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Ana Frank: la historia de la niña judía que relató el Holocausto

Imagina que a tus 10 años estas viviendo en un escondite y sin poder hacer ruido porque te podrían descubrir, así que tu único escape a esa realidad es escribir en un diario...

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Ana Frank. Foto:tekcrispy



POSDATA Digital Press | Argentina

Imagina que tienes 10 años y un conflicto grande sucede en tu país. Entiendes que es una guerra y que es grave, pero a esa edad no puedes comprender mucho del mundo más allá de lo poco que conoces. Cada vez te dejan hacer menos cosas y, a tus 13 años, tu familia y tú terminan viviendo en un escondite y sin poder hacer ruido porque te podrían descubrir, así que tu único escape a esa realidad es escribir en un diario.

Así fue la vida de Ana Frank, la niña judía que nos dejó uno de los relatos más aterradores y acertados de lo que tuvieron que vivir aquellos que se escondían para sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial.

Annelies Marie Frank nació el 12 de junio de 1929 en Fránkfurt, Alemania, en un contexto en el que los nazis estaban ganando popularidad en el país. Con los discursos antisemitistas y el odio creciente que se apoderaba de Alemania, Otto y Edith, los padres de Ana, deciden abandonar la nación por su propia seguridad y mudarse a Holanda en 1934.

Ana Frank y su familia caminando por en Holanda

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Una vez en Holanda, Ana y su hermana Margot comienzan a asistir a la escuela Montessori, pero posteriormente deben cambiarse a un colegio judío. Vivieron bastante felices hasta 1940, cuando los alemanes invaden Holanda y comienzan a imponer medidas estrictas contra los judíos.

En 1942, en el cumpleaños número 13 de Ana, ella recibe un cuaderno de autógrafos como regalo, el cual decide utilizar como diario. A ella siempre le había apasionado escribir y eso era a lo que quería dedicarse cuando estuviera mayor.

No mucho tiempo después, la situación en Holanda se agrava y la familia de Ana, que ya había huido de Alemania, no ve otra opción que comenzar a esconderse. Así, casi un mes después del cumpleaños de Ana, la familia se muda a un anexo del edificio Prinsengracht 263, en donde se ubicaba Opekta, la empresa en que administraba Otto. Allí, deciden esconderse de la Gestapo con la esperanza de que toda la pesadilla se acabara.

Para acceder a las habitaciones de atrás, como así las llamaba Ana, debía abrirse un librero desplazable que disimulaba la entrada del anexo. Durante el día no podían hacer ruido, puesto que no todos los que trabajaban en Opekta sabían lo que estaba pasando y los podían descubrir. Su único contacto con el exterior era gracias a unos amigos de Otto que trabajaban en Opekta y eran confiables. Así estuvieron durante dos años, y mientras tanto, Ana escribía lo que pasaba en su diario.

En una de las entradas del diario, Ana describe que un día escucharon un pequeño ruido en la pared y ni su familia ni las otras cuatro personas que se escondían con ellos sabían qué lo había provocado. Pocos meses después, el 4 de agosto de 1944, la Gestapo irrumpió en el recinto y se los llevó detenidos a todos.

La familia fue separada. Ana y Margot fueron trasladadas al campo de concentración de Auschwitz y luego, a Bergen-Belsen. En este, las hermanas fallecieron luego de contraer tifus marzo de 1945, poco tiempo antes de que se acabara la guerra.

Las habitaciones de atrás

Otto fue el único de la familia en sobrevivir al Holocausto, y se enteró de la existencia del diario gracias a que una de las personas que los ayudó a esonderse lo había guardado y se lo entregó en julio de 1945. Dos años más tarde, logró publicar el diario, titulándolo ‘Het Achterhuis’, lo que se tradujo como ‘Las habitaciones de atrás’.

En realidad existen tres versiones del diario. La primera es la que escribió Ana inicialmente, que consiste en varios fragmentos aislados y anotaciones desordenadas acerca de lo que sucedía en su vida.

La segunda versión la armó la misma Ana gracias a que, en 1944, escuchó una emisora holandesa que, cuando acabara la guerra, se haría un registro público que recibiría las anotaciones, cartas y fotografías sobre la ocupación nazi. En este momento, Ana decidió organizar sus anotaciones en un solo relato más coherente y ordenado, con nuevas anotaciones acerca de sus reflexiones y otras ideas.

La última versión es la que publicó Otto inicialmente. En esta, el padre revisó e incluyó datos de las primeras dos versiones, pero también eliminó las escenas sexuales y en las que Anna se expresaba negativamente de sus compañeros de escondite. Esta última es la más conocida de todas y la que, finalmente, se popularizó.

El edificio de Opekta fue convertido en un museo que contiene la historia de Ana, varias exposiciones acerca de su vida y la de los que se escondieron con ella. Ahí también está la versión original del diario.

Aunque no pudo ver el fruto de su trabajo, Ana se convertiría en una de las autoras más famosas del mundo. Su diario está dentro de los diez libros más leídos y su relato es uno de los más reales y crudos de la historia de la guerra. Su vocación de escritora iba más allá de lo que podrían decir los demás, aunque sí tenía ansias de que sus textos dejaran una huella en el mundo:

“Quiero seguir viviendo, aun después de mi muerte. Por eso le estoy agradecida a Dios, que, desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de expresar todo cuanto acontece en mí”.

Entrada del diario de Ana el 6 de abril de 1944

Fuente:tekcrispy

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