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Pesca en kayak

¿Cuándo entenderán los hombres que no todo lo que decimos es cierto?

De mí hacia ustedes María Cecilia Marsili
pesca en kayak
Créditos:navegar

Posdata Digital Press | Argentina

Cecilia MarsiliPor Maía Cecilia Marsili |  Narradora Oral | Escritora
Pta: Presidenta de la Asociación Civil
Compartiendo Miastenia Gravis


Pesca en kayak

¿Cuándo entenderán los hombres que no todo lo que decimos es cierto? ¿a quién se le ocurre y que una puede disfrutar de la pesca en kayak? Son cosas que se dicen los primeros meses, días del noviazgo: Me encanta la pesca y más aún si es en kayak. Pero no, no y no. Son estupideces que nos salen para conservar la especie. Los varones también nos mientes, con dos grandes diferencias: ellos mienten para poder colocarlo en cualquier bivalvo, chochona, ostra que encuentran por ahí y nosotras lo sabemos. Nosotras mentimos para que nos acomoden un pilin, pitulín determinado, elegido cuidadosamente…ese y no otro y ellos nunca se enteran de que les mentimos. Pueden llegar a creer que cualquiera de nosotras está encantada de veranear en Victoria y divertirse con la pesca y, especialmente si es en kayak. MIralo cómo se sonríe con la tararira en la mano. Parece estar dándole la mamadera. Nunca se dignó dársela a sus hijos. Él está para la aventura, la parte divertida. Los chicos lo adoran.

kayak4Crédito:seránoticia

Y yo acá con ellos en la costa tratando de que no hundan los pies en el barro con olor a podrido, que los mosquitos no los coman y que no se saquen los sombreros porque el sol nos calcina. Él sonríe satisfecho desde su kayak naranja con su ridículo gorrito y sus veinte kilos de más. Cuando nos conocimos, tenía los abdominales marcados; ahora lleva la marca de su gusto por la comida basura. Para colmo, en busca de tranquilidad y vida ecológica dormimos en carpa. —Gordita, ¡es más romántico!. Vamos a hacer el amor a la luz de la luna. Gordita su madrina, hace dieciocho años que me mato por conservar el  peso con el que me vio la primera vez. Hacer el amor, ni ahí. Cae muerto de sueño y ni se da cuenta que duermo a su lado.

Eso si. Besos sobran. Con cada tararira es tal su estado de excitación que me llena de besos al paso, hasta ahí llegamos. Se ríe con los guías, almuerza con ellos, preparan juntos el asado, tienen grandes temas de conversación. Yo estoy pintada. El carácter le cambia…Se pone elocuente, cuando en casa nunca tiene nada para decir. Ríe a carcajadas. ¿Hace chistes? Duerme a pata ancha. Sobre todo.

thumbnail_kayak2Créditos:mundo yerba

Cuando no esta en el agua, saca fotos de los pescados, de los pajaritos, de las plantas, de los guías, del paisaje. ¿Y nosotros? Nada. No existimos. Cada tanto llama al mayor de los chicos para que se suba al kayak con él y lo lleva  río adentro. Yo sufro desde laq costacon olor apestoso. Me paro. Me siento. No puedo dejar de mirar la mancha naranja que se aleja. Solo respiro cuando vuelven. Ambos felices. Yo envejecí cinco años en cinco minutos.

Hace rato que está luchando  con un infecto pescado maloliente. Está concentrado. La lucha contra el medio le encanta. Se siente Tarzán. El kayak se mueve violento. La tararira debe ser grande. Se paa…¿¡Cómo se va a parar en un kayak? Qué ridículo. Siempre igual. Se cae…Por favor, se cae…Ya estoy a los gritos. ¿A quien le grito? Los guias salieron a comprar provisiones. ¿Qué hago? Con gritar no alcanza. Los chicos misteriosamente se quedaron mudos y paralizados. Sigo gritando sin saber que hacer y el que no asoma a la superficie. ¿Me meto en el esta agua marrón y semipodrida? ¡qué asco!. Es el padre de mis hijos, no los quiero huérfanos. Ahora veo sus manos. Yo ya estoy hundida hasta la cintura en el lodo. Por qué habré mentido. ¿Qué necesidad? Él me despierta con besos y café todas las mañanas, con el tengo hijos y sueños, e él tengo puesto mi deseo, con él quiero envejecer. El kayak flota dado vuelta y se aleja. No lo voy a poder encontrar en esta agua oscura. Siento cálidas gotas en mi cara.  De pronto surge luchando con un pescado enorme, ¿Poseidón? Sonríe mientras rueda por su cara todo el barro del rio. Solo se le ven los ojos y los dientes. Lo miro inmóvil, callada, boquiabierta. Las lágrimas siguen cayendo por mis mellijas Ahora de enojo. Me abraza todo embarrado. Qué flor de susto, gordita. Sigue riendo, ahora a carcajadas. Lloro con angustia, repugnancia y enojo sobre su hombro. Esto ya es demasiado. Me voy a casa. Y las próximas vacaciones, si quiere pescar será desde un crucero, yo me voy a Miami-.

 

GRUPO MACEDONIO FERNANDEZ

Cuentos de Recienvenidos Volumen I

 

 

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