La erupción del Monte Santa Helena en 1980 cambió la vulcanología

El suceso fue el desencadenante de muchos de los significativos avances en la ciencia y la vigilancia de los volcanes de vanguardia que existen hoy en día.
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POSDATA Digital Press | Argentina

Hace 40 años, el 18 de mayo de 1980, después de dos meses de terremotos leves y pequeñas explosiones, el Monte Santa Helena entró en erupción provocando una explosión de alta velocidad que arrasó con millones de árboles y arrancó el suelo del lecho rocoso.

La erupción alimentó una columna de cenizas durante más de nueve horas, que los vientos transportaron a cientos de kilómetros de distancia. Los lahares (flujos de lodo volcánico) arrastraron grandes rocas y troncos, que destruyeron bosques, puentes, carreteras y edificios. Estos acontecimientos catastróficos provocaron la muerte de 57 personas.

Vulcanología moderna
En la actualidad, muchos se preguntan si de haber contado con las herramientas y el conocimiento de los que se disponen hoy para el momento en que el Monte Santa Elena entró en erupción, se hubiera podido mitigar la pérdida de vidas y los daños económicos causados por la explosión volcánica.

La respuesta a esa pregunta es incierta. Lo que sí se puede afirmar es que la erupción del Monte Santa Helena fue el desencadenante de muchos de los significativos avances en la ciencia y la vigilancia de los volcanes de vanguardia que existen hoy en día.

El 18 de mayo de 1980 el Monte Santa Helena entró en erupción provocando una explosión que destruyó bosques, puentes, carreteras y edificios, acontecimientos responsables de la muerte de 57 personas.

El Monte Santa Helena resultó ser el laboratorio ideal para examinar la actividad volcánica. La erupción de 1980 fue la primera gran erupción explosiva estudiada por científicos y observadores usando la vulcanología moderna.

El volcán también era fácilmente visible y accesible. Como resultado, la erupción y sus efectos fueron copiosamente fotografiados desde numerosos puntos de vista. La avalancha de escombros abrió el cono, lo que permitió a los científicos inspeccionar su interior de una forma nueva y novedosa.

La erupción despertó el interés por el estudio de las erupciones explosivas y los esfuerzos de vigilancia para mejorar los sistemas de alerta que ayudan a mitigar los peligros. Además, la erupción subrayó la importancia de utilizar el mayor número posible de instrumentos de vigilancia para rastrear los disturbios y la actividad de la erupción.

Nueva era de vigilancia volcánica
Antes de 1980, los científicos observaron marcadas divisiones entre los estudios de los peligros de los volcanes, la vigilancia de los volcanes y la investigación vulcanológica básica. Sin embargo, la erupción de 1980 exigió que los científicos trabajaran juntos de manera más integrada.

Al vincular a especialistas de muchas disciplinas, el evento volcánico del Monte Santa Elena cambió la forma en que los científicos trabajan. Ahora, 40 años después, es habitual que geólogos, sismólogos, geofísicos, hidrólogos, geoquímicos y biólogos cooperen en los estudios de los procesos de las ciencias naturales, lo que da lugar a una investigación, una vigilancia y una comunicación bien integradas.

 La erupción del Monte Santa Helena fue el desencadenante de muchos de los significativos avances en la ciencia y la vigilancia de los volcanes de vanguardia que existen hoy en día.
La erupción también dio lugar a una nueva era de vigilancia volcánica. Durante los estudios en el Monte Santa Elena, los científicos perfeccionaron sus interpretaciones de los datos de la vigilancia a fin de pronosticar mejor las futuras erupciones.

Los terremotos, la deformación del suelo y las mediciones de gas adquirieron un nuevo significado a medida que el volcán demostraba que las pautas de cambio podían ayudar a los científicos a pronosticar las erupciones de los domos de lava. Los científicos ahora usan patrones de cambio similares para pronosticar la actividad futura de los volcanes de todo el mundo.

Desde la erupción del Monte Santa Elena, la vigilancia de los volcanes ha evolucionado desde la colocación de unos pocos instrumentos científicos en los flancos de un volcán hasta una red integrada más amplia de dispositivos de vigilancia que miden los terremotos, la deformación y los gases volcánicos, y pueden detectar erupciones o cambios en la superficie de la Tierra desde el espacio.

En última instancia, gracias a la experiencia adquirida en el Monte Santa Elena, los nuevos instrumentos de vigilancia de las deformaciones geológicas han permitido a los científicos reducir los riesgos para la vida y los bienes a nivel mundial.

Fuente:tekcrispy

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