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Paul in Rio

Mi ansiedad me volvió loco, no podía creer que mi máximo ídolo iba a estar tan cerca tocando en un concierto y volví a gritar: “¡Marce, tenemos que ir!”.

La columna de Eduardo Eduardo Servente

Paul in Rio-posdata digital press Un póster promocional original para la actuación del Paul McCartney World Tour en Río de Janeiro en el estadio Maracaná los días 20 y 21 de abril de 1990



POSDATA Digital Press | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero civil

Una mañana a principios de abril de 1990 estaba todavía en la cama leyendo el diario cuando veo sorprendido una propaganda muy chiquita a pie de página que decía: PAUL IN RIO. Salté de la cama y grité: “¡Marce, mirá, va a estar Paul en Río!”.

Mi ansiedad me volvió loco, no podía creer que mi máximo ídolo iba a estar tan cerca tocando en un concierto y volví a gritar: “¡Marce, tenemos que ir!”.

Marcela era agente de viajes y enseguida llamó a su amiga Belén que se especializaba en turismo en Brasil y planificaron la escapada. Sin las facilidades de comunicación que tenemos hoy, con llamadas telefónicas, télex y faxes se planificó todo.

Volábamos el mismo sábado 21 a Río, nos alojábamos en el hotel, íbamos al Maracaná, dormíamos si podíamos y al mediodía del domingo volvíamos a Buenos Aires. Todo estaba planificado al segundo.

Le pedimos a una de las hermanas de Marcela que esa noche se quedara con los chicos y salimos los dos a otra aventura como tantas, pero esta era especial, íbamos a ver a nuestro mayor ídolo por primera vez.

Desde chico mientras crecía en compañía de la música de los Beatles mi fanatismo y admiración también fue creciendo. Siempre tuve preferencias por Paul McCartney porque siempre consideré que musicalmente era muy superior y muchas veces tenía letras muy profundas cantando a la vida.

Cuando empecé a noviar con Marcela enseguida se contagió de mis gustos y así llegamos a nuestro casamiento y rompiendo todos los moldes de aquella época, aunque ahora es usual, en vez de bailar el clásico vals, bailamos bien apretados Hey Jude!, lo que fue un himno que me acompañó toda mi vida.

Desde que estaban en la panza mis hijos escucharon esa música y me han acompañado con entusiasmo todas las veces que lo he vuelto a ver.

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Paul McCartney World Tour en Río de Janeiro en el estadio Maracaná  1990


Volviendo al recital en Río, aquel sábado 21 volamos y nos estaban esperando en el aeropuerto con las entradas, nos llevaron al hotel para dejar nuestro bolsito y nos fuimos al estadio. Ahí nos enteramos que el primer recital del día 19 se había suspendido por una de esas tormentas tropicales que a veces mojan la cidade maravilhosa y se había pasado para el 20 y los comentarios eran sobre un concierto magnífico.

Era mi primera, y hasta ahora única vez en el Maracaná. Me quedé impresionado al entrar en el estadio más grande del mundo lleno, repleto de gente. Fueron 184.000 personas, hasta hoy sigue siendo un récord como el recital pago de un artista en toda la historia, es decir que con Marcela figuramos en el libro Guinness de récords.

Ahí estaba cantando y dándonos alegría. Con su mujer Linda y su banda cantando una y otra canción que repetíamos y acompañábamos hasta quedar sin voz.

Cerca de tres horas de música, de mi ídolo de toda la vida, salimos empachados, creo recordar que esa noche no pudimos dormir, vagamos hasta altas horas por las calles de Copacabana e Ipanema, estuvimos en el hotel donde Paul estaba alojado, le dejamos una foto de nuestros hijos de saludo, y a la mañana siguiente, con pocas horas de sueño fuimos para el aeropuerto, tomamos el avión y volvimos a nuestra ciudad al abrazo de nuestros hijos para contarles, para transmitirles la emoción de las horas que habíamos vivido.

El día que escribo esto, hoy 21 de abril de 2020 se cumplen 30 años de aquel recital. Pasó mucho en mi vida en esos treinta años, Marcela al igual que Linda ya no está, lo volví a ver a Paul muchas muchas veces, mis hijos me acompañaron y saltaron conmigo cantando las tres horas de cada recital.

Hoy lo recuerdo y nunca se me va a borrar de mi memoria.

 


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