Podemos volar (más) alto

La columna de Eduardo Por
Debemos dejar de poner parches y apartarnos de las políticas que se han implementado en todos estos años. Conocé las razones por las que estamos en la situación actual y las soluciones.

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Posdata Digital Press | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero Civil


Hace pocos días publiqué un artículo llamado /podemos-volar-alto  en el cual mencionaba que los políticos de nuestra sociedad, y la sociedad en su conjunto eran más proclives al vuelo corto y bajo de una perdiz que al vuelo alto y majestuoso de un águila, y a raíz de dicha nota algunos amigos cercanos que la leyeron me comentaron que no era muy explícito en los conceptos del porqué del vuelo de la perdiz y las características o las soluciones que metafóricamente manifiesto con el vuelo del águila.

Es cierto, di por supuestas varias cosas, por lo que vamos entonces a tratar de aclarar y extendernos más en ambas explicaciones.

En momentos que vivimos una Latinoamérica en llamas producidas por el socialismo internacional y estratégicamente planeado por el Foro de Sâo Paulo trataré de explicar las razones por las que estamos en la situación actual y cual sería a mi modo de ver la solución.

Decía en el artículo anterior que había dos razones básicas por las que consideraba que como sociedad hacíamos vuelos cortos de perdiz. La primera se refería a esa actitud mezquina de la clase política, los sindicalistas y los empresarios. A los políticos en nuestro país les interesa llegar a ciertos puestos para mantener su negocio personal, cobrar grandes sueldos, estar a mano de la corrupción para abultar sus bolsillos, pero hacer poco y nada por el bien común. Es que ese bien común es lisa y llanamente bajar su gasto, entonces nunca lo va a procurar. El político se quiere mantener en su lugar, tener influencia para poder hacer más negocios, y cuando es derrotado en las urnas se dedica a pasar un tiempo en las sombras para luego volver con más fuerzas.

Tomemos el ejemplo de un diputado de la nación, sueldo increíble, viáticos, desarraigo, pasajes para canjear, fondos para nombrar muchos asesores, etc., etc., etc., ¿alguna vez se pusieron a pensar lo que realmente gana un legislador y si realmente el trabajo que desempeña lo justifica?, ¿pensaron realmente si ese diputado que votaron, que los representa directamente, está cumpliendo la misión que le fue encomendada?, ¿o bien ese senador realmente defiende los intereses de su provincia? Creo que íntimamente cada uno de los lectores tiene una respuesta clara a esas preguntas.

Eso es solo un pequeño ejemplo de lo que implica el gasto del estado y el negocio de la clase política. Sean legisladores, ministros, jueces, secretarios, empleados, etc., ninguno va a querer que se modifique el sistema y se pueda llevar la organización de la sociedad con muchísimo menos gente y por supuesto con menor costo para los que pagamos nuestros impuestos.

Jamás van a querer reducir un gasto que va a sus bolsillos y lo paga el contribuyente. Y no importa a qué partido pertenezca, como dice el dicho “entre bomberos no se pisan la manguera”, todo debe seguir funcionando y nadie va a pensar en hacer nada para que los contribuyentes ahorremos algo de nuestro esfuerzo y así funcione todo un poco mejor y entre menos plata en los bolsillos de los políticos.

La clase política tiene dos grupos de socios muy importantes que ayudan a mantener toda la estructura. Uno de ellos es el sindicalismo, que en nuestro país ha crecido a la sombra de un nefasto artículo 14 bis de nuestra Constitución más todo un andamiaje de leyes fascistas y socialistas que hacen que ese sindicalismo, en vez de defender al trabajador, se olviden de él y se preocupen por mantener un gran negocio dirigiendo a sus gremios, con puestos vitalicios, cobrando fortunas y siempre logrando beneficios para la cúpula y migajas para sus representados, que siguen teniendo la obligación de afiliarse y aportar.

El otro grupo que completa el esquema de vuelo de perdiz y que no quiere que nada cambie es la clase empresarial. Esos mal llamados empresarios que no quieren competir y siempre buscan de convencer a los políticos para que existan artilugios para que ningún extraño entre en su mercado cerrado. No les importa que el mercado a quien venden sea solo el interno del país, con esa quintita se sienten seguros de hacer su negocio. El ciudadano común además de pagar sus impuestos, también pagará por su producto, sin importar mucho la calidad y el costo.

Ya lo expresé hace tiempo en mi artículo industria-naciomal/ donde explico que el empresario no le interesa competir y tampoco hacer esfuerzos por mejorar la calidad.
Esas son las tres patas de la estructura, de por sí corrupta, que nos mantiene desde hace décadas con pequeños vuelos de perdiz sin encontrar reales soluciones.

Otra de las razones que manifiesto por la que no salimos de pequeños vuelos de perdiz es la influencia en nuestra sociedad de la educación religiosa y la fuerte influencia de la iglesia católica en los manejos del estado.
Lo expreso en mi artículo /la-iglesia-y-el-desarrollo-de-los-paises  donde hablo de la implementación por parte de la iglesia desde nuestra educación escolar de un altruismo obligatorio y donde nos inculcan que está mal pretender la riqueza y la pobreza es una virtud. Es así como dicha iglesia influyó para intentar igualar las riquezas en vez de pretender igualar las oportunidades de obtener esas riquezas. Lo ha hecho con su prédica como con sus influencias ante la clase política.

Es un aspecto muy sutil, aunque forme parte de nuestra historia; la iglesia en su organización tiene conceptos de rasgo socialista y populista, y en nuestro país y nuestra sociedad ha tenido siempre muchísima influencia.
Finalmente veamos a qué me refiero cuando digo que la alternativa es no quedarnos con cortos y bajos vuelos de perdiz y animarnos a emprender el alto vuelo del águila.

Como decía antes, desde hace décadas que venimos haciendo pequeñas correcciones a la vida social y económica del país sin tomar soluciones profundas y es así que con pequeños vuelos de perdiz seguimos manteniendo un humor social cambiante pero nunca plenamente satisfecho.

Debemos dejar de poner parches, debemos apartarnos de las políticas que se han implementado en todos estos años, que con pequeñas desviaciones todas las líneas políticas han hecho cosas semejantes.

Debemos bajar drásticamente el gasto público, tanto nacional como provincial y municipal, se debe modificar la legislación laboral para romper definitivamente con la mafia de los sindicatos actuales, bajar los costos y mejorar realmente las condiciones de trabajo, al bajar el gasto público se debe bajar y simplificar la carga impositiva sustancialmente y finalmente tenemos que abrir el comercio al mundo, dejarnos de proteger a malos empresarios y hacer lo que realmente sabemos hacer. Es decir, en resumen, debemos buscar plenamente la libertad que la tenemos escondida hace mucho.

Todo lo que expongo no es un cambio de un día para el otro, se debe hacer paulatinamente acomodando cada uno de los parámetros, pero las reglas de juego y el proyecto y rumbo final se debe dar a conocer todo en el mismo momento.

Es un cambio que asusta, sin duda, y seguramente quedarán muchos en el camino, que también se recuperarán si así lo desean, pero no tiene punto de comparación con todos los que vamos quedando en el camino, poco más o poco menos en esta larga agonía que vivimos.

No busquemos en los principales candidatos o corrientes políticas actuales alguna semejanza con lo que propongo porque con mayor o menor corrupción, con mayor o menor intensidad, están muy, pero muy lejos de la propuesta planteada.El vuelo del águila no es fácil, es alto y majestuoso, pero debemos intentarlo para cambiar definitivamente el rumbo de nuestro país.

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