Lucy de once, cumplidos dos días antes de la partida) eran un buen ejemplo de todo ello. Los Brad finalmente habían acordado darle el gusto a su hija Lucy por su cumpleaños y pasar las vacaciones en M80,  haciéndolas coincidir estas con el cumpleaños de su hija, forofa (como su madre o más) de aquella década famosa. Ellos eran originarios de Montana. Allí habían nacido, crecido, se habían conocido y finalmente casado. Aunque hubo sus manos y sus menos entre ellos, dieron por bueno elegir finalmente como ciudad de destino la famosa Nueva York.

 Todos los turistas a bordo de la nave Stairnew tenían en común su devoción febril por dicha década, ya lejana en el tiempo cerca de un siglo. La música, la forma de vestir o de bailar los éxitos conformaban un gran aliciente cultural y social que nadie en su sano juicio podía dejar escapar.

Allí, en M80, vivirían todos los integrantes de aquel vuelo durante un mes, descubriendo suponían lo que tanto habían oído hablar y conocido gracias a los miles de videos existentes en los museos temáticos.

 M80 reproducía fielmente todos los detalles de las ciudades del planeta Tierra de la década de 1980, las mismas carreteras y bosques, edificios, estadios, palacios... y revivían todos los vídeos promocionales sacados por las discográficas de entonces.
Como decía Lucy, la hija de los Brad, aquello iba a ser una pasada total. Serían unas vacaciones a-lu-ci-nan-tes.

La nave cerró las compuertas e inicio su viaje híper espacial dejando oír por todo su interior los primeros compases de "Go  West". Todos desde sus cómodos asientos asintieron gozosos desde sus primeros compases. Las vacaciones soñadas habían comenzado.

 La nave aterrizó en M80 en el puente central. Poco a poco todo el pasaje fue saliendo a la inmensa explanada hasta no quedar nadie en su interior.

 —A la vuelta podemos pasar por Ceres. Le prometí a mi madre le llevaríamos de regreso simientes de flor de Ceremila Platea. ¿Qué te parece, cariño? —dijo la señora Brad a su marido mientras recogía de la cinta transportadora su equipaje.

 —Claro, cielo. Incluso podemos comprar también para hacerles un regalo a nuestros vecinos. ¿No te parece, Mami? —dijo el señor Brad tomando su enorme maleta con ruedas y guiñándole un ojo en señal de complicidad— Ellos se lo merecen… eso y mucho más.

El matrimonio sonrió satisfecho de su ocurrencia.

 Desde allí, maleta en mano, los Brad se dirigieron con pasos firmes y rápidos hacia la vía de salida indicada por los carteles luminiscentes.

 Los Moore eran un matrimonio con tres hijos pequeños. Habían pasado el año anterior sus vacaciones en el satélite temático de los dinosaurios. Ellos como funcionarios del gobierno se lo podían permitir sin problemas de ningún tipo. A su regreso les había faltado tiempo para mostrar a sus vecinos —a los cuatro vientos— souvenirs de su estancia de toda índole. No habían escatimado en nada. Casi se podría decir que se los habían pasado por la cara, por no decir del bombardeo constante sobre el destino que tenían previsto para el año entrante:

 —Este año nos vamos a ir de vacaciones a Disney Galaxy, Es caro, si, pero nuestros hijos se merecen lo mejor, ¿No crees Brad?

 Y Brad maldecía en silencio para sus adentros, y se contenía por no romperle la cara de un potente puñetazo. Se sabía fuerte. Era un hombre corpulento y de manos grandes, pero Mami —como llamaba él cariñosamente a su esposa— Le agarraba de la mano y tiraba disimuladamente de él. Luego, al oído, le decía en voz baja: !Déjales digan lo que quieran, Tendrá mucho dinero de la herencia de su padre y del sueldo de funcionarios, pero él es feo y bajito y ella tiene voz de verdulera— y con frases así conseguía apaciguarlo, logrando que poco a poco se le pasase el consiguiente cabreo.

 Los Sanders, eran un matrimonio algo más jóvenes que ellos y con un solo hijo. Vivían frente a ellos y siempre estaban pendientes de sus idas y venidas. La envidia siempre estaba presente y se esforzaban por aparentar ser tan ricos como los Moore… Pero sin conseguirlo. Cómo decía Brad padre: «Os tengo calados». Y en verdad aunque les sonreía y daba los buenos días cuando se encontraban al entrar o al salir de las casas, no los podía ni ver. Se le iban todos los demonios cada vez les escuchaba.

 —Papa, cuando aterricemos... ¿podremos decir palabras de entonces? Me refiero claro está durante las vacaciones —aclaró el joven Teddy ante los ojos interrogantes de su padre que todavía pensaba en Los Sanders.

 —Pues claro hijo. Ya lo sabes. Se trata de integrarnos (en las dos semanas que vamos a estar) con aquella época del pasado que tanto le gusta a tu hermana y a tu madre.

 —¡Escuchad! Es Voyage, voyage… de Desireless —exclamó Lucy toda contenta y comenzando a tararear la canción— “Más lejos que la noche y el día…”.

 —Oh si, es del 86 —dijo la señora Brad sin titubear ni un instante siquiera y mostrando una amplia sonrisa, mientras su hija le tiraba con fuerza de la manga para que le hiciera caso.

 —¡Mira, Mami! Mira. Esa chica, —dijo señalando con el dedo índice— Es como ella. Desireless. Como en los vídeos que tenemos en casa.

 —Lucy, no señales con el dedo. Te he dicho mil veces que está muy feo el hacerlo, y la gente se puede molestar contigo.

 Efectivamente, por la amplia sala de acceso que daba al exterior, primero una Desireless. y luego otras, comenzaron a bailar al ritmo de la canción. Todas eran idénticas, llevaban el cabello cortado en recto y hacía arriba y de un color naranja. Solo algunas de ellas se diferenciaban en el color de las gafas de sol.

 —Bien, pasamos el último control de seguridad y vayamos al hotel en un aerotaxi. Estoy deseando darme una buena ducha y salir a dar una vuelta —dijo el señor Brad a su esposa mientras le indicaba el camino correcto.

 La familia Brad se dirigió hacia el último control del aeropuerto espacial, sin sospechar que sus problemas acababan de comenzar.

Tras mirar sus hologramas de embarque y acceder a todos sus datos, uno de los empleados biónicos introdujo la información pertinente en un panel y acto seguido se dirigió a ellos en un tono de voz impersonal.

 —En cuanto les entreguen su ropa deberán entrar a las cabinas y ponérselas. Sus ropas de plasdoom aquí están prohibidas. No corresponden a esta época. Podrán recuperarlas cuando retornen a su planeta de origen.

 Se abrieron unas pequeñas compuertas metálicas. Una para cada uno de ellos. De su interior tomaron unas bolsas de plástico que llevan etiquetado sus nombres.

 —En cuanto se hayan cambiado de ropa y de calzado podremos continuar —dijo el empleado biónico— Sus maletas las recogerán entonces.

 Los Brad pusieron mala cara. No era para menos. Se miraron como buscando respuestas a unas preguntas que nunca se habían hecho antes de contratar el viaje de vacaciones. Al final, aunque a regañadientes, entraron y se pusieron sus respectivas ropas a la moda de los años 80. Lucy fue la primera en ponerse todo el contenido de la bolsa sin dejarse nada. Estaba encantada con aquellas telas, el sombrerito, y todos los abalorios que le habían dado. Era feliz. Todos tenían la ropa de su talla exacta. Ventajas de la ciencia moderna.

 Teddy salió el primero. Decía le picaba la ropa que le habían facilitado y que sentía calor con ella. Él era más del plasdoom, la ropa que llevaban todos en la Tierra. Confeccionada con nanopartículas capaces de ajustarse al cuerpo y cambiar su forma y temperatura.

 —Bien —dijo el empleado biónico— Veo ya están todos preparados. Estupendo. Ah, dos cosas antes de que se marchen: Sus grabadoras y aparatos tecnológicos que traían han sido requisados, y si les hará entrega cuando se marchen. Pero miren, se les facilita una Polaroid 1200 de impresión inmediata de la fotografía, y un walkman para cada uno.

—¿Y este librito amarillo que nos da? —Preguntó la señora Brad tomándolo de la mano del empleado biónico y mirándolo un tanto sorprendida a su vez.

 —Es una guía de ayuda. Contiene palabras de las que se usaban entonces. Ustedes podrán integrarse durante su estancia entre nosotros más fácilmente.

 —Pero… pero,,, esto es inaudito. Incalificable. ¿Cómo vamos a mostrar a los vecinos que hemos estado aquí sin usar nuestras propias grabadoras de alta resolución?

 —Bien dicho Papi —exclamó la señora Brad frunciendo el entrecejo.

 —Papá, papá… me pican las piernas —dijo Teddy con voz lastimosa.

 —¡Qué guay! Es chachi piruli lo que pone aquí —exclamó Lucy leyendo aquellas expresiones del librito que le habían regalado— ¡Mola pegote!

 Al salir la familia Brad a la calle sonaba por toda la avenida que tenían ante ellos el tema Self Control. La primera en identificarlo fue Lucy.

—¡Mami! ¡Mami! Es Self Control y la chica que canta en la esquina es Laura Branigan. ¡Wow! ¡Qué fuerte!

 —Si cariño. Del 84.

 —Jooo… Lo sabía. Lo iba a decir yo.

 El señor Brad empezaba a sudar del peso de las maletas, a pesar de que su traje de plasdoom demostraba estar bien diseñado y se adaptaba a cada momento con la temperatura requerida.

 —¿Es que no hay un maldito aerotaxi en esta ciudad?

 Un policía se acercó a la familia Brad alertado por las voces. El único que no decía nada era Teddy que estaba ocupado en rascarse los piernas y brazos con más entusiasmo que al principio. Madre e hija se habían olvidado de ellos dos y seguían igual que si fuera un concurso adivinando temas musicales que iban surgiendo cada vez que terminaba uno.

 —Mire ciudadano, En los ochenta los aerotaxi no se han inventado todavía.  ¿Lo capta ya? Si quiere le lleven a su hotel tendrá que alquilar un taxi normal y corriente. Y una cosa, deje de gritar y quejase si no quiere le lleve detenido.

—Mira Papy —dijo la señora Brad acercándose a su marido— Es Bonnie Tyler.

 —Si. Total eclipse of the heart —apuntilló Lucy muy orgullosa de sus conocimientos musicales— Mola pegote. «Date la vuelta. De vez en cuando me siento un poco cansada de escuchar el sonido de mis lágrimas» Oh es tan bella, ¿verdad Mami?

 —Si cielo. Lo es. «de que lo mejor de estos años se ha ido. Date la vuelta, De vez en cuando me siento aterrada…» Cantaron esta vez las dos a duo.

 Por terminar la charla con el policía y dejar de oírlas cantar a esposa e hija, el señor Brad finalmente levanto el brazo y detuvo el primer taxi que pasó por delante de ellos. El policía viendo que ya no creaban ningún tumulto, dio por bueno el desenlace. Sabía que como el señor Brad llegarían más a lo largo del día a M80.

 El taxista, un hombre biónico de buen aspecto, guardó las maletas en el maletero y emprendió viaje al hotel indicado. Subió las ventanillas y conectó la radio del vehículo. La música lo inundó todo anulando la del resto de la calle.

 —Phil Collins —Dijeron Madre e hija a un mismo tiempo.

—«Another Day In Paradise» —concretó el taxista biónico.

 —No me lo digan. No me lo digan por Dios… —imploró el señor Brad con poco convencimiento en su voz y recibiendo un codazo involuntario en el estomagó de su hijo al ponerse a rascarse la rodilla.

 —¡Del 89! —Gritaron el resto de la familia, a modo de coro con el chofer.

 Luego siguieron sonando temas a lo largo de todo el trayecto hasta el hotel… Y en el hotel. Estando despiertos y mientras dormían. En las calles y en los cruces de las mismas, en las grandes avenidas, rotondas y zonas ajardinadas.

 Parecía increíble, pero allí estaban una vez más la familia Brad al completo a bordo de la nave Stairnew, de regreso a la Tierra. Todos con las caras largas, cansados con ojeras y en completo silencio. De pronto fue roto por unas grandes carcajadas dadas por el señor Brad desde su asiento. Fue tal su risa que parecía le fuera a pasar algo de no parar.

 —¿Pero a que vienen esas risas? ¿te encuentras bien, Brad? —Preguntó un tanto asombrada, la señora Brad a su marido.

 —Por supuesto, por supuesto querida. Solo estoy disfrutando al pensar de lo bien que o voy a pasan contándoles a los Sanders lo bien lo hemos pasado y lo mucho nos hemos divertido todos en M80. ¡Les va a faltar tiempo para sacarse pasajes para todos!

 —¡Cómo mola Papi!



 EL ARCA DE LUIS El Arca de Luis
MIS LIBROS PUBLICADOS EN AMAZON

MÁS ARTÍCULOS PUBLICADOS POR EL AUTOR



 

 

 

 

 

 

Te puede interesar