Existe la adicción al sexo

La adicción al sexo es uno de los candidatos más recientes.
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POSDATA Digital Press| Argentina

Las adicciones no son un tema desconocido para las sociedades modernas. De hecho, no son un tema desconocido para ninguna sociedad en nuestra historia. A medida que avanzamos la historia del comportamiento adictivo también lo hace y nuevos nombres se suman a la lista.

La adicción al sexo es uno de los candidatos más recientes. No obstante, hasta la fecha no se le ha dado el reconocimiento que demanda. Como consecuencia, esta aún no es considerada una condición médica. En espacios oficiales como la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS y el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de EE.UU. y el Reino Unido esta enfermedad aún no es considerada como tal.

Para ambas de las más recientes ediciones, se barajó la posibilidad de incluir este elemento en el listado al menos como un “trastorno obsesivo compulsivo”. Pero, al final, ninguno de los esfuerzos dio frutos.

Como consecuencia, ni siquiera ahora se cuentan con entidades oficiales que puedan proveer datos sobre las personas que sufren de esta condición en el mundo. Sin embargo, afortunadamente, aún se pueden tener algunas aproximaciones gracias a datos ofrecidos por otras fuentes como la página web británica Sex Addiction Help.

No se puede ofrecer una cifra exacta sobre cuántos individuos pueden realmente padecer esta condición. Pero, sí es posible obtener un poco más de información sobre el perfil demográfico de aquellos que lo hacen. Según una encuesta realizada por la página desde el 2013 hasta el 2017, de entre 20 mil encuestados, el 91% de los que buscaron ayuda fueron hombres.

Esto revela una clara tendencia poblacional. No indica que la totalidad de ese porcentaje estuviera enferma, pero sí que la incidencia de esta conducta (o la sospecha de esta) son porcentualmente más notorias en hombres. Por su lado, la página también pudo registrar que el perfil de edad común de aquellos que solicitaban apoyo se encontraba entre los 26 y 35 años.

En hombres, a esta condición de adicción al acto sexual se la conoce como satiriasis. Por otra parte, en mujeres se la llama ninfomanía, aunque, en realidad, el nombre correcto de esta es furor vaginal o uterino. Los centros de ayuda que hay en el mundo han presentado miles de casos de satiriasis. Pero, los de furor uterino se han mantenido particularmente al margen. Esto no implica que las mujeres no puedan sufrir esta enfermedad, pero se tratan de una minoría porcentual.

¿En qué consiste la adicción al sexo?

Para poder comprender mejor los intríngulis que conforman al concepto de adicción al sexo. Hasta los momentos, la ciencia no ha logrado ponerse de acuerdo con respecto a este trastorno. En efecto, están seguros de que se trata de una enfermedad pero aún no han encontrado una forma estándar de clasificarla o diagnosticarla. A parte de esto se debe el que aún no entre oficialmente en ninguna clasificación.

Algunas iniciativas como las de los científicos y psicólogos de la Universidad de California hacen su mejor intento al desarrollar lineamientos para comprender el “desorden hipersexual”. Básicamente, hablan de aquel momento en el que la persona comienza a desarrollar una hipersexualidad como respuesta a otras condiciones mentales como la depresión o el estrés crónico.

Por lo general, aquellos que sufren este trastorno tienden a tener pensamientos recurrentes sobre el sexo de forma casi compulsiva y experimentan patrones de fantasías sexuales constantes. Asimismo, elementos como la masturbación, el consumo de pornografía, el sexo consensuado y el cibersexo suelen estar entre su lista de actividades diarias –estando estos presentados ya según el patrón de frecuencia.

Sumado a esto, aquellos que padecen de adicción al sexo pueden ser mucho más propensos a buscar servicios de trabajadores sexuales y a tener muchas parejas sexuales en lapsos cortos de tiempo. Esto último incluso si ya cuenta con una pareja sentimental estable.

¿Adicción o trastorno obsesivo?

En realidad, habría quien podría llamar a esta condición mental un poco de ambas. Pero, el debate se encuentra actualmente activo aún. Por una parte, se considera que las adicciones se forjan alrededor del placer y la gratificación inmediata, mientras que en el trastorno obsesivo compulsivo, las actividades se llevan a cabo incluso si no ofrecen un resultado gratificante, porque se convierten en una necesidad.

Como lo hemos mencionado, aún la ciencia no ha podido ponerse de acuerdo con un diagnóstico oficial para esta enfermedad. Por lo que todavía existe el debate para entender si pertenece a una y otra clasificación. Pero, podría llegar a pasar por un camino similar al de la adicción al juego, que primero fue denominada un trastorno obsesivo compulsivo antes de ser clasificada como verdadera adicción.

Por otro lado, propuestas como las del terapeuta sexual, David Ley, y autor del libro “El mito sobre la adicción sexual”, plantean que esta ni siquiera se trata de una condición por sí misma. De hecho, destaca que la conducta se trata de una respuesta a otros trastornos subyacentes como como desórdenes de ánimo de no tratados (depresión, ansiedad…).

Sin embargo, a pesar de la falta de consenso en muchas áreas que respectan a la adicción al sexo, también existen algunos puntos que concuerdan. Los científicos entienden que, de darse un diagnóstico de adicción, esta no debe ser medida por el nivel de actividad sexual de la persona sino por sino por el estrés psicológico que esta pueda presentar frente a sus actos y frente al juicio moral al que sabe estarán sujetos.

Asimismo, aseguran que la medicación no lo es todo para curar una condición así y que, en estos casos, el apoyo es vital. Finalmente, concuerdan con que la adicción al sexo no es equivalente a conductas de agresión sexual. La primera se relaciona con la búsqueda constante de las sensaciones placenteras, mientras que la segunda es una clara manifestación de violencia y de deseo de poder.

¿Cuál es el límite para que algo sea llamado adicción?
Existen otros criterios que se deben tomar en cuenta si se espera comprender lo que es una adicción y si el deseo constante e invasivo de tener sexo es una. Por un lado, si se considera que la dependencia física únicamente es clave para la determinación de una adicción, entonces el sexo no puede clasificarse en la misma categoría que el alcohol o las drogas.

Pero, por otra parte, si se considera que la adicción inicia cuando una conducta comienza a trastocar otros entornos de la vida de una persona (trabajo, relaciones interpersonales, estudios…), entonces sí podemos considerar la hipersexualidad como una adicción. Sobre todo por el conflicto tanto interno como externo que se manifiesta cuando se practica este comportamiento de forma repetitiva. En pocas palabras, la adicción se presenta cuando las conductas sexuales se encuentran, desde la perspectiva de la propia persona, fuera de su control.

¿Qué origina la adicción al sexo?

A pesar de que esta enfermedad aún tiene mucha polémica alrededor, el mundo de la ciencia parece coincidir extraoficialmente en que este se está convirtiendo en un problema cada vez más común.

Según los expertos, muchas veces un comportamiento sexual hiperactivo tiende a ser una forma de lidiar con el estrés de la vida diaria o con el trauma de una experiencia pasada. Asimismo, psicólogas clínicas como, Abigael San, plantean la posibilidad de que estos patrones sexuales se vuelven adictivos debido a otros problemas de fondo. Como algunos ejemplos de esos se pueden mencionar la depresión, la ansiedad o el trauma. En todos los casos, el sexo actuaría como un mecanismo de defensa para lidiar con las presiones que estas condiciones mentales pueden generar en el individuo.

Otras teorías apuntan a que el auge de la tecnología y lo fácil que se ha vuelto el acceso a ella también puede ser un factor influyente. Las personas que son expuestas a este tipo de mensajes sexuales explícitos desde edades muy tempranas parecen ser mucho más propensas a desarrollar este trastorno en la adultez.

Algunos estudios como los realizados en el 2014 por la Universidad de Cambridge y conducidos por la científica, Valerie Voon, revelaron similitudes marcadas entre el cerebro de un adicto a las drogas y el de un adicto al sexo. Al parecer, ambos muestran actividad cerebral en las mismas áreas cuando el primero consume drogas y el segundo ve pornografía.

Esto prueba que el cerebro puede participar con sus procesos químicos en el desarrollo de una adicción. Esto aunque claramente el cuerpo no vaya a reaccionar del mismo modo a la abstinencia.

La adicción al sexo no es un juego
No son pocas las personas que consideran que la adicción al sexo no es un problema. Ya que, en todo caso, se trata de una actividad placentera, ¿no? Las cosas no están tan bien delimitadas. El problema se encuentra en que la línea que divide al comportamiento racional del impulsivo comienza a desdibujarse.

Entonces, lo que debería tratarse de una búsqueda natural de placer personal se convierte en una cruzada diaria e interminable que, al final, no ofrece satisfacción. Los adictos al sexo han reportado que el acto sexual les ofrece un “subidón” momentáneo, pero que este dura poco y que, pronto, ya se encuentran deseando tener sexo de nuevo.

Esto puede llevar a las personas a perder el control de sus vidas. Su conducta puede hacer que pierdan el trabajo o que abandonen los estudios. Asimismo, el uso constante de servicios sexuales se puede convertir muy rápido en un problema financiero para la persona.

Sumado a esto, la hipersexualidad también puede exponer a las personas a conductas de alto riesgo. Es decir, que los hace mucho más propensos a contagiarse con enfermedades de transmisión sexual, debido a su alta exposición a muchos compañeros por vez.

Por si fuera poco, esta actividad puede ocasionarles problemas con sus seres queridos. Muchos adictos al sexo, simplemente por vergüenza, comienzan a aislarse. Esto ya que no son capaces de dejar de pensar en el coito sin importar con quién estén. Como consecuencia, pueden comenzar a aislarse y volverse solitarios.

Las cosas pueden volverse incluso más graves si ya cuenta con una pareja sentimental. A medida que la condición se muestre, si no se la reconoce a tiempo, la conducta sexual de la persona la puede llevar a tener problemas graves con su pareja, unos que irían desde la falta de comunicación (por la vergüenza y el consecuente aislamiento) hasta la plena desconfianza.

Esto último se daría ya que aquellos con un comportamiento hipersexual también pueden tener la tendencia a engañar a sus parejas, todo con la intención de finalmente saciar el impulso –que nunca desaparece.

¿Se puede tratar la adicción al sexo?
Nuevamente, esta enfermedad no se ha reconocido oficialmente. Pero, su existencia no se puede negar. Por esto, ya existen en el mundo iniciativas de apoyo.

Estas van desde páginas web como Sex Addiction Help, hasta instituciones como los Adictos al Sexo Anónimos (SAA, por sus siglas en inglés). Ambas son iniciativas del Reino Unido y la última ya tiene casi 80 centros de apoyo en el territorio.

La adicción al sexo, al igual que otras adicciones, nunca se cura por completo, pero sí puede se puede controlar. Se ha pensado en tratarla con medicamentos, pero solo complementariamente.

Para tratarla, en realidad, se requiere de una conjunción de factores entre los que priva el reconocimiento del problema. Aún no se cuenta con una etiqueta clínica para este trastorno y esto puede estar evitando que todas las personas que necesitan ayuda la reciban o que aún no han identificado su enfermedad reciban la atención que merecen.

Saliendo de este punto y entrando más profundamente en el tratamiento, se utiliza mucho la figura de los grupos de apoyo. De este modo la persona se siente comprendida y esto la ayuda a aceptar su realidad más rápido para poder comenzar a trabajar para mejorarla.

Asimismo, se emplean otras herramientas como las rutinas de meditación, la psicoterapia y el desarrollo de habilidades de comunicación para “reeducar” el cerebro del adicto y ayudarlo a redirigir su atención. Por ejemplo, uno de los puntos vitales de estos procesos es ayudarlos a dejar de objetificar a las personas para así poder controlar las oleadas de fantasías sexuales y recuerdos eufóricos que inevitablemente experimentarán.

En resumen, se trabaja en conjunto para lograr la “sobriedad”. Para casos leves, este trabajo puede demorar un año, para los más graves será un proceso más lento.

Fuente:tekcrispy

Alejandra Ponce de León

Productora de Contenido periodístico | Radio |Gráfica | TV | Conductora de Radio |Fotógrafa| Diseñadora gráfica |Editora | Directora Gral. de Posdata Digital

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