El camino de luciérnagas

Tus Huellas en mi tinta 15/05/2024 Mirtha Gladys Alvarez
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Crédito:composicón gráfica por Posdata Digital Press

POSDATA Digital Press| Argentina

mirtha alvarez

Por Mirtha Gladys Alvarez| Escritora| Poeta

—Camino un poco lento—decía Zenón)—, al pasar por un  puente colgante  hecho de troncos, que lo dejaba del otro lado del arroyo, sobre un camino de ripios.
El viejo gruñón, no dejaba de quejarse.
Lo acompañaba un joven, llamado Bill, de contextura robusta y atlético.
Muy curioso por ver, donde iva tan entusiasmado ese  hombre alumbrado por luciérnagas.
—Antes lo hacía rápido, ahora estoy rengo y medio torcido, por la ciática que me esta jorobando—,le contaba Zenón a Bill—.
—Era estupendo, cuando no estaba roto este camino.
—¡Estoy cansado de caminar por el empedrado! —,Replicaba—.
Caminando medio gacho, para ver en la oscuridad. 
—¡Si lo hubieran iluminado un poco!—...ofuscado  grunguñaba—.
Lo cierto, es que tenía un poco de razón el viejo Zenón. En ese suelo, sería  catastrófico un tropezón, si andas acelerado por allí.
Pero, llegar a la cima, y poder ver el horizonte...
Quedarte ahí, un poco perezoso, en el sin fin de aquel paisaje verde y florido, que dice, ir a ver ...¡Vale  la pena!
Pero, Zenón, no iba por el paisaje, sino por una alucinante  magia que solo él experimentaba en ese lugar.
Lo importante, es estar lejos de todo —decía Zenón—, dándole  aliento al joven curioso.
Pasaron cinco horas yá desde que salieron de la ciudad.
—Está muy caluroso, —,dijo el joven—. 
Pero al fín llegaron  al lugar soñado. 
Un pueblo rural, perdido entre los árboles de ombú.
En la sombra, hace un poco de frío cuando es invierno, pero en verano y primavera es un verdadero sueño. 

Apenas llegan al lugar indicado, Zenón se tira en el pasto verde y se queda de cara a la luna.
Decía que Esperanza, en ese momento se hacia  presente. 

La verdad que yó que vivo colgado en la terraza, lo entendía al viejo Zenón. 
En un punto, a mi también  me ha desbloqueado este lugar despoblado. 
Y ahora también soy cómplice de ese  sueño que tiene el viejo delirante.
De pronto...Se siente como una pesadez en el clima...
—¡Qué loco!  se vino un diluvio—,dijo Bill—.
Salieron  corriendo  rebotando entre la arboleda, charqueando, trastabillando. 
—Estos pronósticos ya no son auténticos, la información  está cruzada—, Dijo muy asustado Bill—. 
—Soy un poco incrédulo, pero me quedé sin aliento, en medio de esta tormenta,— ¡escucho una voz! como susurros...
¡Algo fantasmal!—, sigiloso balbucea—.
Y se quedó callado quietito.
Entre el viento y la lluvia torrencial, se vé  una bella mujer,  sosteniendo a Zenón.
Era algo alucinante, un ser luminoso...
Le dio de tomar  algo aromático.
Parecía  ahuyentar  todos los  males del lugar.
—¡Gracias  noble mujer!— Le Gritó Bill—, mientras un poco torpe  y con dificultad se acercaba .
—Gracias a tí, tiene vida...¡No lo ví caer! 
—¡Podría a ver muerto!—, aseguré—.
Deslumbrado por su radiante  belleza, y sin ni si quiera mirar a Zenón.

—Los años  se sienten, caminando tanto ¿verdad? —contestó la bella mujer con voz irónica—, mientras llama a su corcel blanco con un aplaudir de manos. 

—¿Que dices? —,adjudicó Bill—.
Entonces  se miró las  manos, y estaban viejas y arrugadas....¡como las de Zenón!
—¿Y mi juventud? ¿Que ha pasado? —,dijo Bill desesperado —.

— Estamos aislados de todo el pueblo, siguió hablando la mujer.
Y subió en anclas a Zenón llevándolo  hasta una cabaña cercana . 

Bill, quedó con todo su achaque, sentado bajo un frondoso árbol y desorientado, esperando  que pare de llover. 

Y Zenón, descansando  en la cabaña con su amada.
Al otro día, desde la cocina se escuchaba el sonar de una canción. 
Con la sensualidad que lo hacía, solo su dulce Esperanza...
— Quisiera que mis ojos te estuvieran fotografiando—,Decía Zenón— .
Guardar estos recuerdos...
Y asi, seguía pescando cada pensamiento en su delirio, que  aveces le parecía estupendo.
¡Su mente  estaba en otro planeta!
Sigue creyendo, chasqueando sus dedos, pellizcando un poco su joven cuerpo robado.
Rogando que fuera cierto mientras  va cayendo  muy despacio a la realidad. 

— ¡Hay amores que no se olvidan!...
Cupido dejó una huella, en esta tierra de tránsito, y así encontrarnos, tan jóvenes—, Le decía a su espiritual doncella—.
—Pero llegó la hora del retorno y planear el regreso hacia la  ciudad.
Después del temporal, Zenón dejó la cabaña por la noche...
Marchando en ese sendero alargado ... 
Divisa a lo lejos, venir a  un viejo rezongón, alumbrado entre  luciérnagas. 

¡La Mágica experiencia... en minutos terminará! 

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