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Irena Sedler: el ángel del gueto de Varsovia

Holocausto.- Un punto oscuro de la historia de la humanidad. Al menos ubo individuos cuya labor de vida fue hacer brillar un poco de luz.

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Foto:tekcrispy

Posdata Digital Press | Argentina

Durante el Holocausto millones de vidas se perdieron y esta época se ha convertido en un punto oscuro de la historia de la humanidad. Sin embargo, dentro de toda esta penumbra, hubo individuos cuya labor de vida fue hacer brillar un poco de luz.

Tal es el caso de la polaca Irena Sendler (o Sendlerowa). Esta enfermera y activista social, dedicó su vida a ayudar tanto a niños y como a familias judías a escapar de las garras de los Nazis. Sus acciones fueron tan significativas para miles de personas que se la ha llegado a considerar como el ángel del gueto de Varsovia.

No obstante, no ha sido sino hasta relativamente poco que el mundo ha llegado a conocer la labor que esta valiente mujer realizó. Ahora que por fin ha salido a la luz, es importante que sigamos compartiendo su historia y su legado. De forma que, sus acciones y los valores que la llevaron a actuar no vuelvan a caer en el olvido.

Así empieza la historia de Irena

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Irena nació en Varsovia, en 15 de febrero de 1910. Era hija del Dr. Stanislaw Krzyzanowski, jefe de un sanatorio en Otwock, quien dedicaba su trabajo a ayudar a judíos con condiciones económicas precarias a tener una mejor salud.

Luego de la Primera Guerra Mundial, a falta de adecuadas infraestructuras y recursos, las enfermedades comenzaron a propagarse velozmente. Especialmente el Tifus, enfermedad que el padre de Irena combatió en sus pacientes hasta que él mismo se contagió y falleció por ella.

Esto ocurrió para el momento en el que Irena tenía apenas 7 años. Sin embargo, el tiempo que había pasado con su padre había sido suficiente para que este le transmitiera sus valores. Los cuales implicaban comprender que, sin importar la religión o la raza o cualquier otra cosa, todas las personas merecían ser ayudadas.

Ello quedó marcado dentro de Irena, quien se rigió por esta máxima por el resto de sus días. Luego de la muerte de su padre, ella y su madre regresaron a Varsovia en donde Irena comenzó sus estudios en la universidad.

Ya para ese momento, las reglas de la Universidad de Varsovia impedían que los estudiantes judíos interactuaran con los polacos. No obstante, ella nunca hizo caso a esta distinción, motivo por el cual incluso fue expulsada por un año de la universidad.

Sus estudios comenzaron en 1928, se casó con Mieczyŝaw Sendler en 1931 e inició su vida profesional en 1932. Para ese momento, ya Irena había dado algunos pasos en el mundo del activismo al hacerse parte de la Unión de la Juventud Democrática Polaca.

Su primer empleo fue en la Universidad Polaca Pública en el Departamento de Asistencia al Cuidado de Madres e Hijos. Luego, en 1935, ocupó un puesto en el Departamento de Varsovia de Bienestar Social y Salud Pública.

Ser enfermera fue su pase de entrada al gueto de Varsovia

irena-sendler Irena con su uniforme de enfermera para entrar en el gueto de Varsovia.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Irena aún estaba trabajando en el Departamento de Varsovia. Por lo que, pudo usar su posición y sus contactos para poder ayudar a las familias judías a escapar de los arduos controles de los nazis.

Para este momento, el gueto de Varsovia ya había sido creado y congregaba en su interior –del aproximado mismo tamaño que Central Park en Nueva York– a más de 500.000 judíos en condiciones de vida simplemente precarias. Irena actuando por su cuenta logró conseguir un permiso del Departamento de Varsovia que le permitiera chequear el interior del gueto y ver las condiciones de sanidad en las que se encontraba.

Claramente, lo que verdaderamente ella hacía dentro era contactar con familias que necesitaran ayuda o recursos y darles todo lo que pudiera. Asimismo, incluso ayudó a algunos a escapar fabricando documentos falsos que les dieran un pase de huida.

No obstante, las cosas llegaron a complicarse mucho más cuando, el 16 de noviembre de 1940, cuando ella tenía apenas 30 años, el gueto de Varsovia fue sellado y aislado por completo. Lo que hacía que, sus acciones ya antes peligrosas, ahora tuvieran un riesgo aún mayor debido a que todas las medidas de vigilancia y control se habían fortalecido.

Los nazis eran germófobos en su mayoría
Por suerte, el pase que había obtenido del Departamento de Varsovia aún era válido. Por lo que, sus viajes de un lado a otro del gueto continuaban siendo posibles. Asimismo, por ser enfermera, muchas veces el miedo al contagio con enfermedades que ella trataba hacía que los controles sobre su entrada y su salida fueran menores, queriendo que ella se alejara lo más rápido posible.

Las acciones de Irena dejaron una huella profunda

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Irena estuvo dispuesta a ayudar a quien lo necesitara durante toda su vida. Sin embargo, una época en la que su bondad brilló sin duda alguna fueron los duros años entre 1940 y 1942.

Desde 1939, Irena estuvo fabricando los documentos falsos que le permitieran sacar a las familias del gueto. Se estiva que, entre esta fecha y 1942 al menos 3.000 de estos documentos fueron creados, cada uno para ayudar a una familia judía.

Nace el Concejo de Ayuda a Judíos: Zegota


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Para 1942 las cosas dan un nuevo y trágico giro, el proyecto de eliminación de gueto de Varsovia había comenzado y miles de judíos estaban siendo masacrados poco a poco. Acá es donde Irena es contactada por Zofia Kossak-Szczucka y Wanda Krahelska –un par de compañeras de trabajo del Departamento de Varsovia.

Este par creo lo que se conoce hoy como Zegota o Concejo de Ayuda a Judíos. Este se trató de una organización clandestina destinada a brindar apoyo a las familias del gueto para que pudieran sobrevivir y, en el mejor de los casos, escapar.

Irena fue elegida para ser la líder del Departamento de Niños. Es en estos tiempos en que Irena clandestinamente comenzó a sacar niños del gueto de Varsovia para hacerlos pasar afuera por huérfanos polacos. Para este momento, Irena asumió su nombre clave, Jolanta, y comenzó a trabajar sin descanso por la causa.

Cada día, durante más de 18 meses, Irena entró y salió del gueto con un niño, lista para dejarlo fuera del infierno en el que estaba atrapado. Al final de su labor, al menos 2.500 niños habían sido rescatados, solo por su parte.

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Muchas de las acciones que esta mujer llevó a cabo requirieron de gran valentía y sangre fría. Puesto que, el ser descubierta en un acto como esos implicaría inmediatamente la muerte, o tortura.

Sin embargo, era labor que debía hacerse y ella lo sabía. Zegota era un grupo formado por 24 mujeres y 1 hombre que se turnaban para realizar sus actividades dentro del gueto. Sin embargo, la única que entro en este todos y cada uno de los días, sin falta, fue Irena.

Muchas de las acciones que esta mujer llevó a cabo requirieron de gran valentía y sangre fría. Puesto que, el ser descubierta en un acto como esos implicaría inmediatamente la muerte, o tortura.

Sin embargo, era labor que debía hacerse y ella lo sabía. Zegota era un grupo formado por 24 mujeres y 1 hombre que se turnaban para realizar sus actividades dentro del gueto. Sin embargo, la única que entro en este todos y cada uno de los días, sin falta, fue Irena.

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Por otra parte, los que fueran muy pequeños simplemente eran ocultados en cualquier tipo de paquetes que ella tuviera que transportar. De modo que, los soldados lo revisaran lo menos posible y ella pudiera salir rápidamente del área vigilada. Incluso, en ocasiones hacían uso de una ambulancia para transportarlos haciéndolos pasar por niños realmente enfermos.

Si los soldados querían revisar, el chofer siempre iba acompañado de un perro al que Irena pisaba para que comenzara a ladrar. Esto desencadenaba los ladridos de los perros de vigilancia de los soldados y el caos era tal que estos desistían en su intento y la dejaban ir. Nuevamente, nunca pudieron descubrirla.

La reubicación de los niños también era vital

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El siguiente punto donde Irena debía parar era la casa de sus amigos, los Piotrowski, quienes permitían que los niños se cambiaran la ropa, tomaran un baño y asumieran sus nuevas identidades. Luego, Irena los iría llevando poco a poco a distintos orfanatos o iglesias donde pudieran acogerlos.

Durante todo este proceso, ella llevaba una lista detallada de los nombres de los niños salvados y de sus familias. Ello, con la promesa de que, cuando acabara la guerra, ella haría lo posible por reunir a las familias divididas. Algo que, quienes recibían a los niños en los centros de acogida también sabían, por lo que no los ponían en adopción, esperando el fin de todo el caos.

Los tiempos más difíciles llegaron cuando fue capturada por la Gestapo
A pesar de que nunca pudieron atraparla en medio de una de sus actividades. Después de meses de verla, los soldados comenzaron a sospechar de ella. Sin embargo, pasó un tiempo hasta que pudieran incriminarla.

Irena constantemente cambiaba de dirección e incluso superó por muy poco una revisión de la Gestapo en su casa, gracias a que una de las trabajadoras de allí, ocultó en su propia ropa interior la lista que Irena mantenía de los niños salvados. Desde entonces, ella no volvió a guardarla en su casa.

Sin embargo, igualmente, en 1943, Irena terminó por ser arrestada por la Gestapo cuando su nueva dirección fue revelada por un informante. Tuvo un juicio en el que fue encontrada culpable y sentenciada a muerte. La enviaron a la infame prisión Pawiak en la que soportó sesiones de tortura que la dejaron con un pie y una pierna rota.

Jamás reveló ni uno solo de los nombres de los hijos o familias que había ayudado, ni tampoco dio a conocer la identidad de sus colaboradores en Zegota. Su futuro parecía estar sellado y sus horas contadas.

Pero, Irena escapó
Sin embargo, los propios activistas de Zegota iniciaron un operativo y sobornaron al guardia encargado de su ejecución. El lugar de matarla, solo la dejaría en el bosque, donde ellos la rescatarían.

En efecto, todo salió como lo planeado y en febrero de 1944 Irena apareció en la lista de la Gestapo como una de las personas asesinadas por la causa. Debido a ello, debió asumir una nueva identidad y comenzar a trabajar por completo desde la clandestinidad. No obstante, su encuentro cercano con los nazis y con la muerte no mermó en absoluto su deseo de ayudar.

Su vida luego de la guerra

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Cuando la guerra finalizó, Irena se dio a la tarea de reubicar a los niños que había sacado del gueto de Varsovia y devolverlos a sus familias. Sin embargo, la tarea resultó ser mucho más ardua de lo esperado.

Después de su trágica destrucción, tan solo un 1% de quienes vivían allí lograron sobrevivir. Por lo que, la mayor parte de los niños reubicados nunca pudieron volver a reunirse con sus familias.

Aun así, sí se encargaron de mantener el contacto con Irena a quien llegaron a considerar una segunda madre. Lo que, tiene sentido, ya que, fueron sus acciones las que les dieron a estos más de 2.000 niños una segunda oportunidad de vivir.

Su legado
 

A pesar de que Irena recibió varios reconocimientos por sus actividades, muchos de estos llegaron décadas después de los acontecimientos. El premio que fue más cercano en fechas a sus labores fue el Gold Cross of Merit que recibió en 1946 por salvar vidas judías durante la ocupación.

Más de dos décadas más tarde, en 1965, el instituto Yad Vashem le otorgó el título Righteous Among the Nations (Más Justa entre las Naciones). Ello, en gran medida, gracias a la intervención de los niños que salvó, en ese momento ya adultos, buscando que se reconocieran sus esfuerzos.

800px-Sendlerowa-drzewkoArból plantado en honor a Irena Sedler en la Avenida de los Más Justos entre las Naciones.

Casi dos décadas más pasaron para que un árbol fuera plantado en su honor, en 1983, en Israel en el Garden of the Righteous. Irena viajó específicamente para presenciar su siembra y, además, logró reunirse con muchos de los niños que rescató.

Un reconocimiento tardío

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Luego, pasaron otros 20 años hasta que el mundo volviera a oír de ella y de sus proezas. Pero, esta vez, el reconocimiento obtenido sería también a nivel mundial. Y, esperamos, uno que no vuelva a car en el olvido.

Sus acciones le ganaron una entrada a la Orden del Águila Blanca en Polonia, el más grande honor del país. Asimismo, en 2003 obtuvo el premio al Valor y Coraje de Jan Karski. En el 2007, incluso, fue nominada para el Premio Nobel de la Paz.

Irena dejó este mundo el 12 de mayo de 2008, con 98 años. Como un reconocimiento póstumo la Fundación Audrey Hepburn le otorgó a ella el Premio Humanitario del 2009.

Hace 6 años, se creó el conocido Irena Sendler Award, y este se ha dedicado a reconocer las actividades de aquellos que promueven la tolerancia en América y en Polonia. Irena estuvo muy feliz con este reconocimiento, aunque fuera tardío.

Pero, no por el hecho de que se le agradeciera a ella directamente, sino porque se estaba reconociendo el esfuerzo de toda Zegota. Admitió estar un poco triste ya que, para el momento de los reconocimientos, todos sus compañeros en esta lucha habían fallecido. Sin embargo, siguió estando feliz por el hecho de que finalmente sus historias serían contadas y recordadas.

Fuente:tekcrispy

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