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La bombilla coloreta y la salamanquesa dragón

¡Es hora de un especial cuento de bolsillo!

El Arca de Luis 03/06/2022 Luis García Orihuela

LA BOMBILLA COLORETA 001

POSDATA Digital Press | Argentina

Luis García Orihuela

Por Luis García Orihuela | Escritor | Poeta | Dibujante

 

 

 

En la vivienda de los Hopper todo eran idas y venidas de última hora por los pasillos y las escaleras del interior de la casa. Los Hopper se mudaban de casa, y estaban ansiosos por llegar a su nuevo domicilio para establecerse cuanto antes y comenzar una nueva vida.

Llegó el camión de la mudanza a la hora acordada y, entre el conductor y su acompañante fueron cargando en el interior el mobiliario más pequeño y las cajas precintadas en el fondo, así como todo lo que era frágil y fácil de romper, dejando para lo último lo más grande, pesado y aparatoso junto a la puerta trasera. Sería lo primero en salir del camión de la mudanza nada mas llegar al nuevo destino de los Hopper. Terminado de cargar el camión de la mudanza éste salió seguido del coche de los Hopper.

La casa estaba ahora vacía y carente de vida. Bueno… no del todo.

—¡Oh! Se fueron todos sin llevarme con ellos. ¿Qué será de mí ahora? Aquí colgada del techo, sola, y con lo miedosa que soy —dijo con un hilillo de voz la lámpara roja que pendía del techo del sótano— Igual entra un ladrón aprovechando que no hay nadie… y me lleva con él. O incluso algo peor. Me rompe. ¡Que horror! Solo de pensarlo me da corrientes… ¡Oh! ¿Qué fue eso?

Se había oído un leve ruido en el sótano. Apenas audible para un oído humano, pero no para una bombilla como Coloreta. De pronto, una lata de refresco que estaba dejada en la escalera a pocos peldaños de la puerta rodó y fue a parar al suelo con un gran estrépito. En el silencio el impacto pareció multiplicarse por mil. Por un segundo los filamentos  e hilos conductores vibraron dentro de Coloreta y su casquillo realizó medio giro hacia la izquierda a causa de su temblor. No pudo evitar el que se escapara un pequeño grito.

— Ey, ¿Quién anda ahí abajo? ¿Quién a chillado? —Dijo una voz desde uno de los escalones— Vamos da la cara y no te escondas. Nada he de hacerte. Te doy mi palabra de salamanquesa dragón.

—He sido yo. Lo siento. Me asusté. Creía que estaba sola —dijo Coloreta con una voz apenas audible.

—¿Dónde estás? No te veo. Da la cara.

—Aquí —contestó Coloreta— Aquí arriba.

—¡Anda! ¿Y qué haces ahí arriba? —dijo la salamanquesa bajando los escalones que le quedaban para llegar al suelo del sótano.

—¿Pues en dónde quieres que esté? Soy una bombilla roja.

—Espera me acerque… Aquí abajo luz no es precisamente lo que sobra —dijo la salamanquesa tomándose su tiempo en llegar— ¿Y cómo es que no das luz siendo que eres una bombilla? Apenas veo tu forma y poco más.

—Los que vivían aquí se han marchado. Se han mudado de casa a otra más grande por lo que les oí decir. Pensé me llevarían con ellos. Yo le daba luz roja al dueño cuando bajaba al sótano a revelar sus fotografías. Pero ya ves… se olvidaron de mí igual que si fuera un trapo viejo —dijo Coloreta con voz compungida apunto de echarse a llorar.

De pronto, junto a unas cubetas de revelado algo se  movió sobresaltándolos.

—Pero bueno… ¡Qué modales son estos? Seré trapo, pero a mucha honra. Qué uno tiene su corazoncito…

El trapo hizo una serie de giros sobre si mismo, se retorció y luego de dar un salto desde la mesa al suelo, se inclinó haciendo una reverencia.

—Podéis llamarme Trappi.

—Yo soy Coloreta. Perdona si te he ofendido. No fue intencionado.

—¿Con que Trappi eh? —dijo riendo la salamanquesa— Pues a mi podéis llamarme… ¡Dragón! Bueno, ¿Hay alguien más por ahí? Para haberse ido sus dueños esto está más concurrido que Picadilly Circus en un día de lluvia jugando los Laikers.

—Jajajaja. Qué graciosa eres —dijo Coloreta.

—Debe de ser mi pasado andaluz, chiquilla. Ea, a ver en dónde está tu interruptor.

Dragón descubrió el interruptor. Se encontraba en la pared, encima de la mesa de revelados. Con facilidad trepó por una de las patas hasta llegar junto a él.

—A ver si puedo. Prepárate niña —dijo a Coloreta.

Dragón le dio un coletazo con toda su fuerza, y al momento Coloreta se iluminó inundando con su luz roja todo el sótano.

—Espera —dijo Trappi acercándose más— Te sacaré brillo.

Trappi flexionó como un trapo de élite sobre si mismo y se impulso de un salto al estirarse. Llegó dónde Coloreta y en un visto y no visto la dejó reluciente.

—Ahora si que estás hermosa —dijo Trappi emocionado por su intervención— Ahora brillas más que esas estrellas de Hollywood.

Tanto Trappi, cómo Dragón, pensaron que Coloreta debía de haberse ruborizado, La luz que despedía se hizo más intensa por un momento.

—¿Y qué haremos ahora? —dijo Trappi desenroscándose y tumbándose sobre la mesa a modo de pequeño edredón.

—Yo no se tú lo que harás, pero en mi caso aquí arriba estoy muy calentito —dijo Dragón, subido encima de Coloreta— Afuera hay tormenta y hace frío. Por si no te has dado cuenta.

Era verdad. Llovía intensamente, tanto que desde el sótano pudieron oír un fuerte trueno.

—Oh, nooo… —dijo Coloreta— Las tormentas me dan muuuucho miedo. Son muy malas y…

De pronto todo quedó a oscuras en la casa.

—Vaya hombre, también es mala suerte. Justo ahora que había cogido la posturita se va la luz —dijo Dragón malhumorado—¿Alguien trajo un mazo de cartas?

—Coloreta, ¿Estás bien? O estás fun…dida.

—Oh siii. Estoy bien. Algo aturdida tan solo.

Una voz grabe se oyó de pronto sobresaltándolos. Del susto Dragón cayó al suelo con sus cuatro patas arriba.

—¿Queréis callaros de una vez? Parecéis unas cotorras los tres.

—¿Quién ha dicho eso?—preguntó con voz trémula Coloreta.

—¿Quién eres? ¿Dónde estás? —dijo Trappi irguiéndose en la mesa de un salto.

—A que mala hora busqué refugio en esta casa —dijo con poco convencimiento Dragón mientras se incorporaba buscando una posición más digna.

—Soy el pomo —dijo la voz— He escuchado abrirse una puerta. Alguien ha entrado en la casa.

Todos se callaron de golpe para ponerse acto seguido a escuchar. Era cierto. Pomo tenía razón y un oído excepcional. Quién fuera que hubiese entrado a la casa, al abril la puerta había dado paso al fragor de la tormenta que había en la calle. Se escuchó cerrarse la puerta con un fuerte golpe. Luego el sonido de unos zapatos recorriendo la entrada. Todos corrieron a esconderse.

—¡No corráis! apagadme por favor—dijo Coloreta a punto de que le diera algo.

—Yo no puedo —dijo Trappi— Apenas tengo fuerza,

—Está bien. Ya lo haré yo —dijo Dragón renegando— Ahí voy.

Dragón trepó corriendo por la mesa, se acercó al interruptor y con todas las fuerzas que fue capaz de reunir le dio un golpe con la cola. Coloreta quedó otra vez a oscuras. Justo en ese instante oyeron pasos acercándose y se abrió la puerta del sótano. Al momento toda la estancia quedó iluminada.

—¡Oh! —dijo Coloreta— Es el fotógrafo. Ha regresado.

—¡Menuda cabeza la mía! Olvidarme de la bombilla de revelado —dijo el hombre desenroscando del portalámparas a Coloreta.

Una hora después, ya habiendo dejado de llover, Coloreta viajaba en el coche del antiguo propietario de la casa camino a su nuevo domicilio. Junto a ella, escondidos en el asiento de al lado iban Trappi y Dragón.

—¿Pero que hace aquí este pomo?

Coloreta, Trappi y Dragón sonrieron al escuchar la pregunta.

 


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