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Por qué los hombres son más propensos a correr riesgos que las mujeres

De acuerdo a sus resultados presentados en Frontiers on Neuroscience, ello podría tener que ver con diferencias neurológicas y hormonales entre ambos sexos.

Ciencia 07 de julio de 2021 CVA  Producciones Integrales CVA Producciones Integrales

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POSDATA Digital Pres | Argentina

Día a día, todos nos enfrentamos a situaciones y decisiones donde la incertidumbre toma protagonismo. Por ello, de un modo u otro, desarrollamos fórmulas y actitudes con las que atacar tal tipo de escenarios. Ahora, un reciente estudio indica que hombres y mujeres podrían tener diferentes enfoques a la hora de correr riesgos.

De hecho, según la perspectiva presentada por los investigadores Maria Azanova, Maria Herrojo Ruiz, Alexis V. Belianin, Vasily Klucharev y Vadim V. Nikulin, en general, los hombres tienen una propensión mucho mayor a la toma de riesgos. Asimismo, de acuerdo a sus resultados presentados en Frontiers on Neuroscience, ello podría tener que ver con diferencias neurológicas y hormonales entre ambos sexos.

La relación entre la actividad cerebral y nuestra actitud ante el riesgo


En ocasiones anteriores, se han hecho asociaciones entre la edad y la propensión a la toma de riesgos. Igualmente, se ha visto que los genes también podrían influir en las conductas de riesgo entre las personas.

Ahora, el nuevo estudio también propone que la asimetría theta frontal en el cerebro podría ser otro indicador que separe a los tomadores de riesgos del resto. Igualmente, han buscado asociar la actividad de tal área con la mayor propensión de los hombres a correr riesgos.

Para ello, realizaron un estudio que midió la actividad neurológica –y, específicamente, el ritmo theta– del cerebro cuando las personas se sometían a diferentes “situaciones de riesgo”.

Todas ellas fueron pruebas controladas por los investigadores en las que los 35 participantes debían mostrar que tan alta era su tendencia a “arriesgar” lo que tenían –en este caso una cantidad determinada de dinero– por la posibilidad de conseguir un poco más. Ello incluso si existía la posibilidad de que, con una mala decisión, se perdiera todo –lo ganado y lo que ya se tenía–.

¿El cerebro de los hombres es o no más propenso a correr riesgos?

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Crédito:Vía Piqsels.

Otros estudios ya nos han mostrado que los tomadores de riesgos –tanto masculinos como femeninos– tienen una anatomía cerebral particular. Pero, ahora, la reciente investigación también ha mostrado que las diferencias en la intensidad de los ritmos theta del lóbulo frontal derecho e izquierdo del cerebro (asimetría theta frontal) son indicadores particulares de la tendencia de los hombres a correr más riesgos.

En el estudio actual, de los 35 voluntarios 15 fueron mujeres, ello con la intención de contar con una muestra lo más representativa posible para ambos géneros. Gracias a ello, al final de la investigación se pudo notar cómo la asimetría theta frontal podía correlacionarse con los resultados de las pruebas al tomar en cuenta la fuerza de su actividad en el cerebro.

Adicionalmente, también se asoció en los hombres con una visión subjetiva más positiva de las situaciones de riesgo. En otras palabras, hace que los hombres aborden las decisiones en las que hay incertidumbre con un estado emocional más optimista, lo que puede motivarlos a arriesgarse más.

Yendo más allá

La investigación no solo reveló una relación entre la asimetría theta frontal, los niveles hormonales y la toma de riesgos. De hecho, también mostró diferencias en los procesos emocionales que van de la mano con tales situaciones.

Crédito:Vía Piqsels

En otras palabras, los hombres tienden a pasar por diferentes estados anímicos a los de las mujeres a la hora de correr riesgos. Según los investigadores, ello también podría implicar la existencia de otro tipo de diferencia en el manejo de estados emocionales permanentes o intensos como los causados por la ansiedad, la depresión y otras condiciones clínicas afines.

Para el futuro, los autores consideran que valdrá la pena explorar las posibilidades que implica el nuevo conocimiento. Gracias a ellas, podríamos dar con indicadores específicos que nos permitan tratar de forma más especializada las condiciones antes mencionadas, todo al ofrecer tratamientos que se adapten con más exactitud a las necesidades de cada individuo.

Claramente, aún estamos lejos de tal posibilidad y los estudios que nos llevarían a ella están apenas empezando. Pero vale la pena tener esta información en cuenta y así saber que, aunque aún queda camino por recorrer, al menos el viaje ya ha iniciado.

Fuente:tekcrispy

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