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Cariló

"La noche asoma con su letargo a cuestas. Con la soberbia que le impregna una luna satisfecha".

La Cima Del Tiempo 30/12/2020 Sil Perez
imagen Cariló
Crédito:Sil Perez

POSDATA Diital Press | Argentina

sil Pérez
Por Sl Perez | Escritora | Pota | Miembro d la SADE

Cae la tarde como un relámpago, y mientras el sol se aleja entre la maleza las cotorras regresan a su nido. En la cima de la palmera, el refugio de pichones se reviste calmo. El amanecer es un desafío constante, ellos lo saben.  La noche asoma con el letargo a cuestas. Con la soberbia que le impregna una luna satisfecha. Ese manto lúgubre y silencioso es respetado por cada uno de los sobrevivientes. El silencio amordaza las copas de los árboles, mientras el viento, sin culpa las tambalea. La disputa por el espacio llega a su fin. Al menos por esta noche las palomas dormirán a salvo de las garras impiadosas.  Los grillos circundan la ceremonia macabra de la soledad. El viento azota las copas una vez más. El mar despabilado seduce al silencio con sus guiños salobres.  Solo resta afianzarse a la idea de creer que la existencia es un minúsculo instante donde todo transcurre sin piedad.

Las gaviotas circundan el horizonte, mientras el cielo tiñe el crepúsculo con su sombra. Los trozos de vida diseminados por la basta vegetación armonizan su melodía. El lenguaje de la creación se abre soberano, como las hojas de las acacias. Todo transcurre inevitable en el reposo del tiempo, que ante mis ojos se diluye como agua en la arena.

Las copas de los eucaliptos se abrazan a los aromos, con evidente suspicacia. La complicidad abre un arco impenetrable donde el sol, desde la cima recuesta su agonía. La sombra es una dama inquieta que se atreve a desplazarse por cada rincón del trayecto. Sin miedos avanza, como dueña del follaje.

Los pinos se enfrentan a la necesidad del vértigo. El viento altivo somete su rigor y los enlaza. Nadie es ajeno a las inmediaciones de la naturaleza. Nada es en vano cuando el latido de una hoja persiste ante la huella del tiempo. El bosque y sus atributos de sosiego se sostienen altivos como el vuelo de un ave rapaz. Con la precisión mordaz de un chimango, o el furtivo vaivén de un colibrí la inmensidad palpita y en cada nuevo amanecer abraza la virtud de su dominio, la vida.

 

 

 

 

 

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