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El enigma del cráneo viajero

Observo algo que antes no había notado y es que cada vez que mi esposa pasa ´por la biblioteca acaricia el cráneo suavemente igual que como lo hace con el mío.

La Palabra 25/02/2021 Jorge Alberto Rampinini
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Crédito:Valeria Rampinini


 

POSDATA Digital Press | Argentina

Jorge-Rampinini
Por Jorge Alberto Rampinini | Escritor Miembro de la SADE | Socio  de la Academia Argentina de Letras |Profesor en Tecnologias de información y comunicación



Cuando llegué a mi habitación lo vi, sobre la biblioteca, observándome. Sus ojos redondos, profundos y oscuros no dejaban ninguna duda de que me observaba. 

Es extraño, pero de alguna manera, donde vamos él está, y digo donde vamos, porque su tenencia es compartida.

De hecho, originalmente, es una herencia familiar, ya que el primero que se encargó de traerlo fue mi cuñado.

Como si se tratara de una historia tenebrosa, el relato originario cuenta cómo, pagándole unas pocas monedas al cuidador del cementerio, éste les entregaría una bolsa con restos humanos, extraídos de tumbas que se removían por antiguas o por no tener familiares que las reclamaran. La bolsa fue arrojada por sobre el muro circundante del lugar. Él y sus compañeros la llevaron a su casa para sumergirla en cal viva y poder quitar los restos de carne putrefacta, pelos, gusanos o lo que fuera que el tiempo se encargó de producir sobre esa masa ósea. Porque en definitiva de lo que estoy hablando es de huesos humanos y más precisamente de un cráneo ya que estudiaba medicina. Luego de limpiarlo, barnizarlo y ponerle nombre. “Fidelio” ya estaba listo para ser objeto de estudio y veneración y así, aprobar las materias de la universidad. No quiero dejar pasar la oportunidad de decir que, como todo misterio, debe rodearlo una intriga. En el caso de esta osamenta había versiones de que el mismo podía ser, tal vez, el de un pobre linyera muerto, abandonado solo en la calle o hasta la de un psicópata criminal que alguien mató y abandonó para evitarse problemas y que ahora, ha regresado para influenciarnos con su sola presencia y mirada.

El tiempo pasó. Mi cuñado se recibió de médico y el cráneo quedó en manos de su hermana, quien también abrazó la medicina como carrera. Y en una ceremonia casi secreta y familiar, seguramente queriendo evitar burlas inapropiadas, con leyendas y misterios, allí se quedó. 

Es aquí cuando yo entro en la historia. La conozco a ella en la Facultad, ya que por un tiempo estudiamos juntos. Me muestra el cráneo y me relata su historia. Como si yo fuera una pieza del rompecabezas, parecía que un papel en la misma tenía asignado.

El tiempo pasó. Ella se recibió. Yo continúe a su lado y Fidelio también. En la casa donde vivíamos estaba sobre la biblioteca. Cada vez que yo leía o acomodaba un libro, presentía que me observaba, con una mirada profunda y oscura, aunque sus órbitas estaban vacías, no dejaba de inquietarme. Debo reconocer que hasta intuía que a esta altura se trataba de una especie de amuleto, ya que las cosas iban saliendo bien. Únicamente debo mencionar como dato curioso que la señora que limpiaba la casa, una persona del interior que arrastraba creencias extrañas sobre todo lo relacionado a la muerte, no se animaba a entrar al cuarto donde se encontraba el cráneo por decir que sentía una presencia extraña. 

Al mudarnos a una casa nueva, Fidelio regresó con su dueño originario. Pero fue solamente por un tiempo ya que cuando ellos deciden irse al sur se desprendieron de varios objetos, entre ellos el cráneo donándolo a una entidad benéfica. 

Al enterarse de esto la reacción de mi esposa, por lo exagerada, llama mi atención. Siente la angustia de su pérdida como si parte de su pasado dependiera de ello.  No me pregunten por qué, pero como si dependiera de una fuerza extraña, un pensamiento fugaz me llevó a viajar al lugar donde fue llevado para intentar recuperarlo. A pesar de la cantidad de objetos que encontré apilados, como surgiendo a mi paso, ahí lo vi. Con su dentadura huesuda, sonriendo de una forma macabra, hasta creería que estaba feliz de ser recuperado.

Lo regreso a casa. Yo me siento como un guardián de un enigma, con un cráneo viajero que siempre nos acompaña. No creo que este´ sugestionado, todo me indica que su presencia no ha provocado ningún mal. 

Observo algo que antes no había notado y es que cada vez que mi esposa pasa ´por la biblioteca acaricia el cráneo suavemente igual que como lo hace con el mío.

El otro día le pregunte a ella ¿por qué ese ritual de acariciarlo? Y me contestó que no era por nada en particular, solo una cábala, un exorcismo del tiempo que su energía va renovando. Debe ser cierto, ya que la veo más radiante. 

El tiempo sigue pasando. Fidelio me sigue observando. Mis fuerzas de a poco voy perdiendo. Ella sigue cada vez más rejuvenecida. Sobre la biblioteca al lado de Fidelio noto que un espacio libre ha quedado. 

Me animé y le pregunté a mi cuñado si recordaba de que tumba lo habían sacado. No lo sabia y aunque ha pasado mucho tiempo siempre lo intrigó el hecho de que el cráneo era diferente al resto de los huesos y más se asombró cuando, al otro día, al encontrarse con el guardia este le refirió que estando por arrojar la bolsa se le acercó una joven con otro cráneo y le pidió cambiarlo.

 Sinceramente nunca le pregunté a ella el nombre de su novio anterior.  Observo que ella y el cráneo me miran y algo me dice que su nombre era Fidel.

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