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El laberinto

Mi mundo mágico 26/05/2022 Graciel Cecilia Enriquez
Credito:nacionrex

POSDATA Digital Press | Argentina

Graciela Enrique

Por Graciela Cecilia Enriquez |  |Escritora/ tallerista/ y directora del Diario literario digital Cuentos de hadas y fantasías

Bocanadas de aire intentaban respirar, estaban perdidos en un laberinto sin fín.
Algunas de aquellas personas, aún no se dieron cuenta que  cruzaron el umbral del último camino de aquel viaje que  los llevó a pasear por la Tierra.
Nuevamente respiraban profundo.
Exhalando, queriendo aferrarse a aquel dulce sentimiento de  sentirse vivos, cómodos en sus lugares de confort, pero...ya nunca más.
El tiempo los alcanzó, el día y la hora les llegó a todos ellos al mismo instante. Una nebulosa se esparció por aquel lugar, pululando por todos lados, era una gran neblina espesa pero transparente, dejando los atrapados en medio de la nada.
El laberinto, de enserio no culminaba, era algo así como inalcanzable. 
Y muchos de esos seres ya se habían  dado cuenta que no necesitaban exhalar e inhalar para vivir, no era necesario en esa otra vida.
Un grupo de entre aquellas almas siguieron una incandescente luz que se les puso por delante, y sin tener que hacer, la persiguieron y entrando en esa brillantez desapareciendo. Las otras que se quedaron... no estaban preparadas para lograrlo y se sentaron o al menos eso creyeron, sobre el espacio que tenían bajo sus pies.
Lloraron, se enojaron
gritaron, lamentándose en extremo. Nada ni nadie acudió a sus súplicas. 
Después de un larguísimo tiempo, que  podría  haber sido solo en un abrir y cerrar de ojos, se les presentaron personas comunes con túnicas largas y cordones tejidos con hilos, muchos hilos. Formando un cinturón que caía por el largo de sus faldas. No hablaban, no gesticulaban los labios y por ende, la boca no se les movía pero... aquellos otros seres se comunicaban igual con las almas recién llegadas, entendiéndose a la perfección. Los escuchaban en su interior. Luego de otro rato más, cada una recordó que  ya estaban desencarnados, al llevarse las manos al pecho sintieron que ya no latía su corazón, que en esa máquina de vida, ya no tenía  importancia tal cosa.
El laberinto llegó  al parecer a su final y cada hombre y mujer  según se recordaba como era en la Tierra, así se dejaba ver, sin prejuicios, ni sexo, tampoco le hallaban importancia, porque los espíritus eran asexuados. 
Y entre ángeles y almas recién llegadas (tomadas de las manos, o del brazo) comenzaron un nuevo caminar en un sendero que  se hacía otra vez interminable. Aunque en esta oportunidad con un compañero de ruta, para ayudarlos a entender. Iban desapareciendo en diferentes rumbos y la nebulosa se volvía  intangible,  ya no era tan transparente.
Vivieron así  por un lapso indescifrable, como encerrados en una burbuja; donde leían y trabajaban, hasta estar realmente preparados para retomar desde donde dejaron. Solo algunos llegaron a ser envueltos en aquella luz incandescente. El grupo que quedaba, iba disminuyendo en números de almas. Hasta que ellos mismos se dieron cuenta que  una cadena de plata no les permitía avanzar.
Los hacía más pesados y menos rápido a la hora de mezclarse con la luz.
Y observaron que los que se esfumaron ya no los sujetaba la cadena de plata, por ende, su andar se aligeraba y llegaron a cruzar a otro estado.
Una vez más  escucharon a sus ángeles hablándoles siempre en su interior y fue en simultáneo que cada uno parecía  retroceder en el espacio-tiempo, yendo y viniendo y alejándose más del lugar. El laberinto se hacía más chiquito y las personas que los ayudaron los saludaban despidiéndose solo, hasta otro día.
Como en un salto cuántico cada espíritu se acomodó  dentro de su propia materia de vida. Un corazón que los extrañaba, una mente que despertaba de un aletargado sueño onírico, muy real.
De los que llegaron al laberinto  regresaron seis (en diferentes parte del mundo) comenzaron a mover las manos, las piernas, lenta y suavemente comunicándose de nuevo con el exterior.
La sangre comenzó a  a fluir con mucho más eficacia y alegría, transitando por todas las arterias y venas en un vaivén de destellos vivos.
La máquina humana, ya estaba lista para vivir otra segunda oportunidad.
Aun en el tiempo terrestre, de esos 6 humanos, tres quedaron atrapados entre el otro plano  y este mundo, en esa otra dimensión que  los sedujo. 
¡Vaya a saber uno de esos misterios!...
En ese período de regreso sus miradas fueron... Solo miradas pérdidas en el más allá.

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