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Cuando doblan las campanas

Prosa de "La historia de May"

Literatura - Literatura 16/09/2018 Amilé Morosi

Posdata Digital| Argentina

Mi seudónimo es Ankali, (palabra que en el idioma Aymará significa«rebelde». y ese es el nombre que pretendo se vea en las tapas de mis libros. Nací con una estrella asida a la voluntad de transformar. Para quien pregunte mi edad solo les puedo decir que soy curiosamente como esa estrella (de esas que son «sin cuenta». Crecí en la Araucanía argentina, bajo el signo de Escorpio, un 10 de noviembre después de Cristo.

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Amile-CampanarioY cada tanto el viento viene a mi auxilio, trayéndome el sonido de las campanas del convento donde crecí. Como un recordatorio de lo logrado ante lo sufrido, como un estimulo para volver a salvarme.

De la penas del acoso , de los ojos enrojecidos de lidiar contra el acecho , ,de la piel tan helada para contrarrestar rubores y de los dolores más oxidados que habitan en el campanario de mi alma.

 Doblan las campanas con la claridad del sol en la mañana, con la benevolencia de la lluvia en las lavandas Con la contundencia de los tambores chippewas ...

Doblan las campanas por los muertos en vida, por los sobrevivientes de guerras y por los guerreros que se entrenan sin estrategias,

Doblan las campanas por cuestiones de indulgencia rememorando todas las batallas ; las más y menos sangrientas.

Doblan, por las rodillas a tierra, por las manos pegadas y las miradas tiesas. Doblan como un recordatorio para erigirse con mayor fuerza y sin esperanza alguna como la luna en la espera.

Doblan por los rezos más oídos y los gritos menos soltados. Por los que fuimos soldados blandeando espadas sin filos por los que aún adiestrados sin querer ir a batalla. Fuimos

Doblan las campanas por las veces que la parca me acarició a ex profeso. Por los trofeos en alza al seguir con vida Con lo poco de aliento que tenía, , con el resto de los huesos aún enteros, con la sobra de los miedos y con lo único de fe en mi misma.

Doblan las campanas del convento para recordarme que la única manera de seguir en ésta vida es levantarse de vuelta. Abrir los brazos y dejar que el viento me lleve adonde quiera aunque después de tanto tiempo (yo), aún permanezca herida.

Cuántas veces pedí ayuda sin hablar como esas campanas que doblan para tantos oídos... Y me tope con el monstruo de la indiferencia y el payaso del prejuicio. Estaba muriendo en vida y nadie pero nadie vino.

¿Quién puede ver la herida que te sangra desde adentro? . Aún hoy me pregunto si fallé en el punto justo del grito por la prisa, aún hoy pregunto...

-¿Quién escucha a los ojos cuando gritan?- 

@ Derechos reservados de autor Amilé Morosi

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