Al igual que la Peste Negra, el coronavirus aviva olas de ataques racistas y xenófobos

El coronavirus ha actuado como un catalizador para que las creencias racistas y xenófobas existentes se propaguen.
Peste-Negra
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POSDATA Digital Press | Argentina

A la fecha (6 de marzo) el nuevo coronavirus, conocido como SARS-CoV-2, que causa la enfermedad COVID-19, ha afectado a más de 93.000 personas, matado más de 3.100, se ha extendido por todo el mundo y ha hecho caer los mercados de valores.

Las analogías con la Peste Negra, el brote de la peste bubónica que fue responsable de la muerte de un 30 a 50 por ciento de la población de Europa a mediados del siglo XIV, eran inevitables.

Similitud alarmante
La similitud más inquietante entre ambas no radica en las enfermedades en sí mismas sino en sus consecuencias sociales. En aquel momento, como ahora, los brotes se atribuían a ciertos grupos étnicos.

Si bien algunos medios de comunicación han empezado a referirse al brote de COVID-19 como la “plaga moderna”, la amenaza de esta afección sigue siendo insignificante en comparación con los brotes históricos de la plaga.

El coronavirus ha actuado como un catalizador para que las creencias racistas y xenófobas existentes se propaguen. En la imagen, una muestra de cómo algunos negocios prohíben el ingreso de clientes chinos.

Ciertamente hay algunas similitudes. Al igual que la Peste Negra, COVID-19 proviene del Lejano Oriente y de la transmisión de animal a humano, y se ha convertido en una pandemia de gran alcance cuya propagación fue posible por el globalismo: el imperio mongol y los negociantes italianos que comerciaban en la Ruta de la Seda en el caso de la Peste Negra, y los modernos viajes aéreos y los mercados internacionales en el caso del coronavirus.

Pero la similitud más alarmante entre ambos es la forma en que el público reaccionó. Durante la Peste Negra en el siglo XIV, las comunidades judías parecían morir en menor número que sus vecinos cristianos. Muchos vieron esto como evidencia de que los judíos estaban propagando intencionalmente la enfermedad envenenando pozos, ríos y manantiales. Como resultado, los judíos de toda Europa fueron torturados y asesinados.

Cientos de comunidades judías fueron atacadas, y muchas fueron destruidas. En la ciudad de Estrasburgo, varios cientos de judíos fueron quemados vivos en una casa de madera construida especialmente para ello. En Basilea, Suiza, 600 fueron quemados en la hoguera y 140 niños fueron bautizados a la fuerza.

Blanco de ataques
Hoy en día, los asiáticos de todo el mundo se han convertido en el blanco de ataques racistas y xenófobos. Las empresas del Barrio Chino de Londres han informado de una caída en el comercio debido al creciente temor a comer alimentos asiáticos.

En Roma y otras importantes ciudades europeas se prohíbe la entrada a “todas las personas procedentes de China”. En Bolivia, tres turistas japoneses fueron puestos en cuarentena en un hospital, a pesar de no haber viajado nunca a China ni presentar síntomas de la infección.

Aunque el nuevo coronavirus ha afectado a más de 93.000 personas y matado a más de 3.000, la amenaza de esta afección sigue siendo insignificante en comparación con los brotes de la plaga.


Desafortunadamente, cientos de años después parece que estamos repitiendo los mismos errores que en el pasado. En el actual clima de ansiedad y miedo, la desinformación se está extendiendo tan rápidamente como el propio virus.

Los orígenes del coronavirus han sido reportados como una fuga accidental de un arma biológica creada por el gobierno chino. En los medios sociales, algunos sostienen que el virus es un “encubrimiento” para las enfermedades relacionadas con la redes 5G. Algunos medios de comunicación continúan exagerando las tasas de mortalidad, llegando a afirmar que hay más de 100.000 muertos.

Entre las comunidades judía y cristiana existían tensiones mucho antes del brote de la Peste Negra y el sentimiento “antichino” existe desde mucho antes del brote del coronavirus, el cual ha actuado simplemente como un catalizador para que las creencias racistas y xenófobas existentes se propaguen.

Aprender de las experiencias pasadas es una virtud invaluable, y mientras la propagación del coronavirus continúa, las lecciones del pasado representan una herramienta importante que podría ser aprovechada para prevenir más ataques racistas y xenófobos.

Fuente:tekcrispy

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