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Escribir, un sueño posible (2º parte)

"Continuemos analizando los factores que debemos tener en cuenta a la hora de abordar esta travesìa cursiva sin retorno".

En perspectiva 05/02/2021 Sil Perez
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Crédito:Pixabay

POSDATA Digital Press | Argentina

Por Sil Perez | Sil Perez | Escritora | Poeta | Miembro de la SADE


Bueno, aquí estamos. El café es uno de los manjares que no podemos dejar escapar a la hora de escribir. Siempre dije que los sueños tienen ese sabor exquisito: espumante y esbelto como una taza a medianoche, desperezada sobre el escritorio.

Todos nacemos con algún vínculo que nos asocia a la idea de encauzar nuestro propósito a una actividad en particular. Quienes nacimos con el don de la palabra enlazamos nuestra vida a los avatares idílicos de la literatura. Y aquí me planto por unos instantes. Es que no sería honesta si les dijera que tan solo de virtudes puede sobrevivir un escritor. Es como preparar una ensalada de estación y, por creer que el sabor de las verduras frescas será suficiente, nos olvidamos del aceite de oliva, o de los ingredientes que, agregados, ampliarán aún más su sabor.

Y qué mejor exquisitez para la literatura que alimentarnos de un buen libro. Es frecuente escuchar que quienes leen con asiduidad se encuentran propensos a escribir mejor. Y déjenme decirles que es una apreciación muy certera. No solo se escribe a partir de la motivación personal o de las emociones que nos circundan.  Ese caudal debe también encontrarse arraigado a un mundo literario que amplíe nuestro vocabulario y, sobre todo, que nos acerque al universo donde habitan mundos paralelos, con incansables márgenes de imaginación.  ¿Y cuántos libros podremos mencionar a la hora de sugerir una buena lectura? Al respecto, permítanme decir que también ello es una elección sumamente personal. Siempre recurro a la idea de pensar que no debo leer obras que otros me sugieren leer. Cada gusto o valoración es sumamente personal y, por ende, consolida un criterio subjetivo. Les aconsejo no dejarse llevar por este autor o por este otro. Cuando abrimos un libro, cada individuo comienza a ser sujeto de su lectura, y la motivación o no por continuar leyéndolo dependerá de varios factores que se encuentran internalizados en su interior. Vivencias, identificaciones, valoraciones, asimilaciones culturales. En las primeras páginas comenzamos a transitar un enamoramiento o rechazo inmediato generados tal vez por estos factores. Las razones pueden ser múltiples, o pueden afianzarse simplemente a la circunstancia de que el ejemplar superó (o desestimó) nuestras expectativas.

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Crédito:Pixabay

En cualquiera de las circunstancias, la lectura será siempre nuestra mejor amiga. Tan solo seamos auténticos con nuestra elección y, una vez capturada, analicemos e intentemos aprender cada día un poquito más. En ese sentido, la semántica, la sintaxis y la ortografía son requisitos esenciales a la hora de iniciarnos en esta noble tarea. 

¡Y qué importante es escribir siguiendo estos patrones! Nada mejor que un texto escrito de manera correcta, ordenada y precisa,  considerando la semántica como las palabras y sus significados;   la sintáctica como  la combinación y orden de los vocablos en las oraciones;  y la ortografía como la manera correcta de escribir haciendo uso de reglas específicas. El buen desempeño de estas tres áreas permitirá el desarrollo de redacciones eficientes con expresiones en los diversos enfoques literarios. 

Y en este exquisito repertorio se abre un campo sumamente amplio que debemos transitar hasta empaparnos de todo lo que circunda el terreno lingüístico. ¿Saben por qué? Porque un texto basado en el género ensayístico como fundamento didáctico debe sustentarse a partir de los  patrones analíticos y veraces que impone la ciencia. Pero, si el cuerpo del texto no está escrito correctamente, será difícil que el lector pueda proseguir la lectura de manera entusiasta. Lo más probable es que se pierda en las marañas de ejemplos y de datos que tal vez son irrelevantes. O lo que es aún peor: quizá el escrito evidencie una pésima ortografía, además de una confusa sintaxis, lo cual desmerecerá un arduo trabajo de investigación.

Déjenme confesarles que, en lo personal, asistí a talleres literarios donde la docente motivaba a contar una historia a partir de un disparador determinado al azar. A mí la idea me resultaba sumamente vertiginosa, y por demás acertada. Nada mejor que escribir a partir de un emergente gráfico, de una frase, de un recuerdo, motores lúcidos de nuestra inspiración. Recuerdo que, de esa espontaneidad, surgían historias que, al leerlas, resultaban sumamente divertidas.  Un entrenamiento didáctico que propiciaba la imaginación, a partir de un incentivo y contexto determinados. Pero, ¡cuidado!, esas historias tan divertidas e insólitas debían estar bien escritas. Porque difiere mucho  escuchar un texto de leerlo. Al rozar la vista con el papel, al palpar el texto y seguir la historia detenidamente, el lector puede percibir de manera inevitable los tres errores que mencioné con anterioridad. Y créanme: el cuento o el relato puede ser el más lúcido y emocionante pero, si no está escrito correctamente, tanto su calidad como la atención del lector caerán abruptamente. Estos errores habitualmente ocasionan dispersiones y una confusión generalizada que puede asociarse a no entender en qué tiempo se encuentra escrita la obra, o cuál es la secuencia correcta de la acción narrada, por mencionar solo alguno de los fallos discursivos. Entonces, ese engranaje imaginario que tanto costó enhebrar se tornará obsoleto en la memoria del lector. De este modo, el tiempo que el autor destinó a su creación se disipará en el olvido. 

Desde mi perspectiva, ratifico la idea de que un escritor debe contemplar la idea de escribir en varios estilos y técnicas y, asimismo, producir diversas formas de arte literario y escritura creativa, como cuentos, poesías, novelas, artículos periodísticos, ensayos, guiones de teatro, crónicas, notas de opinión. Por ello es fundamental comenzar por un estilo narrativo seductor, a partir de la combinación de los recursos esenciales que darán sustento y credibilidad a las ideas o emociones que deseamos plasmar. 

¡Pero cómo pasó el tiempo!  Es que, cuando se está a gusto, corre como liebre.

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Crédito:Pixabay

Bueno, voy por otro café (que, seguro, será cortado). Los espero en nuestro próximo encuentro para charlar un poquito más sobre los recursos de esta apasionante profesión. 

Y anímense, porque escribir es siempre un sueño posible. 

¡Hasta pronto!

 

 


Mirá acá la primer entrega

Escribir.sueño posible-posdata-digital-pressEscribir, un sueño posible

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