Jairo y Claribel

Mi mundo mágico 24/12/2023 Graciela Enriquez
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Graciela Enriquez

Por Graciela Cecilia Enriquez| Escritora| Tallerista| Socia de SADE (Lomas)

Sus vidas eran insulsas, tan apagadas, tan simples, que siempre soñaban con correr algunos que otros riesgos o peligros que hicieran que los rescataran de ese letargo entre sueños y pesadillas, nada salía de sus rutinarias y sencillas forma de vivir. Aunque toda aquella simplicidad iba a pasar a otro plano, a otra dimensión. Unos meses más tarde después de una extraña visitacomenzaron a sentir sensaciones raras, cosquilleo en todo el cuerpo y la piel de brazos y piernas se volvían de gallina. Mientras el clima cambiaba a en el transcurso de aquellos meses de invierno, una neblina densa junto con una llovizna de fina nieve fría y seca, caía sobre la ciudad. Jairo, enfermó de neumonía y debía hacer reposo estricto, la fiebre por días solía controlar su mente y su memoria, haciéndole ver sombras y figuras que se desdibujaban por toda su habitación, hasta que el rey del sueño atrapará su corazón y se durmiera otra vez. Su melliza Claribel, entraba y salía de la casa, a ella nunca le sucedía nada, nunca se enfermaba, era brillante, alegre y feliz, parecía que su vida era diferente a la de su hermano. Cuando Jairo sanó, sus padres mantuvieron una discusión muy acalorada, ya que parecían no coincidir en la solución al tema que también era vedado a los mellizos. Y llegaron a la conclusión de que debían mudarse hacia un lugar donde no fueran conocidos, era lo mejor para la familia. Entonces aunque creyeron alejar el problema de ellos, fue todo lo contrario, allí comenzó sus verdadero calvario. Uno en que ambos jovencitos serían los protagonistas de hechos tan sombríos. Al llegar al nuevo pueblo, todo era diferente a la ciudad que dejaron detrás. Despuntaba la primavera con sus primeros días tibios donde el sol se iba enterando de que pronto las flores se abrirían para despedir su fragancia y perfume silvestre, y un verde intenso rodeaba lentamente todos los jardines de las casas y más allá del horizonte, donde en el claro del bosque la vegetación reverdecía. No obstante las cosas se volverían igual de misteriosas a partir de aquellos días, las neblinas comenzaron con la llegada de la familia introduciéndose en el pueblo, llamando la atención de los lugareños. Y aunque ya la temporada primaveral se estableció y la neblina desapareció, quedó una sombra oscura y densa apoderándose de los corazones. Las personas se escondían al atardecer dando así la apariencia de ser un pueblo fantasmal.

Claribel dejó de ser una florcita alegre y feliz, aquella niña que canturreaba y destilaba juventud, para convertirse en una persona miedosa con temores irrazonables al aparecer en la puerta de su nueva casa, otra vez, aquella visita extraña. Un ser realmente raro con el seño entre fruncido el que desfiguraba su rostro asustando a quien lo mirase, con apariencia oscura y huraña. Llevaba una sotana larga y negra, con un cuello blanco, pantalones igual color, y zapatos encharolados, llegando de vaya saber dónde. Les pregunto por su padre y ellos titubearon para responder, pero allí salía su madre pidiéndole que entre a la casa, con mucha amabilidad aparente, y que su esposo esperaba dentro. Lo primero que les dijo es que se fueron antes que le diera la noticia de que obtuvieron una herencia. Un hermano del padre, tío desconocido para los mellizos, había fallecido y que les dejaba su legado familiar. Todo se tornó descabellado e inverosímil, pero nunca hablo mucho de su vida antes de casarse, era un secreto que dejó durmiendo en su pasado pero esta vez lo alcanzó. El ser extraño era un abogado, aunque también parecía un cura de épocas pasadas, que le entregaba en manos la escritura de un inmueble Real. El pueblo seguía a oscuras, el cielo lloro, y las nubes se tiñeron de gris, y relámpagos gigantes iluminaban el firmamento. Al día siguiente el sol salió y las personas enfrentaban su destino, algunas parejas se amaban en la plaza, como niños jugaban en sus juegos infantiles, nada había de distinto a otros días. Lo que dejaba de ser normal era aquella familia. Jairo ¡si!, curo sus enfermedades físicas , pero le nacía otras como espirituales y psíquicas. Estaba dispuesto a todo, pero triste, muy triste porque su hermana se alejaba de él, cada vez más. Sus padres trabajaban todo el día y por las  noches el cansancio los superaba, y se olvidaban que sus mellizos existían. Y desde que los encontró ese hombre raro, estaban más ausentes que de costumbre, pensativos y perdidos en su propio mundo. Cuando el abogado apareció nuevamente en su puerta, y les pidió que tomarán posición de su mansión, Claribel se enojó, porque se hacía de amigos y cuando todo le iba bien, se mudaban y ella vivía en una soledad continua. Algo en ella la atormentaba, haciéndola salir por las noches un rato, según ella, para ordenar sus pensamientos. Luego de un par de semanas, les avisaron que ya era hora de hacerse cargo de sus nuevas vidas en aquella mansión tan distinguida.

Y para cuando tuvieron que decidir en forma definitiva, estaban preparados para dar el paso trascendental, era una gran oportunidad económica, con un inmueble magnífico y muchas hectáreas verdes y un bosque propio. Esa misma noche hicieron las maletas y dejaron casi todo el resto porque no lo necesitarían, y ya sin darse cuenta viajaban a su destino incierto. El hombre aquel los estaba esperando, le entregó al padre un manojo de llaves, lo saludo y se fue casi corriendo. Jairo lo siguió con la mirada y logró observar en su semblante una sonrisa secreta, llena de misticismo e ironía, con la que complacía su avidez al entregar por fin esas llaves a la familia y librarse de algo que cargaba sobre su espalda. Al entrar las maderas crujieron y las paredes de colores, lánguidas les daban la bienvenida. Recorrieron una parte de la casa , las habitaciones eran muy amplias y cada uno de los jóvenes tenían una pieza para ellos solos, las que estaban en el primer piso. Luego había un altillo en el segundo piso y muchos corredores y pasillos, y escaleras que iban y venían. Debajo de planta baja un sótano lúgubre con olores muy feos. En el altillo había cosas antiguas y muy viejas que al parecer nadie las quiso de vuelta, un lugar que provocaba pánico y pavor, más siendo una mansión construida en otro siglo. Los días parecieron volver a brillar, pero antes que la estación invernal se despidiera para dar otra vuelta por el mundo algo ocurrió… Jairo paso frente a un espejo que creyó ver en el sótano, o tal vez había otro igual, y se dio cuenta que la vida que llevaba tenía que cambiar drásticamente porque sino toda esa oscuridad que le venía acompañando desde los últimos años cuando comenzaron las mudanzas, llenaría su interior cubriéndolo por siempre sin permitirle escapar de algo así. Y su existencia sería tan vegetal como una planta, ese espejo tenía Grabados misteriosos, no muy conocidos por él. Tallado en madera de algarrobo e inscripciones de runas y acertijos extraños, y a partir de ese día una nueva sombra deambulaba por la casa y sólo Jairo la veía en noches de tribulaciones invernales. Mientras tanto Claribel se perdía durante las tardes hechiceras, refugiándose en un claro de su bosque encantado donde en su inmensidad halló una laguna que la llamaba desde dentro de sus aguas, las voces se dejaban oír diciendo su nombre e imágenes difusas se acercaban cerca de la orilla entre las aguas cristalinas, casi invisibles. Un sentimiento de miedo insistía que se alejará pero al mismo instante la invitaban a entrar en ellas, y ser una con la laguna. Así ocurría todas las tardes y una de esas tardes pudo más la curiosidad y se dejó llevar por esas voces que murmuraban cánticos ingenuos, y al volver su sentido común ya estaba flotando, pataleando e interrumpidamente pidiendo auxilio, el que no llegaba y nunca llegó.

La distancia era mucha y no logró alcanzar la orilla, su respiración iba disminuyendo y quedó boca arriba mirando el cielo sin ver, ya su miraba se había ido. Falleció allí, y nadie aún lo sabía hasta unos días más tarde. Desde su desaparición su mellizo enloqueció y no dejaba de mirar el espejo, la locura entró en él y la sombra aquella lo cubrió con su manto, abriéndole un portal a lo desconocido y luego de intentar varias veces leer y entender que decían las runas y acertijos, lo logro. De dentro del espejo una masa gelatinosa se mostraba mientras él metía y sacaba sus manos sin problema alguno, se sonrió y fue una sonrisa siniestra y maléfica. Jugando así, le pregunta donde estaba Claribel y este le muestra  un cuerpo tieso, pálido, húmedo que era llevado por la brisa encima de la laguna, una pequeña corriente interna lo alejaba más y más de la orilla hacia el centro de la misma, hacia la profundidad tan inquietante de las aguas estancadas, volvió a preguntar qué podía hacer para recobrar a su hermana, si podría volver atrás el tiempo o como traer su cuerpo para darle santa sepultura . Entonces en el espejo se fue acumulando con fuerza esa masa gelatinosa que se mecía recorriendo sus bordes, estallando hacia afuera elevando al chico en el aire, levitando entre ese vacío que hay en el espacio introduciéndolo dentro de él. Luego se selló y volvió a reflejar el reciento donde se encontraba. ¡Jairo también había desaparecido!. Sus padres intentaban entender porque su hija huyó de casa, para cuando se dieron cuenta ambos jovencitos estaban desaparecidos. Las paredes de la vieja mansión susurraban una canción de cuna, que solían cantarles a los niños que vivieron allí en otras épocas pasadas. Mientras los padres se reunían con personas lugareñas, formaron un grupo de rescate, a los que se les abrió el portón de entrada a la propiedad, y todos pisaron tierras embrujadas. Alguien al mirar hacia arriba vio como una mujer vestida con atuendos viejos miraba a hurtadillas, pero en un abrir y cerrar de ojos la imagen se esfumó. Buscaron por horas y horas, ya exhaustos, igual siguieron un rato más. Del otro lado de la realidad, en un mundo paralelo y dimensional, Jairo hacia lo imposible por recuperar el cuerpo sin vida de su hermana, sin quitar la vista a un espejo símil, de aquel que había en el gran comedor. Este estaba sucio, desgastado y sus símbolos estaban corroídos por los años, todo era muy parecido a la realidad pero diferente a su vez. Sacando el cuerpo de su melliza del centro de la laguna justo que volvía a la vida, tomando un giro distinto la situación, ya que en su centro se encontraba girando un torbellino que deseaba absorberla hacia sus profundidades. Cuando ella comienza a respirar Jairo le jala de la ropa para sacarla de aquella batalla. Entonces se le ocurre volver a pedirle ayuda al feo espejo acordándose de cada palabra que dijo para entrar a esta dimensión desconocida, igual seguía peleando para que no los devoré a ambos ese círculo maligno. Y así el espejo los atrajo con esa masa gelatinosa hacia su interior, desapareciendo también el feo espejo.

Cayeron en la realidad del piso de la mansión, los dos hermanos estaban vivos, y de una manera extraordinaria los dos sanos y salvos. La sombra se les acercó y quiso cobrar su intercesión en este caso, les tocó el pecho y les pidió su alma a cambio. Por lo tanto solo eran seres parecidos a los hijos de aquella pareja. Y el espejo también se escondió entre las aberturas de las paredes, volviéndose muy normal. Y ellos fueron los chicos que ya no eran, y en su mirada se podía ver la falta de luz de sus ojos juveniles. Todo aquello dejó un rastro muy terrible en sus vidas, la mansión sello sus futuros irreversiblemente. Cuando sus padres y habitantes del pueblo regresaron se pusieron alegres porque los chicos estaban bien. Y ellos les contaron otra historia que todos creyeron al pie de la letra. Cada uno de sus vecinos se fueron sabiendo que el bien había triunfado; luego aquella persona que miro hacia arriba al llegar al lugar, una vez más vio a esa mujer atemporal mirando al exterior con una grande sonrisa sarcástica como riéndose de las pobres personas que se creyeron todo el cuento de los mellizos. Y un escalofrío recorrió su cuerpo dándose vuelta rápidamente después de ver un par de veces más y ya no había nadie. Las puertas de la mansión se cerraron con un ronquido gutural, y la familia se abrazo y se estrecharon en un abrazo infinito, rieron los cuatro, padres e hijos, ¿Felices?.

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