Montaña rusa

Tus Huellas en mi tinta 29/05/2023 Mirtha Gladys Alvarez

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POSDATA Digital Press| Argentina

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Por Mirtha Gladys Alvarez | Escritora |Poeta |  Embajadora Argentina de las 100 voces del Legado de los  Sentires.


Se confabularon en escapar una mañana para pasar un día a pleno   en dirección al río. 
En el muelle, ese muelle que se convertiría en una tremenda pesadilla…
Ella salió como todos los días con su pollera tuvo a las rodillas, su camisa blanca con moño azul, tacones anchos y su cartera de Prounne.No sin antes de observar su maquillaje y repasar sus labios con brillo sabor a frutilla.
Toma las llaves del interior de la cartera.
Sube a su Mercedes blanco y a dos cuadras una llamada que hace que su corazón entre en conflicto con su ser... Era él, con su voz tan convincente le dice —: ¡huyamos de esta ciudad solo por hoy...!
Ella, un poco confundida y él, tan insistente   por un momento acepta … Luego se pone a pensar en las consecuencias, en el tiempo, en el quizás, pero vuelve a aceptar…
En el estacionamiento de la empresa, se calza las zapatillas, un gorro con viseras, un joggins  que le pertenecía en otros tiempos al chico de limpieza. Mientras se vestía sentía una libertad absoluta despojada de ese uniforme.
Dejando allí su Mercedes... Todo parecía encajar, los rayos de sol comenzaban a asomar.
Tratando de poner la calma, espera en una esquina que llegue a su rescate, aquel muchacho que promete hacer de sus días algo inolvidable… En minutos, lo ve llegar con una amplia sonrisa, la invita subir a su Suzuki Gris de ruedas anchas con una estampa de rayos de fuego a los costados dando un fuerte pistoneos. Le da el casco de acompañante, ella lo toma rápidamente, agitando su mano para esparcir el humo que dejó y sube a la moto...
— ¡Agárrate fuerte que vamos a volar!!! 
 Ella lo toma con fuerzas y salen arando, como quien dice. Se escucha un grito salir de su garganta, desde lo más profundo…
—¡Disfrutá! ¡No tengas miedo! — le dice a carcajadas.
  —En unos kilómetros subiremos autopista! afirma el motoquero, Ella mira el cuentakilómetros del reloj por entre los brazos:100 km... 200 km. ¡Y se queda muda, tieza, aferrada, sin decir nada, por su cabeza le pasó la vida por delante en un minuto! Su pequeño niño interior tiene ganas de llorar...El viento ruge rozando su cuerpo, el trayecto se le hizo largo entre curvas y bajadas, la sensación de subir a una montaña rusa infinita ...Al llegar al lugar, bajó con las piernas temblando, sus rodillas se chocaban, la garganta seca… ¡Lo mira desaforada con las mejillas tan rojas como un tomate! ¡Dentro de ese casco, que prácticamente se lo arranca y se lo da! Diciéndole muy enojada.
 —¡¡Yo contigo no vuelvo!! Encorvándose y agarradose las piernas.Él solo sonrió... y miró hacia el horizonte. Un paisaje maravilloso…Deja su moto y se dirige hacia el muelle, dejándola con sus reproches.Ella levanta la mirada y lo sigue.Aun temblando, pero con curiosidad al ver cómo una gaviota se posa sobre la crujiente y ajada madera por el sol de todos los días Se acercan y notan que el río corre fuerte, desbordando sus orillas.Haciendo caso omiso se sentaron en ese muelle mojando sus pies…Antes de volver a la ruidosa ciudad desorganizada, desequilibrada pero necesaria ...
— ¡El río es como la vida! Corre... Fresco, a veces tormentoso, otras calmo y sereno…—¡Solo disfruta NOÉ!—Le susurra Renzo al oído, acariciando la sonrojada mejilla. NOÉ se aleja y sorprende a Renzo confesando su verdadera identidad. El filoso silencio se hace eco del lugar…




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