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Egoísmo

Pensemos entonces por un momento en un egoísmo que no tiene porqué ser descalificable.

La columna de Eduardo 26/05/2021 Eduardo Servente

 

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Crédito:Pixabay

POSDATA Digital Press | Argentina

Eduardo Servente
Por Eduardo Servente | Ingeniero Civil | Conductor de radio

Muchas veces escuchamos y hablamos sobre el comportamiento humano en la sociedad de hoy y siempre sale a relucir una característica que muchos critican y algunos defienden que es el egoísmo.

Antes de desarrollar y hablar sobre el tema es bueno que sepamos sobre qué estamos hablando.

La Real Academia Española define al egoísmo como: “Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”, es decir que hace mucho hincapié en el aspecto defectuoso de la característica con palabras como “inmoderado”. “excesivo” o “desmedidamente”, sin dejar dudas que el egoísmo es un defecto y no una virtud.

Pero veamos qué pasa cuando buscamos esa palabra en diccionarios de habla inglesa. El “egoísmo”, es decir “selfishness” está definido por el diccionario de Oxford como: “the fact of caring only about yourself rather than about other people” y en el diccionario de Cambridge como: “the quality of thinking only of your own advantage”, es decir que hablan de; “el hecho de preocuparse solo por sí mismo más que de otras personas”, o bien “la calidad de pensar solo en ventaja propia”. Ninguna de estas definiciones muestra al egoísmo como un defecto.

Notamos una gran diferencia en las definiciones hechas sobre la misma palabra en español o en inglés.

Crédito:/panoramacultural

Quizás sea porque en el mundo globalizado de hoy es usual leer textos que vienen traducidos de otros idiomas y no ponen el acento en esa diferencia, o quizás porque existe un egoísmo que no es malo, sino más bien sano y no está contemplado en las definiciones de la RAE, es por eso que lleva a la confusión de suponer que cuando se habla de egoísmo, se está hablando de un defecto y no solo de una cualidad que puede tener grandes características positivas.

Pensemos entonces por un momento en un egoísmo que no tiene porqué ser descalificable; en un egoísmo que no perjudica a terceros y luego los podría beneficiar.

Tomando el papel de un psicólogo, que no debería, puedo decir que en una pareja si uno de ellos está constantemente y de manera consciente actuando en beneficio de la otra persona y olvidándose de uno mismo, esa relación de pareja se transforma en enfermiza. Es sano pensar en uno mismo y solo por el amor que ambos sienten será beneficioso para el otro, y por ende para ambos.

Lo mismo sucede en la vida en sociedad. Una persona debe pensar en sí mismo, debe tener esa cuota de “egoísmo sano” para poder desarrollarse y lograr sus objetivos. Es paradigmático, pero es ese mismo egoísmo el que le va a permitir repartir bondades y beneficios a los demás.

El individuo es el motor de la sociedad, tanto en el aspecto cultural como económico. Es la persona, única, que motiva y trasciende. Es esa persona, ese individuo que es capaz de combinar con otros individuos y potenciar sus cualidades para lograr el objetivo buscado. Y es ese individuo que progresa y avanza pensando en su beneficio.

Al decir de Marco Aurelio en sus Meditaciones (IV, 18): "Cuánto tiempo libre gana el que no mira qué dijo, hizo o pensó el vecino, sino exclusivamente qué hace él mismo, a fin de que su acción sea justa o enteramente buena."

A partir de la acción y satisfacción individual es que se provee el bien común y no al revés. Pensar de manera contraria es poner el carro delante del caballo.

Las ideologías llamadas progresistas, dije “llamadas” porque de progreso no tienen nada, proclaman a los cuatro vientos las bondades del altruismo, haciendo muchas veces que el mismo sea obligatorio. Exigen como si fuera un mandato divino que debemos pensar en el otro y en la sociedad antes que en nosotros mismos. Imposible hacerlo si no nos detenemos primero en nosotros mismos.

Como bien dice Ayn Rand nuestra vida no le pertenece ni a dios, ni a los demás; nos pertenece a nosotros mismos, a cada uno de nosotros, por lo que no podemos dejar de pensar primero en nuestra vida y nuestras conveniencias, para luego pensar en los demás. Y es sano que así sea.

No pretendo que por mi ponencia la RAE modifique su definición, aunque hice la presentación formal para ello, pero no hay duda que aquella definición deja algo en el camino, y es ese egoísmo sano el cual no deberíamos tener que expresarlo con dos palabras, porque es el motor del mundo. La sociedad no progresa sin egoísmos.

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