Respeto a las instituciones

La columna de Eduardo Por Eduardo Servente
La sociedad ya no le tiene respeto a las instituciones que la gobiernan. Es un claro síntoma del grado de enfermedad de la misma.

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POSDATA Digital Press | Argentina

Eduardo ServenteEduardo Servente | Ingeniero civil 

Decir que la economía está en crisis, es una historia antigua y muy repetitiva. No creo que por ahora valga la pena seguir insistiendo sobre algo que hemos hablado hasta el hartazgo. La economía del país está muy mal y seguirá estando mal hasta que se hagan los cambios necesarios, que son muchos e implicaría un cambio total en la clase política, gremial y empresarial de nuestro país. Cambiar significaría sacar de la vida cómoda a todos esos que son los que deben hacer los cambios. Es tan simple como eso, por lo que todo indica que es terriblemente difícil la solución.

Pero considero que sí podemos hacer hincapié en algo que nos falta hace mucho tiempo también que es el respeto a las instituciones.

Este verano me hizo recapacitar una tragedia que sucedió en Villa Gesell donde un joven fue asesinado a golpes por un grupo de muchachos. Además de la brutalidad del hecho y el pesar a su familia, me llamó la atención un par de detalles que habla mucho de nosotros como sociedad.

Por un lado, el periodismo en su casi totalidad echando la culpa a un deporte que es ejemplo en mostrar respeto hacia su contrincante, en vez de mirar en las familias de esos muchachos o bien en quienes les enseñaron a practicar erróneamente ese deporte. Un periodismo que está muy acostumbrado a estigmatizar sin análisis serios provocando así injustas manchas siempre complicadas de limpiar.

Pero quizás peor, y de razones más profundas fue que días después del terrible asesinato hubo una marcha popular pidiendo justicia. Y si pensamos un poco no solo hubo manifestaciones populares pidiendo justicia por ese asesinato, sino que las hay por casi cada hecho de inseguridad que vivimos como sociedad.

Si nos ponemos a recordar también muchas veces hay manifestaciones por el tratamiento de leyes frente al Congreso. Que se debe votar de esta manera, o de esta otra, que hay que redactar tal ley o derogar tal otra, etc., siempre hay alguna razón valedera para manifestarse.

Y ni hablar de las manifestaciones que se expresan en contra o a favor de actos del Poder Ejecutivo. Las vivimos todos los días reclamando o apoyando al ejecutivo nacional, o a los provinciales o municipales.

Es sano que el pueblo se manifieste, pero entendamos que lo que nos sucede es una exageración. Es claro que la causa principal es la desconfianza de la sociedad al funcionamiento de sus instituciones. La sociedad sabe que si no muestra descontento la política seguirá su camino de acuerdo a su conveniencia.

Es sorprendente en el caso del asesinato de Villa Gesell que comentamos, la justicia estaba actuando con sorprendente celeridad, no obstante lo cual la sociedad igualmente se manifestó. Ojalá el tiempo no les dé la razón y la justicia se expida rápidamente y, valga la redundancia, con justicia.

La sociedad ya no le tiene respeto a las instituciones que la gobiernan. Es un claro síntoma del grado de enfermedad de la misma.

Pero hay algo mucho más grave que la falta de respeto que siente la sociedad y es el total irrespeto de la clase política en su totalidad por esas instituciones en donde deben actuar.

Si hacemos un poco de historia veremos que en los últimos ochenta años la gran falencia de nuestra sociedad fue el respeto de la clase política a las instituciones de la nación.

Empezando por los gobiernos militares que directamente las eliminaron; los gobiernos peronistas constantemente faltaron el respeto e influyeron de un poder a otro sin permitir así que las instituciones funcionaran; y los gobiernos radicales y de Cambiemos mostraron también más tímidas influencias, pero más aún una gran inoperancia para independizar los tres poderes.

Es cierto que esa falta de respeto a las instituciones comenzó diez años antes de lo que menciono con el primer golpe de estado del siglo XX, igualmente desde ese entonces no nos corregimos.

Pidamos por el respeto de la política hacia los poderes de la nación. Que el ejecutivo no influya en la justicia, que no presione a los legisladores y que gobierne por el bien común del pueblo al que dirige. Que los legisladores propongan y voten de acuerdo a su mandato, que es el del pueblo y no el de su superior en el partido. Que los diputados voten por el mandato de sus electores y los senadores por el mandato de sus provincias. Que el Poder Judicial imparta justicia rápidamente y de acuerdo a las leyes y que bajo ninguna circunstancia se dejen influir por el poder de turno.

Considero que lo expuesto es algo por lo que podemos pedir. Para cambiar la economía, que es algo sobre lo que debemos insistir, hay que contrarrestar un lavado de cerebros que nos han hecho durante ochenta años, es una dura tarea, pero seguramente podemos empezar por algo más básico y servirá para nuestro futuro que es el respeto irrestricto a las instituciones.

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