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La teoría del etiquetado: actitudes de exclusión social y rechazo

Al etiquetar a una persona se establece una diferencia entre esta y el entorno social al que pertenece.

Salud 08/07/2022 CVA  Producciones Integrales CVA Producciones Integrales

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La teoría del etiquetado explica cómo los demás perciben el comportamiento de una persona y, según sus características, lo etiquetan dentro de las convenciones sociales y culturales. El concepto central de esta teoría es que cualquiera que se “desvíe” de las normas sociales, que están dentro del sentido común de la sociedad, será etiquetado de forma negativa.

La sociología estudia las convenciones y las normas sociales, y para la teoría del etiquetado utiliza el concepto de desviación: si la apariencia o la conducta de una persona está conforme solamente con una minoría social, quedará etiquetada de forma negativa por no cumplir con los estándares de las normas y la cultura de la sociedad dominante.

Ahora bien, en qué consiste etiquetar a alguien que no esté enmarcado en una colectividad mayoritaria.

Breve historia de la teoría del etiquetado
Howard Saul Becker, sociólogo estadounidense, heredero de la Escuela de Chicago y el interaccionismo simbólico, ha soportado sus teorías alrededor de la desviación. Según sus investigaciones sobre los grupos sociales y sus interacciones, la desviación de la norma social no es una condición inherente a una persona, es más bien la identificación de esta por parte de una colectividad que profesa ciertas normas acordes a la “convivencia social”.

Por lo tanto, esta colectividad o mayoría social tenderá a imponer sanciones a una persona o a una minoría por transgredir su normatividad y desviarse de sus costumbres sociales. Según la situación descrita con anterioridad, el etiquetado, con una fuerte carácter discriminatorio, sería inevitable.

El papel de los estereotipos
Es común estereotipar a una persona por sus rasgos según el grupo minoritario al que pertenezca. En este caso, la mayoría social la señala y generaliza, bajo los parámetros perceptivos que tiene sobre sus normas y costumbres.

El principal propósito es encasillarla como transgresora de la norma, ya que no cumple con lo que la mayoría dicta, así esto signifique estigmatizarla de manera discriminatoria.

Desviación primaria y secundaria
Podemos clasificar la desviación en dos tipos: primaria y secundaria. Edwin Lemert (1912-1996), quien fue profesor de sociología en la Universidad de California, las definió de la siguiente manera:

Desviación primaria: no hay sensación plena de desviación por quien incumple las normas, ni los demás (la mayoría social) lo perciben así.
Desviación secundaria: contrario a la primaria, la persona que incumple la norma es etiquetada como desviada por la mayoría social; por lo tanto, ella se percibirá a sí misma según cómo la perciben los demás.

En algún momento todos hemos cometido acciones que se catalogan como desviadas. Por ejemplo, consumir drogas, hacer grafitis no autorizados, ignorar las leyes de tránsito, etc. No obstante, algunos pocos, con rasgos muy característicos, son encasillados como absolutos desviados, quebrantadores de las normas.

El estigma que tiene su origen en las etiquetas
El estigma, relacionado íntimamente con la desviación secundaria, es el rol asignado a la persona desviada, que sirve para distorsionar su biografía. Todo acto que realice en sociedad será catalogado negativamente como un hecho desviado de la norma.

Así, el rol dominante en el individuo y todos sus actos pretéritos comienzan a reinterpretarse bajo esta perspectiva del estigma. Se trata de un proceso de distorsión biográfica conocido como etiquetación retrospectiva.

Según el sociólogo Erving Goffman (1922-1982), al estigmatizar a alguien se activan algunos efectos sociales, como el aislamiento social, impulsado por un grupo que se identifica con el rechazo hacia el desviado (estigmatizado). La consecuencia sería que este, al recibir señalamientos limitantes, terminará por creérselos, asumiendo el rol que los estigmatizadores le señalaron. Es como si estos fueran profetas del papel final que desempeñará el “desviado”, según la aplicación que hizo Robert K. Merton del Teorema de Thomas.

La teoría del etiquetado en la criminología

Gracias al desafortunado papel profético de los estigmatizadores contra el “desviado” (profecía autocumplida), la persona etiquetada actuaría según las acciones delictivas que le endilga el grupo estigmatizador. Por ejemplo, si consumió drogas una sola vez, pero es señalada y acosada por una mayoría una y otra vez por estos hechos, es muy probable que termine por ser una consumidora regular, por lo que, inconscientemente, cumpliría con la demanda estigmatizadora.

En parte, gracias a la teoría del etiquetado, la criminología puede predecir los patrones de algunas personas que cumplen con la profecía estigmatizadora. Este proceso hace que el acusado, por decirlo de algún modo, busque la aprobación de otros que son como él, es decir, acusados por quienes se autodenominan “la mayoría”. Esta situación hace que estos patrones de comportamientos se repitan una y otra vez, como si de un círculo vicioso se tratase.

Cómo opera la teoría del etiquetado en la psicología
La teoría del etiquetado, por desviación secundaria, también puede atacar la salud mental. Recordemos que la función de la mayoría social es rechazar y aislar al señalado como desviado, situación que puede derivar en un trastorno mental para quien asume y padece este papel.

Ahora bien, este mismo mecanismo de aislamiento puede aplicarse para quien no está regulado anímicamente o sea considerado como un enfermo mental por la mayoría social. Por ejemplo, señalar a una persona como obsesiva-compulsiva porque simplemente tiene algunos rasgos de este trastorno puede derivar en algunos casos en que ella termine por padecerlo, ya que se le trata como si realmente estuviera enferma, por lo que, inconscientemente, asumirá este papel. De nuevo, se presenta la profecía autorrealizada.

Qué podemos hacer frente a la teoría del etiquetado
Antes que nada, la mayoría no siempre tiene la razón, y más cuando cada miembro de ella no goza de un criterio propio ni tiene sentido crítico sobre lo que se presume del “desviado”. Además, recordemos que el ser humano, sujeto político y social por naturaleza, tenderá a buscar aprobación o reconocimiento de alguna manera. Por lo tanto, no es correcto encasillar a nadie para que esté por fuera de la norma, aprobada por una mayoría.

Asumir una postura crítica frente a la estigmatización colectiva hacia un individuo o minoría implica reflexionar sobre cómo este puede terminar por aprender hábitos perversos o contraproducentes a su salud física y mental, solamente porque está encasillado para complacer el castigo, según el cumplimiento de la norma de la mayoría social.

El diagnóstico y la prevención sobre la conducta individual y colectiva son las principales herramientas para romper con el círculo vicioso de la estigmatización, para acabar de una vez por todas con la conducta colectiva que juzga indiscriminadamente al que siente, piensa y obra de manera diferente dentro de las convenciones y normas de la mayoría social.

Fuente:la mente es maravillosa

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