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¿Por qué este médico lamió la herida de su paciente?

William Beaumont fue un médico canadiense que extorsionó y persiguió a su paciente Alexis St Martin durante años para estudiar.

Sucesos históricos 06 de julio de 2021 CVA  Producciones Integrales CVA Producciones Integrales
Crédito:tekcrispy.

POSDATA Digital Press | Argentina

William Beaumont fue un médico canadiense que extorsionó y persiguió a su paciente Alexis St Martin durante años para estudiar el, para entonces, misterioso proceso de la digestión a través de una herida incurable en su estómago.

La historia es digna de una película de terror, pero su relevancia radica en sentar las bases para impedir casos similares en el futuro. Gracias a este y otros horrores de la medicina, actualmente existen principios de bioética que limitan el morbo de los científicos más descabellados y protegen la integridad de los pacientes. A continuación te la contamos.

Limitantes bioéticas en la experimentación científica

La ciencia es lo que nos ha permitido obtener respuestas certeras a las grandes dudas que han aquejado a la humanidad a lo largo de su historia. Muchos de sus motivos son nobles, como la cura de enfermedades y la extensión de la esperanza de vida tanto humana como animal. No obstante, no podemos negar que también hay mercantilismo y morbo detrás de ella, aunque estos factores contribuyan a importantes avances.

Pero, ¿cuán lejos pueden llegar la ciencia para lograr sus objetivos? Una de las grandes limitantes que enfrentan los investigadores enfocados en la medicina es la dificultad para estudiar el desarrollo de las enfermedades o las consecuencias de ciertas lesiones. La prioridad es salvar a los pacientes, por lo que no pueden darse el lujo de ver cómo avanzan sus afecciones, ni mucho menos de provocarles la enfermedad para comprender su desarrollo.

De hecho, en la actualidad existen estrictas regulaciones y principios de bioética que impiden este tipo de prácticas. Pero lo cierto es que estas se han estipulado gracias a no pocas atrocidades cometidas en el pasado, donde los investigadores hicieron experimentos con humanos a través de engaños.

El médico William Beaumont y su paciente Alexis St. Martin

En TekCrispy tenemos muchos ejemplos, como el ensayo de Puerto Rico, del que hablamos recientemente. Pero en esta oportunidad nos enfocaremos en el caso del médico William Beaumont y su paciente Alexis St. Martin.

La historia comienza el 6 de junio de 1822. St. Martin era un joven canadiense que se desempeñaba como “voyageur”, cazador y tratante de pieles. Un día infortunado en que simplemente siguió su rutina en el mercado y a uno de sus compañeros se le disparó el arma a quemarropa accidentalmente. La bala se incrustó en el abdomen del St. Martin dejando una herida amplia y grave en el estómago, un órgano prácticamente desconocido en aquellos tiempos.

Los testigos actuaron rápidamente, y llevaron a St. Martin a un hospital militar cercano, donde trabajaba el doctor Beaumont. Sin titubeos, el médico atendió a su paciente haciendo todo lo posible para salvarle la vida.

Primero logró controlar la hemorragia, lo cual fue una gran hazaña dada la gravedad de la herida. Pero pese a ello, St. Martin enfrentó muchas dificultades. Algo tan necesario y simple como comer le era prácticamente imposible porque el agujero en su estómago, que no terminaba de cerrar, se lo impedía.

Para tener una idea, la herida inicial del joven fue descrita por Beaumont como del tamaño de “la palma de la mano de un hombre”. Ni siquiera podía retener los fármacos orales que le administraban.

Una oportunidad de oro para observar la digestión, un proceso desconocido en el siglo XIX
Así St. Martin siguió bajo los cuidado de Beaumont durante los siguiente tres años, hasta que, finalmente, la entrada del estómago empezó a cicatrizar y pudo realizar la digestión. Lo curioso es que, en el proceso, los bordes del estómago se fusionaron con las paredes de la herida, dejando un abertura de por vida.

Para entonces, la herida se redujo a un diámetro de dos centímetros y medio. El médico podía fácilmente retirar la pared del estómago que cerraba la fístula y observar su interior como si se tratara de una cortina. Además, dicho estómago estaba sano y totalmente funcional, a pesar de su nueva peculiaridad.

Beaumont y la fístula incurable de St. Martin, la ventana hacia el proceso digestivo

Pero para Beaumont, más que una fístula, este extraño resultado era literalmente una ventana hacia uno de los órganos más misteriosos de la época. En el siglo XIX, los estudios sobre el sistema digestivo se limitaban su observación en cadáveres, donde poco se podía aprender sobre el proceso en vida.

Beaumont probablemente aprovechó el enorme favor de salvarle la vida para manipular a St. Martin para que lo ayudara con una serie de experimentos sobre la digestión. Al no poder trabajar como comerciante, le ofreció un puesto como sirviente en su casa, lo cual facilitaría aún más sus estudios, que fueron por de más extensos. A pesar de ello, la historia sugiere que no se llevaban muy bien.

Retrato de Alexis St. Martin anciano en el que se observa su fístula sin sanar en el costado izquierdo.


Desde entonces, llevó a cabo un sinfín de pruebas médicas sin aplicar ningún tipo de principio de bioética. Estas consistían básicamente en atar trozos de alimentos a un hilo de seda e introducirlos en el estómago a través de la fístula incurable.

Horas después, la sacaba del estómago para ver cuánto se habían digerido para entonces. Incluso en alguna oportunidad llegó a lamer el interior del órgano para saber cuándo se secretaban los jugos gástricos. Beaumont también midió la temperatura del estómago, que resultó ser 37.7ºC, y que catalogó como la habitual y más eficaz para la digestión.

Extorsión, persecución y experimentos sin escrúpulos

La historia puede llevarnos a preguntarnos qué habría en la mente de este paciente para aceptar semejantes tratos. Pero la historia sugiere que quizás no estaba del todo de acuerdo con ellos. St. Martin se escapó en varias ocasiones y logró casarse y engendrar 18 hijos pese a su condición.

A pesar de ello, Beaumont lo persiguió siempre ofreciendo recompensas a cambio de su colaboración; entre ellas, dinero y la posibilidad de ayudarlo a cerrar definitivamente su herida.

Beaumont fue la primera persona que observó la digestión en el estómago humano

Descripción de la fístula la obra “Experiments and Observations on the Gastric Juice and the Physiology of Digestion”, de William Beaumont.
Entre un ir y volver, el disgusto del paciente también ayudó a descubrir que el enojo también puede afectar la digestión. Por este y otros hallazgos, Beaumont se considera el padre de la fisiología gástrica, la primera persona en observar cómo ocurría la digestión en el estómago humano.

Aunque crueles y totalmente antiéticos, los experimentos de Beaumont arrojaron información muy valiosa que presentó su monografía de más de 200 páginas en 1833. Pero quizás una vida corta fue el costo que tuvo que pagar por su morbo inagotable: St. Martin, el paciente a quien nunca terminó de curar, más de 80 años, mientras que el médico murió a los 67 años.

Fuente:tekcrispy

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