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Llegotarde

Cuento de navidad

El Arca de Luis 21/12/2021 Luis García Orihuela
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Vía.pixabay

POSDATA Digital Press | Argentina

Luis García Orihuela

Por Luis García Orihuela | Escritor | Poeta | Dibujante

 

Érase una vez un lugar llamado Fantasía. Aparecía cada año entre las nubes cuando faltaba una semana para la Navidad. Desde la Tierra nadie podía verla pues quedaba invisible para todos los humanos.
Pasadas las fiestas las nubes volvían a cubrir del todo a la ciudad y Fantasía desaparecía hasta el año siguiente.

En Fantasía todo podía suceder. Animales de todo tipo tenían allí cabida. Habían ogros, elfos, dragones que lanzaban fuego por la boca, príncipes encantados, magos, saltimbanquis, princesas hermosas vestidas de rosas y cuando estaba a punto de ser navidad llegaban surgidos de la nada los feriantes con sus grandes carpas, los elefantes y leones, enanitos de las nubes, equilibristas, payasos y el hombre zancudo y el hombre bala que lanzaban al aire desde un cañón. Aparecían hadas con sus graciosas varitas mágicas y hermosos unicornios. Todos esperaban impacientes la llegada del nuevo año, pero antes tenían por delante la fiesta de Fin de Año. En esta ocasión habían invitado a Alicia, que viajaría desde el país de las Maravillas hasta la mismísima Fantasía. Todos ardían en deseos de conocerla en persona. De saber como era aquella niña que comiendo trocitos de galleta se hacía más grande que una casa o más pequeña que una mariposa.

Todo iba perfectamente y los preparativos estaban muy avanzados, Hasta los cisnes ensayaban valses por si pasara por el estanque. Las majestuosas águilas vigilaban desde los cielos ojo avizor pendientes de verla y los búhos hacían guardia todas las noches mientras los demás dormían. Las hadas, más nerviosas de por sí, usaban sus varitas mágicas para aparecer y desaparecer por toda Fantasía. Hasta los unicornios recorrían incansables las bastas nubes en la esperanza de ser los primeros en verla. El encargado de todo el festejo no era otro que el gran conejo “Llegotarde”. Era toda una institución en Fantasía y el único que conocía personalmente a Alicia. La invitación había sido idea suya y la carta invitándola escrita por él y entregada en pico por el cuervo Telo, el más veterano de todos los cuervos. En realidad se llamaba Teloquitosibrilla, pero todos le decían Telo para abreviar. Él había conseguido pasar sin ser detectado ante el ejército de la déspota Dama de Corazones. Llegó de noche a casa de Alicia y dejó la invitación por debajo de la puerta. Regresó con el gorro negro de un As de picas como prueba. Pero no habían recibido respuesta alguna a la invitación y Llegotarde en una de sus salidas con prisas como siempre había olvidado su sombrero negro de copa y se había acatarrado al tener la cabeza descubierta. El doctor “Docdoc Donald” le atendía en su casa. Docdoc era un viejo y experimentado pato con grandes gafas. Había sido ayudante del doctor del Capitán Garfio, pero había desertado por ser un viejo gruñón y malas pulgas.

—Vamos Llegotarde. Toma este caldo caliente antes de que se enfríe. Te hará bien, Y no te quites la bufanda para nada.

Así le decía el bueno de Docdoc mientras ponía en una olla ramas y hojas de eucalipto a hervir en agua caliente. Era un remedio casero de gran efectividad para los catarros, pues conseguía que se respirase mejor y además desinfectaba el ambiente.

—Huele bien eso Docdoc —dijo Llegotarde mientras daba un sorbo del cuenco con la leche caliente  con miel y tomaba de la bandeja una de las galletas con trocitos de chocolate.

—Es eucalipto —Dijo Docdoc tomando su pesado maletín y ajustándose las gafas que se le caían— Sobre todo toma muchos líquidos. Zumos de limón. Y en la comida puré de verduras, arroz o compota de manzanas. Puedes merendar yogur y tomar frutos secos.

—¡Oh! y en la cena ¿Qué puedo tomar?

—En la cena una sopa de fideos bien calentita te hará muy bien, y si quedas con hambre come algún kiwi.

Docdoc apagó el fuego de la olla y la dejó cerca de la cama en el suelo.

Bien, he de irme. Ten cuidado no tropieces con la olla, Ha de estar cerca para que resulte más efectiva. Permanece en cama todo lo que puedas. Chao chao constipao.

Llegotarde estaba confuso. Docdoc le había dicho tenía algo de fiebre, la garganta le ardía, carraspeaba al hablar y lo que era peor; estaba perdiendo la voz. De pronto oyó unos golpecitos en la ventana. Eran unos pajarillos golpeando con sus picos al cristal,

—¡Déjanos pasar, Llegotarde! Abre la ventana. Nosotros te cuidaremos hasta que te pongas bien.

Llego tarde se levantó. Puso una pata en el suelo, Luego la otra la metió en la olla sin darse cuenta.

—¡Oh! ¡Esto quema!

Y de un puntapata la lanzó contra el techo manchando toda la estancia. Luego dando saltos y tomándose la pata quemada logró llegar a la ventana y abrirla.

—Pasad amigos.

—Nosotros nos ocuparemos de todo. Siéntate en la mecedora y déjanos  hacer.

Y así lo hizo. Los conocía bien. Eran el grupo de los Cenicientabird. Tocaban en los locales nocturnos de fantasía con gran éxito entre el público. Siempre les pedían los temas de “Pajaritos a bailar” “La vaca loca” o la “Gallina Turuleca” entre otros.

Cuando despertó ya se habían marchado los Cenientasbird. La casa estaba toda ordenada y limpia como nunca antes y dispuesta a recibir la visita de Alicia si se hacía más pequeña. El gallo Kirico dejó oír su potente voz anunciando la llegada de el zorro Crafty.

—Oh, ¡estoy bien, estoy curado! —dijo Llegotarde saltando de la cama y lanzando el gorro de lana al paragüero de la entrada. Abrió la puerta y salió fuera.

—¡Está aquí! Ya ha llegado Alicia.

Y así era. En el horizonte se veía emerger como un apoteósico amanecer la figura inconfundible de Alicia. Medía muchos metros de altura y sonreía. Toda Fantasía la seguía. Las hadas crearon en el cielo bellos castillos artificiales y todos celebraron juntos y felices las Navidades.

Y colorín colorado, esta Fantasía se ha terminado.

 

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