Punto de inflexión

La columna de Eduardo Por Eduardo Servente
En nuestro querido país hay tres fechas claves en su historia que modificaron su desarrollo y cambió la tendencia de cómo venían sucediendo las cosas.
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POSDATA Digital Press|Argentina

Eduardo ServentePor  Eduardo Servente | Ingeniero civil

Sin ser historiador, ni pretender serlo, conducta que seguramente traerá aparejada críticas a los conceptos históricos que me animaré a escribir, diré con mi mente de ingeniero que quiere simplificar y ordenar las cosas y los hechos, que en nuestro querido país hay tres fechas claves en su historia y que modificaron su desarrollo. Son fechas en las que se produjeron puntos de inflexión en nuestra historia, no porque hayan sido las más importantes, que no entraré a discutirlo, sino que en esas fechas se cambió la tendencia de cómo venían sucediendo las cosas.

La primera fue antes del nacimiento de nuestra patria aquel lejano 25 de mayo de 1810 cuando el pueblo criollo se sublevó ante el poder español y formó el primer gobierno patrio que luego nos llevaría a nuestra independencia y la liberación de toda América del Sur de la corona española. Marca el comienzo de la ola independentista y en lo que respecta a nuestro país el comienzo de unas décadas de peleas entre caudillos dentro de un territorio despoblado y desorganizado.

La segunda fecha es el 3 de febrero de 1852, día de la batalla de Caseros donde Justo José de Urquiza derroca a Juan Manuel de Rosas y comienza entonces la organización nacional moderna de nuestro país. Empieza un período riquísimo en el que se logra poblar nuestro inmenso territorio con una inmigración voluntaria récord en la historia de la humanidad. Durante años barcos colmados de europeos vinieron a nuestras tierras atraídos por su riqueza, su nueva organización, la posibilidad de trabajo y principalmente por la libertad individual que gozaban al desarrollarse en estos nuevos territorios. El país creció sin tregua hasta los primeros puestos mundiales y así se mantuvo hasta la siguiente etapa, brindando educación, salud y desarrollo en todos los rincones de la patria.

La tercera fecha es el 6 de septiembre de 1930 cuando el Teniente General José Félix Uriburu derrocó al presidente constitucional Don Hipólito Yrigoyen dando comienzo a lo que se llamó la década infame. En mi visión lo importante de esa fecha es que se quebró el orden institucional después de más de 70 años y le dio cabida a una sucesión hasta nuestros días de gobiernos de distintas banderías, tanto civiles como militares pero que tenían como factor común una ideología populista que todo lo que logró fue empobrecer a la sociedad y transformar a uno de los países más ricos del mundo en una vergüenza para toda Latinoamérica.

Y en ese camino estamos desde entonces, con algunas pequeñas variantes, con muchas crisis, con guerras internas y externas, con líderes carismáticos y no tanto, con gobiernos civiles y militares, acompañamos un mundo cambiante, pero manteniendo siempre un fuerte populismo que convenció a toda la sociedad y fue justificando en cada paso las razones por las que estábamos cada vez peor. Es cierto que en varios momentos parecía como que se iban a producir grandes cambios, pero fueron constantes pérdidas de oportunidades que volvieron a intensificar ese populismo de manera más intensa y profunda.

Nuestro país llegó a la pandemia de Covid 19 envuelto en una crisis económica y social como tantas, aunque cada vez más profundas. La sociedad había tenido la esperanza con el último gobierno que decía ser distinto, que pudiera cambiar el rumbo y mejorar algo la tendencia descendente que venía desde hace décadas, desde aquel último punto de inflexión que mencioné.

Fue otro desencanto más. Si bien se mejoraron algunos aspectos institucionales, que no es poco decir, los vicios populistas enquistados en el sistema social económico del país no dejaron de existir, y la decadencia continuó.

Fue muy simple entonces para quienes en aquel momento eran oposición, aunque habían gobernado por años, volver al gobierno. Ya desde el inicio se notó la intención de no apartarse de su lineamiento económico y social, por lo que claramente se vislumbró un camino similar al del gobierno que había finalizado cuatro años antes. Luego apareció esta lamentable pandemia y nos mandaron a todos a encerrarnos en nuestras casas, cerrar los negocios y las empresas y así desactivar toda vida social y frenar la economía.

Al correr de los días la sociedad comenzó a notar que la detención de la economía la perjudicaba enormemente. Comenzaron así las peleas mediáticas donde muchos insistían por volver a trabajar y el gobierno por otro lado, con la excusa, válida o no, que debían cuidar la salud, nos seguía manteniendo encerrados.

Pero a medida que el malestar crecía, y además de no darle rumbo cierto a la economía, se notaron varias actitudes y directivas del gobierno que estaban enfocadas a solucionar causas judiciales graves e ir contra la propiedad privada y las empresas.

Es una combinación de pequeños mensajes y hechos mínimos que van modificando la situación y sin que nos demos cuenta corremos el riesgo de perder la poca libertad que nos queda.

Veo que estamos acercándonos a un cuarto punto de inflexión en nuestra historia. Vaya a saber de qué manera se materializa, pero el cambio está por venir. Podrá ser de manera pacífica o con algún grado de violencia, podrá ser por manifestaciones públicas en la calle o bien mediante sanas elecciones; no sabría decir la manera en que sucederá, pero no tengo duda que nos acercamos a otro de esos puntos de inflexión de nuestra historia, a un cambio de tendencia, para bien o para mal, pero cambio al fin. O bien hacemos un quiebre en el descenso y nos precipitamos rápidamente al horror, que sería una rápida transformación en algo similar a lo que es la Provincia de Santa Cruz, o bien Venezuela o Cuba, donde las libertades individuales brillan por su ausencia, o bien el quiebre es positivo y nos desprendemos de una vez por todas de una larga historia populista que nos ha hundido en la pobreza.

Para el primer cambio de rumbo que expreso no hace falta mucho. La sociedad está acostumbrada, se seguirá quejando y aceptará lo que suceda, y para colmo de males ni se dará cuenta que irán avanzando sobre su libertad. Es un camino con un difícil retorno.

La segunda alternativa de cambio que vislumbro necesita de varias cosas complicadas para que sucedan. Primero el pueblo necesita manifestar su hartazgo, pero no solo de que busquen impunidad y te saquen tu propiedad, sino que debe manifestar hartazgo de estas políticas que están muy enraizadas en la mente de la sociedad. Se debe dejar de lado casi un siglo de mentiras para hacer un cambio desde las bases, no es fácil, pero es imprescindible. 

Esta última posibilidad existe, es difícil, pero posible. Este cambio nos llevaría a modificar nuevamente la historia, y ojalá por muchos, muchos años.

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