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El mismo deseo, distintas épocas

La gran revolución viene de la mano de las mujeres.

Vidas en letra Sharon Gorosito
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Foto: Pics Art



POSDATA Digital Press | Argentina

Sharon Gorosito
Por Sharon Gorosito | Escritora


El poeta, escritor y pensador mexicano, Alfonso Reyes,  nos explicó en su introducción de Ilíada (Ed. Porrua, 1997), que el destino en llamas y sangriento de Troya llevaba consigo un solo nombre, Paris.

Paris tuvo la mala dicha de ser bendecido por los dioses con un sentimiento prohibido, el deseo sexual dirigido hacia Helena. Deseo, amor, engaños, todos factores plenamente divinos a los que ningún mortal podría jamás renunciar o controlar. 

Remontándonos hacia el pre renacimiento, Fernando Rojas nos brinda en su obra Celestina un claro ejemplo del deseo sexual considerado por la sociedad como un pecado.

En esta tragicomedia, observamos la historia de amor entre Calisto y Melibea. Calisto ante el rechazo inicial de la joven, acude a Celestina, una alcahueta experta  en arreglar amores. Ella consigue que Melibea se rinda ante Calisto y que su amor se consuma.

Pero ambos ganadores cobran un gran precio. Celestina, cegada por la codicia, no quiere compartirlo con sus criados quienes la asesinan, y Calisto accidentalmente cae de una escalera y muere y en consecuencia, Melibea se suicida.

Cada uno de los actos cometidos son considerados pecados, cada uno de esos deseos consumados obtienen al final una especie de castigo divino.

El filósofo contemporáneo Simón Blackburn, nos ofrece una mirada hacia el concepto de la lujuria (deseo sexual o erótico), la cual ha sido calificada como un pecado durante siglos y que, según él, debería ser rescatada para la humanidad como una virtud.

La definición que propone es el de deseo entusiasta de actividad sexual y placer sin otro interés. Señala que de ser recíproco la lujuria puede llevar al placer y florece mejor sin el estorbo de la filosofía o la religión, que impiden su fluidez y libertad. 

Actualmente, el feminismo rebelde de las últimas décadas, ha permitido a través de su lucha la liberación de las mujeres, y consigo, la liberación de todas las formas de la sexualidad. 

“Tramo también el poder de ese goce. Pido que se vuelva potencia y no revancha. Le rezo, en susurros de pecado a las cintitas desanudadas de Bahía, que el mar nos levante y no nos arrolle cuando las piernas ya no comulgan con la arena; y también planto una bandera (frente a la marea verde que nos empalma y nos pone glitter entre las lágrimas): no quiero regalarte mi fragilidad si no querés recibirla.” Escribe en un adelanto de su libro Sexteame (Ed.Paidós) Luciana Peker, militante feminista, escritora y periodista especializada en género. 

Sin duda alguna, la gran revolución viene de la mano de las mujeres.

 

 

 

 

 

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