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Deathman, parte V (final)

No te pierdas la resolución inesperada de esta historia.

El Arca de Luis 23/07/2020 Luis García Orihuela


DEATHMAN -el hombre de la murte-posdata digital pressIlustración:Luis G. Orihuela

POSDATA Digital Press | Argentina

Luis García OrihuelaPor Luis García Orihuela | Escritor | Poeta | Dibujante


—Señor —Dice Dimitri, dirigiéndose a Derek, que se encuentra en la biblioteca en esos precisos momentos, junto con Eva y Ángela— Disculpe le interrumpa, pero la directora adjunta Alexandra Marquisova y el detective Perkyns Malow, se encuentran en la entrada, y piden hablar con usted.

 —Está bien Dimitri, hazles entrar y acompáñalos hasta aquí. 

 —Han tardado poco en regresar a buscarte— Barrunta Ángela.

 —Era de esperar, ¿No? Eva, ¿Porqué no te dejas caer donde Chip? De paso dile conecte la grabadora de la biblioteca. Nunca se sabe...

 Dimitri, entra en la estancia precedido de la visita. Hechas las presentaciones, se retira cerrando la puerta de la biblioteca tras él.

 —¿En que puedo ayudarles? Eva me comentó al regreso de mi viaje de que deseaban entrevistarse conmigo. Pues aquí me tienen a su entera disposición. Ustedes dirán. Por favor siéntense y pónganse cómodos. Disfrutábamos antes de su llegada escuchando a Tschaikowsky, Waltz of the flowers, pero si les molesta, puedo...

 —    No se moleste señor Derek, así está bien. No se preocupe. Iré al grano si me permite sobre el motivo de nuestra visita a esta gran mansión que usted tiene.

 —Por supuesto. Adelante pues. Pónganse cómodos.

 Alexandra Marquisova, toma un sobre grande de color marrón que le tiende Pek, y a continuación, abriéndolo sin más, esparce media docena de fotos a color sobre la mesa.

 —¿Le gustan los súper héroes? Sr. Derek.

 —Hum..., ¿Aficionados a la fotografía? Se me parece un poco el que sale en estas fotos... 

 —Vamos, déjese de jueguecitos con nosotros. La ampliación de las cámaras del túnel no serán muy buenas, pero es usted, de eso no cabe la menor duda. —Brama con fuerte voz Perkyns por encima de la música de fondo— ¿Qué es esto? Todas estas ratas muertas a su alrededor, y ya de paso, si le parece bien, nos podría ilustrar, sobre que es lo que le pasa en las manos... Ese resplandor.

 —Está bien. El de la foto soy yo. ¿Pero que demuestra eso? ¿Me acusan de algo en concreto? Miren mis manos —Dijo Derek, extendiéndolas con pulso firme y decidido— ¿Observan que tengan algún brillo? Me parece que no.

 —Seguramente, si el Departamento de Sanidad fumigó con algún tipo de matarratas, es lógico quedasen exterminadas. ¿No les  parece?

 —Y supongo, —Dijo Alexandra Marquisova— Que el hecho de encontrarse usted ahí se debía plausiblemente a su necesidad de encontrarse solo para meditar en sus cosas. ¿Cierto?

 —Aunque le parezca extraño es un buen lugar para no ser molestado. 

 —¿Y que me dice de estas otras fotografías? ¿También los pájaros han muerto fruto de algún pesticida del gobierno?

 —Bien, podría ser fruto de una migración desde una procedencia demasiado lejana, un experimento de la CIA, o quien sabe que... El mundo se ha vuelto loco de un tiempo a esta parte. ¿No creen ustedes?

 —Lo que creo —Dijo Alejandra Marquisova con un tono seco y cortante— es que no piensa confesar usted ser el culpable de estas muertes, que en este caso son ratas y pájaros, y por como usted vive de lujos, tengo claro que una sanción administrativa no le iba a impresionar demasiado por elevada que esta fuese; pero tengo entendido que ha viajado recientemente al Congo, y curiosamente, fíjese usted, señor Derek, en Ruanda, donde usted ha estado de visita, curiosamente se ha dado el hecho y así consta en el informe que hay dentro de esta carpeta, de dos bandas rivales de traficantes hallados muertos en idénticas circunstancias. Es decir todos han fallecido por muerte natural según los médicos forenses. 

 —¿No le parece que es inquietante el estar a su lado e incluso altamente peligroso? —El detective Malow señala con su dedo índice a Derek— A su paso todos mueren prematuramente y de forma inesperada.

 Derek, se acomoda en su asiento, y cruzando los dedos de las manos se dirige a ambos mostrando un rostro diferente, más serio y solemne.

 —Está bien, dejémonos de rodeos y vayamos al grano.

 —Será preferible, si —Interrumpe Alexandra— 

 — Verán, nada más regresar de mi viaje de Ruanda, mi hija Eva me comentó su visita y decidí llamar a Santos Guzmán, mi abogado, para que me asesorara al respecto. Lo que voy a decirles ahora, pueden estar seguros de que en el caso de que lleven algún tipo de grabadora, no les servirá de nada en absoluto. Tomé las medidas necesarias para cubrir cualquier posible eventualidad. Aunque tengan dudas de mi, permítanme decirles que estoy del lado de los “buenos”, lo cual, valga la redundancia, es bueno también para ustedes dos. Han realizado indagaciones sobre mí, y supongo que entre ellas también tengan algún otro caso de muertes “naturales”. Fueron un grupo que quiso violar a una niña abandonada de menos de doce años. Por si no lo han descubierto, es Eva, a quién he adoptado como hija mía. Igualmente —Derek saca un sobre blanco muy voluminoso de un cajón doble de un bargueño— No les aburriré con detalles, pero Santos les ha investigado a ustedes dos y créanme que con lo que le pago es  para esperar que sea el mejor de todos, y lo es ciertamente. Estoy seguro que no se ha equivocado al decirme que son trigo limpio, por eso les voy a realizar una propuesta de colaboración que espero la mediten bien y no la rechacen.

 —¿Es una amenaza, amigo? —Dice Perkyns entre abriendo su chaqueta y dejando ver su arma reglamentaria asomar desde la funda—

 —Quieto Pek. Escuchemos el resto de la proposición del señor Derek Hensel.

 —Gracias. Verán, saben también como yo que no tienen prueba alguna en mi contra, de ser así, no estaríamos ahora aquí sentados tan apaciblemente ¿Verdad?

 —Prosiga.

 —Todo lo que pueden llegar a tener en mi contra son pruebas circunstanciales de mi presencia en unos momentos y lugares poco recomendables ciertamente para haber estado. De  hecho, no hay un solo muerto con una huella mía en su persona, ni tan siquiera un testigo ocular capaz de identificarme como autor de algo que los propios médicos forenses han dado en dictaminar como muerte natural por infarto de miocardio. ¿Que tienen pues? Yo se lo diré: Nada. Solo sospechas y solo eso, sospechas. ¿Cómo podrían convencer a un juez o un jurado de que he sido yo sin llegar a tocarlos siquiera? Les tomarían por locos y su carrera peligraría; lo saben perfectamente.

 —¿Y entonces...? —Dejó morir la pregunta en sus labios la inspectora.

 —Oficialmente lo más coherente sería que cerraran el caso...

 —¿Y usted seguiría haciendo de  las suyas?

 —No. No al menos exactamente. Podrían creer mi versión de que de alguna manera he tenido un don en mis manos y que ahora lo he perdido o consumido en su totalidad.

 —¿Y es así?

 —La otra versión que les ofrezco, es si este don, pongamos que reapareciera, ponerlo a su disposición allá donde ustedes sean totalmente insuficientes para hacer justicia. Digamos que, solo en esos casos muy concretos entraría yo con mis facultades en acción. ¿Que les parece?

 —Nadie puede tomarse la justicia por su cuenta.

 —Y no lo haría, créanme. Actuaría simplemente como un colaborador especial de la policía.

 —Dígame una cosa. ¿Que pasaría si decido que Perkyns le ponga las esposas y le lleve detenido?

 —No lo va a hacer y lo sabe. Estaría libre en menos de una hora, pero si lo que me está pidiendo es que le haga una demostración de mis habilidades con Perkins...

Perkins hace indicio de ir a coger su arma —Intente algo y le dejo frío. Un solo movimiento de su manos y sabrá lo que...—De pronto siente un pinchazo en el pecho que le hace llevarse la mano hacia el corazón y caer en el suelo como un pesado fardo.

 —Ya que vamos a ser socios, les diré un secreto: No necesito siquiera las manos, ellas solo son un vínculo. O si lo  prefiere un adorno teatral.

 —¡Dios mío! Es verdad. Es usted un demonio con aspecto de hombre.

 —Todo hombre lleva un demonio dentro. Solo es cuestión de saber buscarlo. No tema por Perkins, estará bien en unos minutos.

 Alexandra y el inspector Perkins salían pocos minutos después abandonando el recinto. Dentro se reunían en el salón principal, Ángela y Eva con Derek.

 —¿Podemos estar tranquilos respecto a ellos, Derek? —preguntó Ángela a Derek un tanto intranquila—

 —No lo sé. Tú eres la que tiene esos presentimientos...

 —Mi presentimiento ahora me dice que voy a darte un beso —Dijo Ángela saltando a su cuello. Eva riendo de felicidad extendió sus brazos y los abrazó con fuerza. Era feliz de tener una familia.  Que siempre cuidaría por ella.

 

 

 

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