No ceder la libertad

La columna de Eduardo Por Eduardo Servente
Cuidemos a capa y espada nuestra libertad y los derechos de propiedad.

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POSDATA Digital Press | Argentina

Eduardo ServentePor Eduardo Servente | Ingeniero civil

No quiero extenderme mucho y a cambio quiero ser bien concreto y claro porque creo que la situación así lo merece.

Estamos transitando una pandemia de la que no tenemos ni idea cual será el triste resultado final.

En nuestro país, a pesar de grandes ineficiencias se pudieron prever ciertos efectos con anticipación por cómo se desarrolló la pandemia en todo el mundo.

Igualmente, la crisis nos pega bien fuerte por el calamitoso estado de la salud pública y de la economía local.

No se echen culpas, porque la culpa no es solo de este gobierno, ni del anterior, ni del anterior o del anterior…, la culpa es de TODOS los gobiernos que colaboraron para destruir la nación, y en mayor o menor medida considero que no se salva ninguno en los últimos 80 años.

La salud pública está destrozada y sin recursos, la economía está en bancarrota, será muy difícil que salgamos indemnes de este problema.

Pero en estos momentos de crisis, lo que más debemos cuidar es que por una razonable tentación y justificada por la emergencia se vulneren nuestros derechos elementales.

Cuidemos a capa y espada nuestra libertad y los derechos de propiedad.

Hace unos años, justificándose en vaya a saber qué argumentos irrisorios, con mayoría en las cámaras el gobierno de turno se apropió de lo que teníamos ahorrado para nuestras jubilaciones. Era dinero nuestro y terminó en destinos dudosos y seguramente en bolsillos de funcionarios de turno. En aquel momento la oposición hizo una tímida protesta con una tibieza que producía vómitos. Nadie nos defendió.

En estos momentos, con la excusa de la emergencia sanitaria muestran intentos de apropiarse de lo poco que nos puede quedar luego de la crisis sistemática de varias décadas y profundizada en lo que va del siglo.

Nadie se salva.

Los grandes empresarios son solo kiosqueros si los comparamos con empresarios del resto del mundo, tanto porque la economía no les ha permitido hacer grandes negocios, como también porque han pactado constantemente con la corrupción de turno y jamás se han animado a competir realmente en el mundo.

La clase media nunca ha logrado un standard de vida razonable porque constantemente ha votado y apoyado políticas que iban en su contra y una vez tras otra resultaron convencidos de fantasías que solo beneficiaron a una clase política que seguirá dirigiéndonos por mucho tiempo.

El sector más humilde es duro decirlo, pero se ha conformado siempre con “espejitos de colores” mientras recibía menos y peor educación y cada vez estaba más empobrecido en sus necesidades básicas.

Pero estos momentos son tiempos para prestar mucha atención. Tengamos la capacidad económica que tengamos, hay un aprovechamiento de la situación mientras nos mantienen encerrados en nuestras casas preocupados con razón por la pandemia, pero sin que lo notemos se estarían tomando medidas que van directamente contra nuestra libertad y nuestro patrimonio por más pequeño que sea.

Existieron comentarios para nacionalizar toda la prestación de servicios de salud interfiriendo en nuestra propiedad. Hay comentarios sobre la aplicación de impuestos “solidarios” por única vez, donde muestran dos aspectos, el primero que se contradicen día a día porque no son capaces de hacer bien las cuentas de una vez, y segundo muestran poca solidaridad al ponerles la carga a terceros en vez de hacer el gesto de toda la clase política de donar parte de lo recibido.

Imaginen qué bien se vería por la sociedad si en un gesto magnánimo los funcionarios públicos donaran para fondos para la emergencia un sueldo y viáticos de lo que cobran. TODOS vivimos de nuestros sueldos y en estos tiempos es muy difícil cobrarlos, estaría muy bien visto el esfuerzo.

Pero no es así. La clase política no va a dejar de cobrar, ni el oficialismo ni la oposición; solo se llenan la boca con solidaridad. Son todos hipócritas.

Por eso es tiempo que debemos redoblar nuestra atención y cuidar que no se aprovechen de que con la excusa de la emergencia nos obliguen a ceder un trocito más de nuestra libertad o de nuestro patrimonio.

Estemos atentos, la libertad no se negocia.


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