La iglesia y el desarrollo de los países

La columna de Eduardo Por
El estado y la influencia de la curia en la organización social ha hecho que las naciones que lo sufren no hayan podido desarrollarse de acuerdo a sus posibilidades.

La iglesia y el desarrollo de los paísesCrédito:elclavo.com

Posdata Digital Press | Argentina 

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero civil

Para la Navidad de 2016, hace ya casi tres años publiqué un artículo  la-iglesia-de-los-hombres-no-siempre-esta-cerca-de-la-iglesia-de-dios donde manifestaba mi enojo con actitudes de la iglesia de los hombres en algunos temas específicos, y hace unos días de casualidad escuché en el programa periodístico de Alfredo Leuco al historiador italiano Loris Zanatta hablando de la relación de la iglesia con la sociedad de los distintos países, lo que me hizo recapacitar respecto de varios temas relativos a la relación entre la iglesia y los estados.

Las consideraciones vertidas en el programa se referían principalmente a nuestra cultura occidental y sobre ello también me referiré en este artículo.

De acuerdo a sus palabras, que comparto plenamente en este aspecto, la falta de separación entre la iglesia y el estado y la influencia de la curia en la organización social ha hecho que las naciones que lo sufren no hayan podido desarrollarse de acuerdo a sus posibilidades.

Podemos pensar en el mundo actual, pero no debemos dejar pasar ejemplos de la historia. Solo recordemos cómo se desarrolló la colonización y luego independencia y desarrollo de los países americanos, muy distinto fue el crecimiento y desarrollo de los países que inicialmente fueron colonizados por España y Portugal que aquellos que lo fueron por pueblos sajones. No podemos decir que esa diferencia fue solo idiomática, sino que la influencia de la iglesia en la conquista ibérica y el posterior desarrollo de esos países fue preponderante.

Si analizamos un poco la historia veremos que a fines del siglo XVII sucedió la Revolución Gloriosa en Gran Bretaña donde se derrocó al último rey católico, Jacobo II en el año 1688 y se transformó en una monarquía parlamentaria, recortándole poderes al rey y defendiendo los derechos individuales.

Casi un siglo después, en 1776 la sociedad de América del Norte, de primera o segunda generación, reunidas en trece estados se sublevaron contra la corona británica por razones individualistas, dado que no veían razonable seguir pagando impuestos a un gobierno lejano y consideraban que debían desarrollarse independientemente del rey por el bien del nuevo hombre americano, basando la fundación de la nueva nación en los derechos individuales y la libertad.

Años después, en 1789 sucedió la Revolución Francesa donde el pueblo de París se sublevó contra el rey Luis XVI tomando la Bastilla marcando el final definitivo del feudalismo y del absolutismo inmortalizando el lema “libertad, igualdad y fraternidad”. Precisamente en ese lema podemos notar la influencia religiosa donde se niega el individualismo y se apoyan principios obligatoriamente altruistas sobre los que se construyeron los modernos países latinos de Europa y América.

Ya a principios del siglo XIX comenzaron todas las guerras de independencia de los países de Ibero América por las que lograron la independencia de las ya débiles coronas europeas, pero mantuvieron las ataduras con una iglesia que seguía rigiendo los destinos de esos pueblos.

De esos países ibero americanos se nota de manera muy marcada cuáles han sido los momentos históricos o bien los países que han hecho una manifiesta separación entre la iglesia y el estado, momentos y lugares en los cuales las libertades individuales y por ende el desarrollo de toda la sociedad creció sin parangón.

Ahora bien, esa influencia de la iglesia en la sociedad nos lleva a regir nuestros destinos por un obligado altruismo en detrimento de nuestro individualismo que en definitiva es lo que mejor le hace a las sociedades y su desarrollo.

Como decía Loris Zanatta, son los países que padecen mayor influencia de la iglesia en el estado los que tienen partidos comunistas más fuertes o bien los socialismos o populismos han tenido más preponderancia; nuestro ejemplo argentino muestra con claridad lo dicho.

La iglesia católica ha sido siempre, de manera mayoritaria profundamente populista exigiéndonos un obligado altruismo.

Ese concepto puede perjudicarnos o no como personas, pero sin duda es nefasto al aplicarlo a la sociedad.

Estimado lector, no me acuses de sacrílego, solo estoy cuestionando a la iglesia como influyente perjudicial para los estados y sus principios filosóficos para el desarrollo social. No cuestiono acá a dios ni a ninguna de las creencias que cualquiera tiene derecho a tener, solo pongo en tela de juicio los mandatos de una iglesia organizada y fundamentada por hombres que influye perjudicialmente en la organización y crecimiento de la sociedad.

Son siglos de influencia que las sociedades latinas hemos sufrido y será muy difícil cortarlo rápidamente; habrá que aprender las lecciones de aquellas sociedades que lo han sabido hacer o bien de los pensadores y próceres que así nos han enseñado.

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