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Columnas - La Palabra 04/01/2022 Jorge Alberto Rampinini

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Por Jorge Alberto Rampinini| Escritor 1 Miembro de la SADE | Diplomado en Teoria y Producción Literaria| Socio  de la Academia Argentina de Letras| Profesor en Tecnologias de información y comunicación.  


La observó varias veces durante su estadía en el lugar y no podía negar que le gustaba. Hasta se tomó el trabajo de seguirla en algunas de las salidas que ella realizaba al supermercado, hasta se atrevió a entrar a la iglesia del lugar, el domingo a la mañana, cuando ella concurría a rezar.

Realmente no imaginaba como no se percataba de que la observaba.

 


 Cuando volvió al bar la mujer ya no estaba, pero la victrola seguía sonando y la música llenaba el local vacío. Al subir al ómnibus no la vio, apareció al final, en el momento en que salían, atropellada, haciendo equilibrio sobre los tacones altos. 

El relato comienza cuando Cesar entró al bar de la Terminal, de este pequeño pueblo llamado Vedia, cerca de Junín, donde se encontraba desde hacía unos pocos días. Había llegado por un trabajo. Tenía que solucionar problemas familiares a uno de sus clientes.

La observó varias veces durante su estadía en el lugar y no podía negar que le gustaba. Hasta se tomó el trabajo de seguirla en algunas de las salidas que ella realizaba al supermercado, hasta se atrevió a entrar a la iglesia del lugar, el domingo a la mañana, cuando ella concurría a rezar.

Realmente no imaginaba como no se percataba de que la observaba.

Entonces ocurrió lo esperado. Ese día a la mañana vio que entraba a la Terminal y compraba un pasaje de regreso a Córdoba Capital.

Estaba ella sola y se dio cuenta que lo miró directamente a los ojos. Evidentemente lo reconoció y más después de que la tarde anterior, cuando regresaba a su hotel, la vio besándose con el dueño ese pequeño deportivo azul. Aunque continuaron besándose desvió su mirada para verlo lo suficiente y darse cuenta que él también la miraba.  Cesar ya tenía mucha experiencia en estos desencuentros y sabía que luego de terminar su trabajo se iría y de ella se olvidaría.

Como siempre, mantenía distancia afectiva con la gente y así lograba sufrimientos innecesarios. 

Pero algo le decía que tal vez, lejos del pueblo donde la conocían, del lugar donde también a él lo habían observado, podía en las seis horas que duraba el viaje, lograr al menos acercarse y no perder la oportunidad de que supiera lo que él quería. Sin dudarlo compró el pasaje, fue al hotel y se recostó. Por la noche tomarían el micro y su planificada tarea comenzaría. Antes buscó en la valija el estuche marrón con su material de trabajo, algunas pocas prendas, lo puso todo en el bolso de mano y se dirigió al bar de la Terminal.

Ahora dejando atrás este recuerdo, la observa ya sentada. Se la veía tensa y triste, mirando por la ventana como la va envolviendo una noche cerrada. Las luces de los coches que pasan por la ruta, iluminan con destellos fugaces el interior del micro y él no deja de observarla. Su perfil recortado sobre el cristal de la ventanilla la hace más bella y por un momento se olvida de todo. Evidentemente esa mujer lo atrae, lo excita al punto de querer escaparse a cualquier lugar que ella le pidiera.

 No lo duda, no puede permitirse dudar, se levanta y sin mediar palabras se sienta a su lado.

Ella gira el rostro hacia él y lo reconoce de inmediato. Antes de que pueda preguntar algo, Cesar saca un pequeño revolver con silenciador de ese estuche marrón y dispara dos veces. Solo se escucha un silbido, que se confunde con el viento exterior. Ella reclina la cabeza hacia adelante, la recuesta en el asiento, apoya su cabeza en el respaldo y con un pañuelo de papel seca un hilo de sangre que sale por la comisura de su labio. Cualquiera que la vea pensará que duerme plácidamente.

Cuando el micro se detiene en la primera parada, se baja y avisa al conductor que no seguirá el viaje, porque le surgió un adicional de trabajo y tenía que regresar a concluirlo.

Tomó su celular y en el WhatsApp escribe:

Estimado- la parte del trabajo solicitado está concluido. La foto como prueba del engaño ya se la he enviado. Ella ya no podrá seguir amenazándolo con la plata del divorcio. - Vuelvo a Vedia a recuperar mi valija. De acuerdo a lo solicitado, me encargaré también se su socio, con quien lo estaba engañando. Claro está que esto representa un dinero extra, pero no dudo de que no tendré inconvenientes con el monto. Después de esto daré por terminado mi trabajo. 

 

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