Desazón

La columna de Eduardo Por
Puedo decir que tengo el defecto de ser optimista y a veces pierdo objetividad ante la realidad.

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Posdata Digital Press | Argentina

Eduardo ServenteEduardo Servente | Ingeniero civil | Escritor 

Aunque normalmente me hace vivir feliz y en ese aspecto lo veo como una virtud, puedo decir que tengo el defecto de ser optimista y a veces pierdo objetividad ante la realidad.

Estando a fines de 2019, con un gobierno flamante, puedo decir y mis escritos lo confirman, que critiqué durante cuatro años al gobierno anterior, principalmente porque tenía la oportunidad de hacer verdaderos cambios y no fue más que otra oportunidad perdida.

Confieso que ante los hechos históricos indiscutibles que deberían haberme preocupado, en mi fuero más íntimo tenía un cierto optimismo, una vaga esperanza que este nuevo (viejo) gobierno viniera con intenciones reales de hacer las cosas bien.

Hasta pensaba sin expresarlo públicamente que si modificaba el rumbo del país y lo lograba sacar adelante se podía pensar en dejar de lado el enjuiciamiento por la corrupción pornográfica de los períodos anteriores.

Intentaba convencerme pensando que si dicen que el peronismo es pragmático y se adapta a las corrientes sociales mundiales, era entonces posible que copiara algo de los países que se han desarrollado luego de la caída del socialismo a fin de los ’80. Ejemplos hay muchos y muy claros.

En fin, esperé con cierta ansiedad los primeros movimientos. No me fijé en gestos, caras y acciones en los cambios de mando y juras, porque eso me parece que solo alimenta indignaciones sin sentido en twitter; genera comentarios más dignos de “Radiolandia” (se nota mi edad) que de cualquier medio serio.

Pasaban los primeros días y solo escuchaba que el nuevo gobierno se escandalizaba del desastre que había dejado el gobierno precedente, es decir sin novedad; porque era sabido el desastre que dejaron y porque cada gobierno nuevo dice lo mismo del anterior.

Y finalmente empezamos a escuchar nuevas medidas.

Doble indemnización. Reconozco que cuando escuché la noticia me costó creerla, la tuve que escuchar varias veces y por distintos medios. No podía entender que volvieran a aplicar una medida que ha sido un rotundo fracaso en otras oportunidades, y que además, sin necesidad de ser un gran economista, solo por sentido común es claro que ante esta medida la creación de empleo se congela y lo que se logra es un estancamiento de la economía y se perjudica a las pymes que son las principales creadoras de empleos. No importa si se disfraza la medida implementando la doble indemnización para unos y para otros no, es un cambio fuerte en las reglas de juego y el mercado se frena inevitablemente.

Se congelan las tarifas. Es cierto que los aumentos en las tarifas de los servicios habían impactado mucho en los bolsillos de la población, pero hay que reconocer que debido al sinceramiento de las mismas se recompuso todo el sistema energético, comenzaron a reducir los subsidios y por consiguiente mejoraron las prestaciones. Ojalá esta medida sea por poco tiempo y no retrocedamos en lo que se avanzó.

Aumento de las retenciones a los productos agropecuarios. Sinceramente no entiendo si esto está hecho con alguna intención maléfica o bien la capacidad intelectual del nuevo equipo deja mucho que desear. Cargar las tintas al principal productor del país es ridículo, y para colmo ya vivimos situaciones en las que se quiso exprimir más de lo posible al mayor aportante en el pasado y no creo que se tengan buenos recuerdos de aquello.

Aumento de bienes personales y posible impuesto a la herencia. Siguen cargando a los que siempre aportamos y no se nota ningún esfuerzo por parte de la clase política, legisladores, poder judicial, sindicalismo o empresarios corruptos. Todos ellos siguen viviendo muy contentos de lo que unos pocos aportamos. Un párrafo especial merece el comentario escuchado que se implementaría en forma nacional el impuesto a la herencia; considero que dicha carga es el impuesto más INMORAL de todos, supongamos que tengo una propiedad que logré adquirirla con el fruto de mi trabajo y pago impuestos y tasas durante toda mi vida, cuando le quede a mi hijo, él seguirá pagando al estado los mismos impuestos y tasas, ¿en carácter de qué el estado cobrará por el simple pase natural de algo legítimamente ganado? Sinceramente lo considero un robo, por lo que quienes lo apoyan o lo aplican son literalmente ladrones.

Impuesto a la compra de divisas. Es un tema muy viejo y varias veces aplicado y el único resultado es el crecimiento del mercado negro. Son propuestas desmemoriadas, infantiles o maléficas.

Impuestos internos a los autos de gamas más altas. Otra vez medidas repetidas que lo único que logran son menos ventas, menos trabajo, más trampas al fisco.

Modificación en las jubilaciones. En un sistema jubilatorio al que destruyó esta corriente política, primero con la confiscación de los fondos que todos teníamos ahorrados en las aseguradoras de fondos de jubilaciones y pensiones y luego con agregado de un gran número de beneficiarios que nunca aportaron, el modificar un razonable sistema automático de ajuste es pedirle un esfuerzo a quienes no le deberíamos pedir.

Si a todo lo enumerado le sumamos que creció la cantidad de ministerios, aumentando así el gasto público; que el ministro de cultura da mensajes de resentimiento y odio en vez de salvar diferencias; que el ministro de economía lee un discurso con las medidas que supuestamente él implementó, se traba en la lectura como si no lo hubiese escrito y se ríe por lo ridículo de los conceptos leídos; que se le da asilo a un gobernante de un país vecino que pretendió quedarse en el poder para siempre; que en la ONU se critique las medidas que se le aplican al gobierno de Venezuela, simpatizando así con lo más deplorable del continente y apoyando el fracaso; ante todo esto mi optimismo empezó a flaquear.

Desazón, desencantamiento, desilusión…, en definitiva es un baño de realidad, mi optimismo era falso. O bien mi optimismo cambia por esperanza a que todo cambie, que dios ilumine a los dirigentes y se produzca un milagro.

Sí, digo bien, se necesita un milagro para que cambien, para que salgan de su estado de conveniencia donde todos los políticos viven de nosotros.

Ojalá ese milagro se dé y sin violencia.

Por ahora es desazón.


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