Cómo entender qué es la violencia simbólica con ejemplos

La violencia simbólica es más difícil de detectar que la física, pero es bastante manifiesta una vez se aprende a identificarla. En este texto, descubre cómo reconocerla.

Sociedad 26/05/2024 CVA  Producciones Integrales CVA Producciones Integrales
  

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POSDATA Digital Press | Argentina

En nuestra sociedad, la violencia no siempre se presenta de manera física o evidente; existe una forma sutil: la violencia simbólica. Esta, aunque no abra heridas ni deje hematomas, es igual de dañina que la directa.

La misma, funciona a través de símbolos, discursos y representaciones, perpetuando relaciones de poder y reforzando la segregación de colectivos. Aquí, a través de la definición del concepto y varios ejemplos, lograrás una compresión profunda de esta violencia subrepticia y ligada al sistema. Comencemos.

¿Qué es la violencia simbólica y cómo se manifiesta?
El término de «violencia simbólica» lo acuñó el sociólogo Pierre Bourdieu. Este se refiere a los procesos mediante los cuales se ejerce el poder de manera vertical a través de símbolos, gestos, palabras y representaciones culturales.

Su objetivo no es la subyugación de los grupos a través de la dominación y la intimidación física, sino de la imposición de estructuras de poder y la subordinación en estructuras sociales.

Esta tipología de violencia se manifiesta a través de varias acciones; algunas de las más conocidas son las siguientes:

  • exclusión social,
  • lenguaje discriminatorio,
  • discursos estigmatizantes,
  • creación de estereotipos negativos,
  • imposición de normas y valores que refuerzan desigualdades estructurales.


 Como ejemplo bastante conocido, destaca la representación estereotipada de las mujeres en los medios de comunicación. A menudo, se las retrata como objetos sexuales o como personas dependientes y sumisas. Estos estereotipos contribuyen a perpetuar la desigualdad de género.

 
Violencia simbólica y discriminación, ¿son lo mismo?
Si bien la violencia a través de símbolos y la discriminación están relacionadas, no son conceptos idénticos. Mientras que la discriminación implica tratar de manera desigual a ciertos grupos en función de características como la raza, el género o la orientación sexual, la violencia en cuestión es un mecanismo que legitima y perpetúa esa discriminación. 

Es decir, cuando es simbólica, la violencia se convierte en el motor de la discriminación, además de agrupar otra serie de medidas perjudiciales para la cohesión social.

 Un ejemplo de esto se encuentra en el estudio publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, donde se describen actos discriminatorios por comisión y por omisión hacia las mujeres que quieren ejercer la política.

Sobre el mismo caso, mientras que la discriminación sería considerar que solo los hombres pueden ser políticos, la violencia mediante simbología sería acusar a las mujeres falsamente, omitirlas de reuniones y plenos o incitar a actos violentos contra ellas.

¿Cómo contribuye esta violencia a la discriminación de colectivos minoritarios?
Como podrás imaginar, dicha clase de violencia tiene un gran efecto de perpetuación y agravamiento de la discriminación hacia colectivos minoritarios. A través de las mencionadas representaciones negativas, estereotipos y discursos deshumanizantes, se refuerzan las desigualdades estructurales y perdura la marginalización de estos grupos.

 Un trabajo divulgado en International Journal of Developmental Science, en 2018, revisó la bibliografía existente hasta el momento para concluir que la exposición a violencia radical influye en la toma de decisiones y en una mayor participación en violencia política.

Por tanto, un despliegue continuo de símbolos, discursos y representaciones negativas puede tener efectos perjudiciales para los colectivos hacia los que va dirigida esta violencia simbólica.

Consecuencias de la violencia a través de símbolos
Tal violencia no solo tiene repercusiones en los individuos y grupos que son objeto de discriminación, sino que también afecta a la sociedad en su conjunto. Al perpetuar estereotipos y desigualdades, esta violencia socava la cohesión social y limita el pleno desarrollo de un entorno justo e inclusivo.

 El estudio de Bar-Tal et al., publicado en Journal of Social Issues, examina las consecuencias de la violencia por símbolos en las sociedades divididas. Los hallazgos indican que este mecanismo contribuye a la polarización social, el conflicto y la fragmentación de la sociedad.

Además, es posible que obstaculice los esfuerzos de reconciliación y construcción de la paz, ya que cimienta la desconfianza y la hostilidad entre diferentes grupos.

Asimismo, este discurso violento genera estrés, ansiedad, depresión y baja autoestima en los individuos afectados, como se advierte en un trabajo divulgado por Terapia Psicológica.

Fuente:La mente es maravillosa

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