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El espejo

Como cada mañana, me levanté y me detuve frente al espejo. Una vez más comencé con mi rutina de agua, jabón y miradas. Pero al mirarme vi...

La Palabra 20/08/2020 Jorge A. Rampinini
espejo
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POSDATA Digital Press | Argentina

Jore-Rampinini

 Por Jorge A. Rampinini |  Profesor  en Tecnologias de información y comunicación |  Escritor |  Analista Literario | Miembro de la SADE 



EL ESPEJO


Como cada mañana, me levanté y me detuve frente al espejo. Una vez más comencé con mi rutina de agua, jabón y miradas. Pero al mirarme vi mi rostro surcado por algunas arrugas, los cabellos desordenados que volvieron a tener su tradicional pelea, como las que cada noche sostienen con la almohada. Algunos ya se notaban más blancos, mostrándome el paso del tiempo.

—Claro, es natural, más joven no voy a estar – me dije.

Pero no solo para mi pasa el tiempo, en ese mismo instante comprendí que lo hace para todos. De una forma extraña y casi enigmática el espejo donde me observaba estaba a mi lado hacía mucho. Recordé increíblemente que, desde mi infancia, cambiando formas y tamaños, alguno de ellos estuvo siempre presente.
Recuerdo que teníamos en casa un espejo cuadrado. Miraba desde abajo a mi padre afeitarse con solamente jabón y una máquina. Intentaba aprender. Él me decía:

—Algún día tendrás que hacerlo vos. Despacio, sin apuro.

Después, empecé a ver como mi madre parada frente al espejo, no solo se peinaba, sino que decidía si se dejaba el cabello como estaba o debía hacerse color. Entonces, comenzaba toda una ceremonia de frascos, peines y cepillos que se movían mágicamente, hasta lograr que todo estuviera debidamente en armonía, para no solo agradar o sus ojos al mirarse, sino a algo mucho más intrigante: la mirada de los otros.
Inmediatamente y casi sin intervalo alguno, llega a mi recuerdo el primer nudo de corbata. Cuántas veces traté de lograr la simetría perfecta en varias reuniones con mis amigos donde cada uno tenía su técnica, tal vez artesanal, hasta por fin lograrlo.

Eso para mí ya significaba un triunfo…

Luego, ya no era solo afeitarme, ponerme la corbata, ordenarme la ropa y el cabello antes de salir. Como seguramente lo hacían mi madre, mi padre o cualquiera de nosotros, que se acerque a este u otro espejo, donde fuere que estuviera ubicado. Un lugar para nosotros único.  Nos observaremos primero tratando de conformarnos, pero seguro que imaginando en lo que verán o pensarán los que nos miren.
Cuántas veces parado frente al espejo soñé con montones de proyectos que intuía se me irían presentando, ofreciéndome oportunidades para alcanzar mis sueños más preciados. En cada lugar de mi tiempo, siempre hay un espejo, esperándome…

Recordé las veces que, también caminando por la playa, me detuve frente al mar y reflejándome en el agua que se me aparecía, como un enorme espejo de cristal podía imaginar viajes extraordinarios, aventuras en lugares lejanos y muchas veces hasta presentir a mi lado a una hermosa mujer de arena, que se deshacía en mis brazos. Siempre quería buscarla hasta lograr por fin dar con ella.

Ahora vuelvo nuevamente a la realidad, ya mis ojos no ven lo que el niño o el adolescente veían y justo en este momento, alguien se acerca por detrás, reflejando su rostro junto al mío y poco a poco  al aproximarse, me dejan reconocer a la mujer que me acompaña, y a quién con solo mirarme a sus  pupilas, encuentro en ellos la imagen que ningún cristal podrá devolverme y es el reflejo de mi alma.

Se aproxima a mi lado y al darme un beso, la imagen en el espejo cambia, a mi rostro ya no lo veo descuidado e imperfecto, hasta los cabellos derrotados en su batalla de almohada se ven más prolijos y menos grises.
Observo por detrás de mí la ventana de la habitación por donde entra una tenue claridad. En su reflejo hacia el exterior, veo que enredándose con los míos y logrando un engañoso efecto visual, los cabellos que el viento forma en las nubes, se deslizan como un humo azul por el tejado.

Cuántas veces seguiré parándome frente al espejo, cualquiera sea su forma y lugar, al igual que lo estoy haciendo, desde hace tanto tiempo, como si fuera este un calendario que los dioses nos han asignado para mostrarnos algo, tan tremendamente real, como es, el paso del tiempo.

Seguramente, enseñare a mis hijos a afeitarse  o aprenderán a arreglarse los cabellos  y la ropa Todo para sentirnos un poco mejor cada día, con lo bueno y maravilloso de saber que estamos vivos, que seguimos como siempre reflejados. Tomándonos fotos perecederas que mueren y nacen continuamente. Pero que tal vez, como afirmaban nuestros antepasados, quedan en ellos nuestros espíritus atrapados para siempre. Porque donde un espejo muestra nuestra imagen, de alguna inquietante manera, presiento que del otro lado alguien nos está mirando….

Publicado el 4 noviembre, 2015


Introducción

 Una palabra

Una palabra nos permite decir las cosas más hermosas y dulces que nos dicta el Corazón. Podemos declarar nuestro amor o alentar y elevar el potencial e ideales de una persona, pero también pueden provocar destrucción y desolación arrojando estocadas mortales, como una espada en las manos de un ángel exterminador.

La palabra nos identifica, ya sea en forma hablada o escrita  cada uno de nosotros poseemos características muy particulares en la forma de expresarnos, a tal punto, que quien nos escucha o  nos lee una vez ya puede inmediatamente identificarnos, trayéndonos recuerdos o situaciones particulares, quien no recuerda para siempre la voz de su madre, abuelos o un ser amado, como también de quien nos agrede u ofende  de una u otra manera.

La palabra a través de los tiempos y tal como lo sugiere su origen (del Latín Parábola) podemos estudiarla, analizarla, encontrarle significados y orígenes pero ante todo, de una u otra forma, tienen un fin didáctico y sobre todo de comunicación.

En forma escrita, oral, electrónica, siempre desde que lo recuerdo, me fascinaron las palabras, y ahora más allá de lo que escriba, lea o analice en forma personal, me gustaría si me lo permiten compartir en este espacio con ustedes, la real aventura de jugar, trabajar y entender desde la literatura las palabras que continuamente se mueven a nuestro lado. Muchas gracias por estar…

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